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Carlos Delgado Flores

Lecciones del Gabinete

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El año pasado, el rector de la UCAB, Francisco José Virtuoso dirigió una carta abierta a la comunidad ucabista solicitando propuestas para el curso de acción de la universidad de cara a la crisis política; cosas que se pudieran hacer desde el curso de las actividades regulares. El movimiento estudiantil, en respuesta, propuso el proyecto Gabinete UCAB: un juego de roles inspirado en los juegos de Naciones Unidas, pero enfocado en simular el funcionamiento de un gabinete ejecutivo., de un hipotético gobierno de coalición en 2020.

Hace quince días y después de una fase de preparación de tres meses, el juego tuvo lugar. Dos equipos conformaron dos gabinetes, de ocho carteras, cada una de las cuales estaba asignada a un representante de algún partido con ideología específica. Así, salud fue asignada a los comunistas, educación a los laboristas, energía y comunicación a los socialcristianos, infraestructura y justicia a los socialdemócratas, agricultura a los populistas y planificación y finanzas a los liberales. Los dos gabinetes presentaron planes de gobierno, uno más liberal, el otro más progresista. A ambos se les dio la misma crisis: en enero de 2020, a pocos días de comenzado el gobierno, cambia el modelo energético mundial y cae estrepitosamente la demanda de petróleo mundial, con lo cual, el crudo venezolano pasa a venderse a menos de 54 dólares el barril, para un volumen de venta inferior a 800.000 barriles diarios. A ambos se les dio un día para acordar una agenda contra la crisis y un replanteamiento de sus planes de gobierno. Al tercer día regresaron a exponer sus trabajos, que invariablemente arrancaron con un programa de ajustes estructurales, un préstamo de largo plazo del Fondo Monetario Internacional y un recorte del gasto público que afectó todo el gasto social. Uno de los gabinetes formuló la agenda con base en el incentivo al emprendimiento privado, contemplando incluso la transferencia de fondos públicos; el otro se enfocó en impulsar grandes ámbitos de desarrollo para la acción de estado y del sector privado complementados: turismo, agroindustria, etc. Fue en esa fase que se les reveló que la crisis estuvo inspirada en una que ya vivimos: la del gobierno de Pérez II, cuyos costos los estamos pagando, aun ahora, veinticinco años después. Sus expresiones de asombro  al darse cuenta, son del tipo de cosas por las cuales yo creo firmemente que vale la pena vivir.

Creo que fue una experiencia pedagógica para todos: para ellos porque pudieron acercarse –aunque en forma muy somera- a las racionalidades que están implicadas en los actos de gobierno; para nosotros –por lo menos para mi- para darnos cuenta de primera mano, de que nadie da lo que no tiene y si ellos ofrecieron soluciones dentro de cierta ortodoxia liberal, es porque eso es lo que les estamos enseñando, a veces, sin  que tengamos consciencia de dónde procede de la fórmula; si los muchachos no mostraron en el juego una visión de estado ni una comprensión de país es porque la óptica tecnocrática no lo permite por obra de su propia especialización. A nosotros en la Academia nos cuesta demasiado el diálogo de saberes, y justo en la hora en que es más necesario, para mejorar la búsqueda de soluciones, nosotros preferimos la razón reductiva para dar explicaciones únicas a fenómenos complejos; preferimos mantenernos en nuestras zonas de confort a salvo de la crítica o peor: de la duda, cómodamente instalados en nuestras paradigmas, tras los altos muros de la auctoritas, desde donde aspiramos a que vengan los dirigentes a tomar clase con nosotros. Y los políticos no vienen porque el ego no se los permite, no van a permitir que un académico que no ha salido de su torre de marfil, les venga a decir cómo es que se bate el cobre, salvo que lo pidan de manera expresa, para lo cual preferirán siempre a los especialistas, antes que a los ideólogos. Después nos quejamos de que el país vaya dando tumbos entre caudillos voluntaristas, cabilderos capaces de negociar sus principios, empresarios dedicados a captar renta, no a producirla y burócratas que se hacen pasar por líderes: todos especialistas, por supuesto, gente a la cual hemos aplaudido de toga y birrete.

Por eso están valioso Gabinete. Tiene una carga mítica: la de una edad de oro donde los dirigentes se formaban, leían, escribían, discutían lecturas, comían bien, veían buen cine que luego comentaban, cultivaban el espíritu, eran estudiantes más allá de las aulas. Tiene además una doble promesa de futuro: la de aprender el trabajo político como trabajo en equipo mediante el juego –serio- de ser gobierno, y la de ser replicable como experiencia pedagógica, para todos los niveles donde puede articularse la relación del estado con el ciudadano. La católica sistematizará la experiencia y el año próximo habrá un segundo torneo. Ya surgirán luego modelos parlamentarios, judiciales, tripartitos, regionales, municipales, y ¿por qué no?, comunales, que contribuyan a revertir la corporativización de comunas y consejos comunales y aprendiendo la democracia por la vía de la deliberación. A eso se refería mi socio al celebrar esta primera experiencia: “ustedes me han devuelto la esperanza”, ojalá sirva igual para nosotros, en la diáspora.