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Elsa Cardozo

¿Y Latinoamérica?

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En 2008, cuando se enfrentaban electoralmente Barack Obama y John McCain, algunos estudios de opinión indicaban que, de expresarse en votos, el demócrata ganaría la elección en Latinoamérica pero con elevadísima abstención.

Algo semejante, sólo que más acentuado, podría ocurrir cuatro años después.

Tal especulación encuentra más sustento en las políticas y posiciones sostenidas desde Latinoamérica que en acciones u omisiones del gobierno de Obama. Recojamos una muestra.

En abril de 2009, en la Cumbre de Puerto España, el Presidente de Estados Unidos abrió la posibilidad de un reacercamiento continental en nuevos términos. Dos meses después, en la Asamblea de la OEA, la secretaria de Estado Hillary Clinton participó en la decisión unánime de reincorporación de Cuba a la organización siempre que se completase “un proceso de diálogo iniciado a solicitud del Gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y los principios de la OEA”.

En los años que siguieron la iniciativa presidencial dio impulso definitivo a la aprobación legislativa de los tratados de libre comercio con Perú, Colombia y Panamá. Mientras tanto, manteniendo los aportes para enfrentar con Colombia y México el crimen organizado y las acciones terroristas, ha respetado el espacio estratégico de las iniciativas y liderazgos regionales, sin dejar de manifestar preocupación por los que violentan la institucionalidad nacional, internacional y regional.

Visto desde los extremos del espectro político regional, sin embargo, no se han alterado las actitudes de quienes siguen hablando de un imperialismo injerencista y causante de casi todos los males de la región y la humanidad. Tampoco se han acallado las voces de quienes leen en los hechos pragmatismo, flaquezas y desinterés en este lado el mundo.

Algunos datos recientes invitan a tomar distancia de los diagnósticos simplistas, cuando no insinceros, sobre la naturaleza de las relaciones presentes y potenciales con Estados Unidos. La verdad es que en los últimos cuatro años se abrieron posibilidades que pudieron ser mucho mejor aprovechadas por más países latinoamericanos, cuyos gobiernos y organizaciones políticas y sociales deberían moverse en adelante con mayor eficiencia en sus relaciones con la Casa Blanca y el Capitolio.

El temario para cultivar oportunidades desde América Latina sigue siendo amplio y significativo, con sus impactos diversos para diferentes subregiones y países.

Otra breve y muy material muestra nos ilustra que, si de comercio se trata, los más recientes informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe evidencian que Estados Unidos es el mercado más importante para las exportaciones manufactureras de la región y, respecto a flujos financieros, sigue siendo con la Unión Europea la fuente principal de inversión extranjera directa, así como de las remesas y su recuperación en los dos últimos años. Además, permanece como mercado fundamental para la colocación de petróleo y, en el ámbito de la interdependencia de la seguridad hemisférica, su cooperación es indispensable.

Ninguna de esas oportunidades niega la urgencia de la concertación regional ni la de una eficiente diversificación de opciones estratégicas. Pero todo eso debe hacer parte del interés latinoamericano por las elecciones de los estadounidenses y las decisiones de su próximo gobierno.