• Caracas (Venezuela)

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Pablo Aure

¡Hasta cuándo! Larga travesía

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Escribir para un diario que hoy cumple 81 años es un verdadero privilegio. Llena de orgullo el hecho de que un octogenario como El Carabobeño nos permita esa prerrogativa. Es uno de los más preciados reconocimientos poder escribir para una casa editorial de añeja trayectoria.

A la familia Alemán Pérez, quienes, a pesar de las aguas turbulentas por las que navegamos hoy en nuestra amada Venezuela, debemos reconocer que han sido buenos timoneles para continuar hacia puerto seguro este barco cargado de ilusiones y verdades.

En los últimos años han debido enfrentarse a cruentos y muy poderosos piratas que apuestan por su naufragio, pero su tripulación ha sabido sortear el temporal. Seguros estamos de que aquellos sueños de libertad que inspiraron a don Eladio Alemán Sucre en el comienzo de esta larga y fecunda travesía no se esfumarán. Hay para rato coraje y vocación en estos primeros 81 años de recorrido.

¿Qué pasó con nuestro petróleo?

Hemos leído en varios medios de comunicación nacionales e internacionales una terrible noticia: “Venezuela importará de Argelia petróleo”. Si eso es cierto, podemos concluir diciéndoles a quienes no estaban seguros de que esta locura del socialismo del siglo XXI era el camino hacia la destrucción de una nación, que mayor prueba no se puede mostrar. Que el imperialismo no destruyó la economía venezolana, sino que fue este mismo régimen rojo rojito.

Cuando esta barbarie comenzó, Pdvsa era una empresa conformada por tecnócratas en beneficio del país, que exploraba, perforaba, producía y exportaba petróleo y sus derivados. Desgraciadamente, hoy, endeudada hasta los tuétanos, se ha convertido en un reducto de holgazanes al servicio del proyecto de destrucción. No dudamos de que hay gente valiosa en la empresa, pero están confinados a espacios reducidos donde les impiden poner en práctica su formación. Porque el interés del régimen es acabar todo lo que en algún momento sirvió. Primero enriquecerse con fortunas inconmensurables a expensas de una patria que languidece y un pueblo que pasa trabajo. Robar es la misión primordial. Y no existen controles.

Plan de la Patria.

Resulta un insulto a la inteligencia del venezolano que nos sigan hablando de un fulano Plan de la Patria. Aquí no hay plan de nada que sea progreso o bienestar para el pueblo. Ese “plan” para lo único que ha servido es para llenar de dólares las alforjas de los capitostes militares y civiles del régimen, y a muchos que se ocultan en el anonimato, que, además, se disfrazan de opositores. Lo digo con dolor. Sí hay disfrazados de opositores que siguen viendo este régimen como un gobierno más de los anteriores, y que creen que cohabitando con ellos serán capaces de subsistir esperando periódicamente elecciones fraudulentas. Hoy, muchos de los que protestan contra el sistema biométrico que piensa instalar el gobierno a partir del 30 de noviembre en supermercados y farmacias son aquellos “mansos” seres que no han alzado su voz para ir contra las “captahuellas” que colocan en los centros electorales los días de votación. ¡Díganme que no!


¿Patria o morgue segura?

Recientemente en el portal www.lapatilla.com leía que entre el 1° y el 29 de agosto habían sido ingresados a la morgue de Bello Monte más de 400 cadáveres. Detallaba la noticia que en la Gran Caracas las muertes violentas cada mes aumentan. Pareciera entonces que lo único que nos ha garantizado este régimen es la seguridad, pero para los malhechores. Sin duda alguna, es una manera de control: mayor inseguridad en las calles, más temor en la población. Temor a todo: a la escasez, a salir de las casas y a la inflación. La inseguridad es reseñada en todas las encuestas como el principal problema de la población. Me niego a pensar que sea una mera casualidad el tema de la inseguridad en cada rincón del país.

Señores, es política de Estado mandarte a la cárcel o a la morgue si te atreves a desafiar sus intenciones. ¡No tienes nada que hacer en la calle, tu casa, y si acaso tienes trabajo, son los únicos lugares donde debes o puedes estar, caso contrario no te garantizamos nada! Cuando hablo de la cárcel no me refiero a los que delinquen atracando o asesinando, nada de eso, pues la cárcel está reservada para aquellos infelices que no están enchufados con el régimen o simplemente osan criticarlo u oponerse en las calles en manifestaciones pacíficas. Ya no solo hay ladrones de cuello rojo que imposible pisen un establecimiento penitenciario, sino que hay jueces y fiscales con el mismo color de cuello encargados de ejecutar las órdenes del alto gobierno.


“Alborotadores irán a Tocuyito”.

El gobernador de Carabobo la semana pasada en su último programa radial denominado Hablando de poder, que más bien debería llamarse “abusando del poder”, reconoció su irrespeto a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que, en su artículo 68, contempla el derecho de protestar de manera pacífica y sin armas. Pues bien, el ciudadano Francisco Ameliach Orta, gobernador del estado Carabobo, en flagrante intromisión en asuntos de la justicia, en ese programa ha pretendido erigirse como juez o legislador, al señalar cuándo y dónde se debe recluir a quienes expresen su inconformidad mediante la protesta. En clara e inocultable alusión al movimiento “Carabobo Se Respeta”, que días antes había protagonizado una ocurrente protesta contra las “captahuellas” dentro de las instalaciones del supermercado Bicentenario de la avenida Bolívar Norte de Valencia, se atrevió a sentenciar que los “alborotadores irán a Tocuyito”.

Si en Venezuela existiese un Poder Judicial autónomo, lo mínimo que deberían hacer los jueces penales carabobeños sería un llamado de atención al ciudadano gobernador frente a tan infames y autoritarias declaraciones, ¡pero qué va! muchos de los jueces que hoy tenemos en Carabobo y en otras partes del país, incluido el Tribunal Supremo de Justicia, no son jueces verdaderos, pues se comportan como ramplones escribanos de los que detentan el poder.


Sube la temperatura.

Llegamos a septiembre y el calor popular sigue subiendo. Ya no es tan silencioso el descontento en las barriadas populares. Lo que antes no observaban ya lo comienzan a notar. No es el supremo e intergaláctico el que está en Miraflores, es su heredero, quien es visto como el responsable de la tragedia venezolana. Ya lo señalan con nombre y apellido. Hasta las encuestas con claras afinidades oficialistas, como las de Schemel, reflejan a Nicolás Maduro como culpable de las penurias que padecemos.

No son los “manitos blancas” los que trancan las calles ni los que alzan la voz para protestar por el ineficaz servicio eléctrico, es la gente de pueblo, los pobres y excluidos quienes se atreven de manera desafiante a exigir sus derechos.

Pronto comenzarán las clases y muchos representantes no han podido comprar ni siquiera el uniforme a sus hijos. Ellos están en la encrucijada de comprar los útiles escolares o de alimentarse. Si hacen una cosa no podrán hacer la otra. Ya veremos el anuncio de la falta de acondicionamiento de infinidades de centros educativos. Las reparaciones siempre las dejan para última hora. Este año estará más complicado su acondicionamiento porque el régimen está en bancarrota. Llegaremos a un octubre crucial y de grandes definiciones.


@pabloaure