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Alexis Correia

Lagartijas con Colgate

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En el canal TV FANB, ejemplo de unión cívico-militar (el lema), uno aprende que, luego de despertarse con el toque de diana, los reclutas hacen el ejercicio conocido como lagartija con el tubo de pasta dental en la mano (“¡aquí no se aceptan movimientos negligentes!”, vocifera el superior) y luego les dan 20 segundos para cepillarse, lo que desaconsejaría un dentista. También que el escudo de armas de la Aviación Militar Bolivariana tiene un contorno de tipo germánico y se divide en ocho componentes, entre ellos un gallardete celeste y oro que dice Spatium Superanus Palatinus.

Uno de los programas se llama Hijos de Chávez (durante una hora suena “Patria querida” en su versión instrumental) y presenta una semblanza del mayor general Willmer Omar Barrientos, exobservador adelantado del primer equipo de artillería de mortero de 120 milímetros y comandante de la tercera batería de obuses 415 del grupo de artillería de campaña 155. Como curiosidad, su currículo incluye un diplomado en el IESA. Conoció a Hugo Chávez en el quinto pelotón de la cuarta compañía de cadetes y el batallón de paracaidistas Nicolás Briceño. En 1989 se volvieron a encontrar en la brigada blindada 41 de Valencia. Y para el momento de la rebelión popular (sic) de febrero de 1992, Barrientos era segundo comandante accidental, comandante de la batería de mando y servicio 314 y además administrador de la cantina. Me avergüenza que mi vida sea tan desnuda.

Las promociones de TV FANB no informan qué día ni a qué hora se transmiten los programas, pero dejan un impacto de obús. En una de ellas, que anuncia un espacio llamado Mujeres con guáramo construyendo patria, pasan fotos de Cilia Flores, Iris Varela, Tibisay Lucena y otras damas ilustres, mientras un locutor recita los siguientes adjetivos: “Dulce, fuerte, sensible, humana, luchadora, revolucionaria, emprendedora, sensual (sic), guerrera, amiga comprensiva, hermosa, equilibrada, comunicativa”. Como dice una canción llanera: presénteme esa muchacha.

Un canto por la revolución, al parecer, será un futuro concurso de habilidades vocales. Aparece un militar dando una serenata romántica mientras se oye a Chávez entonando: “Adiós, mi llano querido, me voy pero pronto vuelvo”. Jamás entendí por qué luego se observa un soldado cepillándose los dientes (todo un leitmotiv) y otro afeitándose.

TV FANB tiene hasta sus Rambos. El que me cae más simpático es el teniente Hemil José Cedeño Rodríguez, conductor de Manual de supervivencia, micro de reposiciones infinitas. Enseña cómo hacer un fuego por fricción con palitos encima de un caminito de bachacos. Da una vuelta canela frente a la cámara (yo jamás pude en Educación Física), informa que “nuestro reto es sobrevivir” y con un ágil salto desaparece en la jungla.

El que esté creyendo en pendejadas de ruido de sables debería darse un baño de realidad en TV FANB. “Nosotros los militares también somos pueblo y tenemos nuestras necesidades”, declara un SM/1 (¿sargento mayor primero?) en el noticiero de la Misión Negro Primero, y acto seguido retira un televisor de 39 pulgadas a precio solidario. Luego se observa un desfile de 10 automóviles Chery Arauca adornados con lacitos, listos para su asignación entre la tropa.

Como van las cosas en la televisión, volveremos varias veces en 2014 a TV FANB, un canal que, contrariamente a lo que pudiera pensarse, desprende un candoroso entusiasmo del que carecen otras señales del Estado. Aunque constituya un suplicio civil, quizás estamos condenados a asomarnos mucho, mucho a esa ventana para terminar de asimilar sobre qué exactamente estamos parados.

En Twitter: @alexiscorreia