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José Rafael Avendaño Timaury

Keynes

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En 1936, con motivo de la muerte del dictador se produjo el regreso masivo de los exiliados políticos. Los hubo de dos categorías bien diferenciadas. La primera fue de los antiguos caudillos militares y sus seguidores siempre alzados en armas, contra el Benemérito. La segunda clase estuvo representada, fundamentalmente, por los estudiantes de la llamada Generación del 28 y de otros ciudadanos también enfrentados con decisión a la dictadura. En la segunda categoría, la de los jóvenes –alzados en armas también al comienzo– estuvo signada por una preocupación intelectual que abarcaba, de manera global, la situación venezolana. Temas ideológicos, con el marxismo como avanzada, la sociología, el positivismo, el estudio de la historia patria, más allá de la gesta heroica y la dialéctica, con énfasis en la economía, entre otras.

El surgimiento de los partidos políticos modernos y el decaimiento definitivo de las anquilosadas organizaciones anteriores: el liberalismo amarillo y los conservadores; fue uno de los aspectos resaltantes de esa etapa. Con el surgimiento de la ideología como nudo gordiano para aglutinar voluntades políticas, se plantearon diversas opciones en la izquierda. Dentro de esta, la pugna fue establecida entre los seguidores del comunismo (la tercera internacional) y otros de pensamiento socialista e ideas de corte nacionalistas. En ambas versiones, el aspecto de la economía emergió como un factor determinante para el estudio de la realidad venezolana y los planteamientos teóricos para proponer las respectivas soluciones. La derecha fue poco creadora desde el punto de vista ideológico y le otorgó irrelevante argumentación teórica, salvo lo concerniente al sometimiento irrestricto a lo planteado por los seguidores de Adam Smith; exponente de la economía clásica y del liberalismo económico. En la práctica propugnaban la continuación del latifundio y las corrientes tradicionales de la economía, muy conservadoras por lo demás, además de solidarizarse con los usos comunes del mercantilismo sin control alguno.

En la lista de los máximos líderes forjadores de los partidos modernos, quizás, el único que dedicó esfuerzos intelectuales por el estudio y el análisis de la economía fue Rómulo Betancourt. No solamente abandonó definitivamente los estudios de Derecho. Se dedicó, con ahínco, al conocimiento de la historia venezolana y de los aspectos económicos interrelacionados. Este hecho constituyó la premisa para la creación, con otros valiosos dirigentes, algunos, de la Generación del 28 y otros de la del 36, del partido Acción Democrática.

Jóvito Villalba y Rafael Caldera dedicaron sus inquietudes intelectuales al estudio del Derecho constitucional, el primero; y el estudio del Derecho del trabajo y de la Sociología, el segundo. Los comunistas criollos no hicieron ningún esfuerzo intelectual porque bebían, directamente, de los textos provenientes de la Tercera Internacional y de otros apuntes, bastante indigeribles, de Stalin.

…También en enero, pero esta vez del año 1958, regresaron al país los exiliados políticos aventados de nuestras fronteras por el régimen milico de Pérez Jiménez. En la década siguiente, se decantaron, desde el punto de vista ideológico, los partidos existentes. Se crearon nuevas organizaciones con disímiles ideologías, algunas renovadas y pocas nuevas, salvo la social cristiana.

Lo cierto es que en los últimos sesenta años la economía ha jugado un papel preponderante en la aplicación, globalmente, de las políticas públicas. Luego de la culminación de la II Guerra Mundial, la figura de J. M. Keynes ha sido fundamental para el estudio de la economía. Sus seguidores, luego de la desaparición física del maestro en 1946, han plasmado, como aporte fundamental, el análisis de la demanda efectiva y su incidencia en las variaciones del nivel de producción y empleo. Plantearon la regulación de las fluctuaciones de esa demanda efectiva o agregada, puntualizando que la actividad económica y la política monetaria han de ser complementadas con otros instrumentos de política económica, como la política fiscal. Keynes demuestra que el sistema económico puede hallarse en equilibrio en una situación de subempleo y permanecer en ella indefinidamente si el Estado no interviene. (En Venezuela la infecunda política económica oficial no cambiará mientras no se cambie el gobierno, así de sencillo).

No es mi intención “aventurar” en tema tan especializado. Cuando leí el Capital, hace muchísimos años, lo hice luego de más de tres intentos infructuosos para culminarlo. Lo que pretendo recalcar es el contexto de la economía en la crisis nacional que nos agobia y oprime.

Ahora, dudando de la cordura mental del presidente, porque presenta síntomas inequívocos de patología bipolar: un día anuncia, estridentemente, que si pierde las elecciones del 6 de diciembre saldrá a la calle; “que no entregará la revolución” en caso de perderlas; horas después, anuncia que respetará los resultados, cualesquiera que fuesen. ¡El psiquiatra del diván televisivo! Tendrá mucho trabajo serio que realizar y quizás aproveche la ocasión y se autoanalice él también.

Decía que el presidente, también, ha estado anunciando, a cuenta gotas, la lista de los denominados “precios justos”. Se promulgó la Ley Orgánica de Precios Justos con la subsiguiente amenaza de que coercitivamente –es su especialidad– los hará obedecer. Uno de los “economistas de otoño”, rojos rojitos, declara que la recaudación fiscal es autosuficiente para cubrir el presupuesto nacional. El salario mínimo es de 9.648 bolívares más cestaticket de 6.750,18 bolívares. Esta última, inexplicablemente, además del bono de salud, no se les otorga a los jubilados. Pero todas no alcanzan a cubrir las necesidades reales de quienes están en ese rubro. Por ello, “los precios justos”, concatenados con el salario mayoritario, es una utopía por lo incongruente.

Si Keynes asesorara al presidente, terciando en la comunicación con el famoso pajarito, además de la ayuda divina solicitada, sería interesante ponderarlos, para conciliarlos debidamente. Los anuncios demagógicos y electoreros de carácter económico con la situación real son caóticos: un kg de queso blanco excede los 1.400 bolívares; 1 kg de carne excede los 1.200 bolívares; 1 kg de caraotas excede los 1.300 bolívares; 1 pan sobado es igual a 95 bolívares, y pare usted de contar. El Nacional informa que hacer 50 hallacas, cuesta más de 16.200 bolívares, cifra esta que aumentará periódicamente hasta diciembre. Se obvia en estos comentarios el precio de las medicinas, repuestos automotores y de maquinaria industrial, además de los bienes en general. Lo racional sería la progresión real entre estos precios justos y el salario mínimo. ¡No será así! El derrape, deslave o implosión está a la vuelta de la esquina.

…No se necesita entonces ser economista ni discípulo aventajado de Keynes para entender cuál es la real situación económica de los venezolanos. El inefable IVA nos mete las manos en nuestros bolsillos como un ratero cualquiera y nos hurta, sibilina e impunemente, una suma sustanciosa de dinero a diario; además de lo que recauda anualmente por concepto de ISLR y otras tasas. La suma de todo va a engrosar las golosas finanzas gubernamentales. Esto, según voceros oficialistas, sustenta el presupuesto nacional. A todo se le debe agregar los ingresos –menguados pero siempre sustanciosos– petroleros. La situación de vida de los compatriotas es inaudita e incalificable. Estamos debajo de Cuba y Haití, para citar a países caribeños exclusivamente. La mayoría de los compatriotas no han entendido a cabalidad esto y la dirigencia opositora, carente de espíritu didáctico, está imbuida en otros menesteres.

En 1773 los colonos de Nueva Inglaterra arrojaron por la borda el cargamento de té como protesta cívica; muy efectiva por lo demás, contra los impuestos depredadores de la Corona, constituyendo el inicio de la Independencia norteamericana. Los franceses que pedían pan y que recibieron “tortas”, tomaron la Bastilla, lo que dio inicio a la Revolución francesa. Los venezolanos que nos alzamos en 1810 y permanecimos en constantes levantamientos hasta adelantado el siglo XX, nos comportamos con una incomprensible “calma chicha”, muy bobalicona y conformista por lo demás; como si la testosterona de nuestros genes estuviese vilmente devaluada al igual que el bolívar.

 

cheye@cantv.net

@CheyeJR

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