• Caracas (Venezuela)

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Nicolás Bianco

Junta médica venezolana

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Cuando un ciudadano es elegido por el voto popular para ejercer un cargo público, su privacidad queda a un lado durante el lapso reglamentario de sus funciones. El funcionario se debe al conglomerado que no solamente lo eligió, sino a todos sus conciudadanos, y sus acciones, decisiones y los resultados de su gestión deben ser del conocimiento público.

Por supuesto, en el caso de ocupar la Presidencia de la República no sólo la gestión cobra una magnitud máxima, sino que la relación entre la población y el primer mandatario debe ser fluida y continua. En su pensamiento y proceder ha de procurar el bienestar social, el progreso y la innovación, así como el resguardo sólido y permanente de la soberanía territorial y de la república. Más aún, el adquirir las funciones de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas implica preservar los secretos y estrategias para garantizar el estatus de independencia nacional.

El Presidente como ser humano es susceptible de enfermarse. La organización interna de la primera magistratura nacional tiene la obligación de contar con un equipo de salud integral, integrado por profesionales nacionales expertos y por estructuras hospitalarias y móviles dotadas con herramientas de última generación. Sin embargo, ese equipo no puede ni debe ser supervisado ni suplantado por personal de un país diferente del propio.

En el caso del presidente Chávez su decisión de entregarse ciegamente a la medicina castrista en La Habana (desde por lo menos mayo de 2011) es un acto de lesa patria. Ha sido un proceso contrario a los altos intereses de la nación. Según sus voceros ha sido sometido a cuatro anestesias. Ilustramos nuestra afirmación con un par de preguntas: ¿sabe el Presidente qué le suministraron? ¿Es que acaso desconoce el Presidente que no tiene el derecho de poner en peligro o riesgo los secretos fundamentales del Estado venezolano?

Por otra parte, ha violado el derecho de la sociedad venezolana (incluidos los militares) de contar con un parte médico de la enfermedad que padece. Le ofreceríamos toda la consideración y solidaridad posible si conociéramos de la naturaleza de su enfermedad, tratada en Venezuela, y si su conducta personal hubiese sido acorde con sus altas funciones, entonces hubiésemos entendido su separación temporal o definitiva del cargo ante tratamientos tan complejos como la cirugía mayor del abdomen, la quimio y radioterapia y el uso de altas dosis de esteroides.

El proceder del Presidente ha sido todo lo contrario. Entre anuncios de “curación y notables mejorías”, según él y sus ignaros voceros, no sólo ha difamado a sus “adversarios” y mentido a la nación durante el proceso electoral, sino que las decisiones asumidas por su gobierno mientras su enfermedad avanzaba sin pausa, han acelerado aún más la ruina en lo social, económico y político. Ayer mismo, el vicepresidente anunciaba que 2013 comenzaba en forma “estelar”, mientras que la Venezuela enlutada conocía de los 21.900 homicidios cometidos en 2012.  

Por lo aquí expuesto y ante la inminente toma de posesión (enero, 10) para un nuevo lapso constitucional, propongo que se instale una “junta médica venezolana” integrada por médicos de la Academia Nacional de Medicina, de la Federación Médica, de las universidades autónomas y del Ejecutivo Nacional que se traslade a La Habana y determine, para informar a la nación, sobre el diagnóstico y pronóstico de la enfermedad del Presidente y si está en condiciones físicas y mentales para asumir el periodo presidencial.