• Caracas (Venezuela)

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Álvaro Requena

Jugar al éxito

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Lo usual es que se diga “jugar al fracaso” y eso es, de hecho, lo que está haciendo el oficialismo en aquel que le corresponde de los dos frentes socio-políticos en que está dividido al país: oficialismo y oposición.

Desde hace varios días todos los opinadores ligados al gobierno nacional, aparecen diciendo que las guarimbas han fracasado y que ahora “la oposición dará un salto al vacío”. Cuando la verdad es: primero, las guarimbas no son una creación especial de la oposición para su protesta, segundo, los manifestantes principales en esta coyuntura son los estudiantes y otros jóvenes, y sus motivaciones, aun siendo apoyadas por la oposición, no son políticas, sino de sentido común, de defensa de derechos humanos individuales y colectivos, y de protesta por la inseguridad, la carestía y el desabastecimiento de insumos de todo tipo, principalmente alimentos y medicinas.

En cuanto al fracaso o no de las protestas, a la prueba me remito: están iguales o más fuertes, pues dada la ineptitud del gobierno nacional en el manejo de las políticas públicas de seguridad, que se ha traducido en represión brutal e indiscriminada, se han incrementado y expandido, como un cuero seco, si aprietas por aquí, se levanta por allá… Pero, además, por parte del gobierno nacional, en cuanto al mantenimiento del orden público, ha habido un ingrediente malvado en la  concepción, artero en su ejecución y brutal en su resultado, que ha sido criminalizar la protesta y añadirle gravedad a través de incitar y propiciar desmanes y destrucción de bienes públicos por la utilización de los colectivos armados, la mirada complaciente de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), la Guardia Nacional Bolivariana y la pasividad absoluta de la Defensoría del Pueblo, el Ministerio Público y el resto de los cuerpos de seguridad del Estado.

Los habitantes de algunos sitios del país, como es mi caso, en Chacao, hemos sido testigos de que aun sin aparecer los manifestantes, horas antes, ya están los PNB parados allí con actitud retadora hacia la gente y luego agreden sin miramientos a feligreses en procesión religiosa y a estudiantes pacíficamente echados en carpas.

Que quede claro, diáfano y fácil de entender: no estamos jugando al fracaso del gobierno y  luchar por el éxito de nuestras protestas no es más que luchar por una Venezuela mejor, no importa quién mande, lo que importa es que lo haga bien; solo importa que esta situación de extremada ineficiencia administrativa y financiera, en un país que tiene una renta petrolera suficiente, se inviertan los recursos en sus habitantes con equidad, constancia y solidaridad, respetando los derechos de todos, absolutamente.

Así, pues, en la oposición, al menos yo, estamos jugando al éxito de nuestras demandas y del país como un todo indivisible.