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Fernando Luis Egaña

Jueves de represión

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En realidad, en Venezuela todos los días son de represión, porque esta se ordena y se ejecuta de lunes a domingo. Pero la razzia del pasado jueves destaca por su alcance y por su saña. Casi 1.000 efectivos policiales y militares arremetieron contra cerca de 300 estudiantes universitarios que descansaban en campamentos urbanos en plena madrugada. Y se llevaron 243 detenidos, y no más porque algunos lograron escapar del madrugonazo represivo.

Como dicen los abogados penalistas, una acción llevada a cabo con premeditación, alevosía y nocturnidad. Agravantes de un asalto masivo a los derechos humanos, no solo de las víctimas directas, sino de las indirectas, que somos el conjunto de los venezolanos. Porque nadie debe llamarse a engaño, la hegemonía está dispuesta a lo que sea para controlar las protestas sociales. A lo que sea.

En unas cuantas quincenas, la represión del poder establecido ha asesinado a más de 40 compatriotas, ha lesionado a centenares, ha torturado a más de 100, ha detenido arbitrariamente a miles, y buena parte de las víctimas son jóvenes venezolanos, en su mayoría universitarios que aspiran a una patria distinta y mejor de la que conocen. Si esto no es barbarie, entonces nada es barbarie.

El asalto del jueves fue “preparado” con las denuncias conspirativas del general-ministro Miguel Rodríguez Torres y otros jerarcas de la hegemonía, comenzando por el propio Maduro. Esas denuncias buscan criminalizar la protesta estudiantil como si se tratara del brazo ejecutor de una conspiración urdida por el imperialismo gringo, etcétera, etcétera.

Las confecciones del referido ministro no tienen credibilidad, y a él parece no importarle. En verdad, lo que se pretende es justificar la escalada represiva con el manoseado guión de las tentativas desestabilizadoras. Por cierto que los protagonistas de la represión del jueves no fueron las bandas armadas del paramilitarismo hamponil. Como sí lo fueron en los ataques recientes a diferentes recintos universitarios del país.

¿Se saldrá con la suya el régimen imperante? ¿La saña represiva logrará controlar las protestas e impedir que se dinamicen en espiral? Esperemos y luchemos para que la respuesta sea no. Y es que la presión popular es indispensable para que haya la posibilidad de cambios efectivos. Sin la presión ni siquiera el accidentado diálogo tendría visos de lograr resultados concretos.

El jueves 8 de mayo fue un jueves de represión. Un jueves de terrorismo de estado. Un jueves que coloca a Venezuela, una vez más, como una nación sojuzgada por una hegemonía despótica. Pero lo más grave no fue la gravedad de lo que pasó el jueves, es que todos los días se están convirtiendo en días de represión.