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Francisco Javier Pérez

José Gil Fortoul, entre la espada y la lengua

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El reconocido historiador y escritor publica, en 1891, a un año escaso de su programático ensayo El hombre y la historia y cuando ya está en obras para su arquitectónica Historia constitucional de Venezuela, el tratado La esgrima moderna. El décimo capítulo de este libro estará dedicado a estudiar la materia léxica sobre la práctica, hoy deportiva, de manejar el florete con arte e ingenio. Lo titula: “Términos de esgrima equivalentes en castellano, francés, italiano e inglés” y constituye una rara pieza diccionariológica dentro del panorama creciente de la lexicografía técnica venezolana. Para este momento, no ha dado el estudio de los términos técnicos de una actividad, ni sus frutos más esperanzados, ni las muestras sistemáticas de conformación tipológica, ni su firme tratamiento por parte de nuestros lexicógrafos. En otra lectura, no deja de resultar curioso y elocuente ver al potente conocedor de nuestras sumas y restas espirituales ocupado por estos asuntos; modos de manifestar sus empeños de batallas verbales y de palabras siempre en ristre.

Si en el contexto de la obra de este autor el tratado sobre esgrima lucía ya novedoso y llamativo (no así en el conjunto de los intereses del escritor, que era un hombre de gustos refinados y que había prestado servicios consulares en Europa), el capítulo terminológico que concibe le aporta un encanto mayor, pues destaca por el carácter de este aristocrático deporte y lo que la lengua técnica tiene que aportarle. Con el correr de los tiempos, llegarían a la cultura nacional otros deportes que se harían populares y que, claro está, producirían terminologías especializadas e incursiones en la lengua común que aportarían al español venezolano haberes muy ricos (especialmente, el beisbol, las bolas criollas, las carreras de caballo y muy pocos más, serían las actividades deportivas que se formarían parte de la cultura nacional reflejadas en y por la lengua).

El autor señala, en una nota introductoria al repertorio (consignado en el tomo siete de sus Obras completas, que el Ministerio de Educación edita en 1957), la razón y necesidad de abordar la materia terminológica en su tratado. Nace, dirá, como un choque entre los tecnicismos franceses refrendados por la esgrima de florete y espada, frecuente en Latinoamérica, y la de sable, más recurrida por los jugadores españoles. Los modos de practicar el deporte determinarán las terminologías de uso y, en cuenta del problema lingüístico, hace que su texto lexicográfico indague en algunas soluciones: “En la esgrima de florete y espada de combate el tecnicismo es insuficiente y a veces incorrecto, cosa que se explica fácilmente al considerar que el arma predilecta de los españoles es hoy el sable, y que cuando tiran al florete prefieren servirse casi siempre del tecnicismo francés”.

Sobre este planteamiento, el cometido del texto se traducirá en divulgar por el continente americano un conjunto de voces españolas que acompañen al auge de este deporte en su tiempo. Desconocemos si esta ambiciosa pretensión pudo ser cumplida. En todo caso, resulta muy loable la confianza del autor en el alcance de su propio trabajo. Ofrece, además, observaciones lingüísticas tales como el origen romance de muchos de los términos usados en castellano. Al tanto del sentido de su tarea, hará expresa mención del logro al denominar al texto como “ensayo de terminología comparada”. Son estas las palabras textuales que así confirman las intenciones científicas del texto: “Sin embargo, es ya tiempo de adoptar términos puramente castellanos, a causa de la rapidez con que en la América Latina se generaliza el entusiasmo por el florete y la espada. Damos en seguida un ensayo de terminología comparada. La mayor parte de los términos que hemos adoptado son traducidos del francés y del italiano: algunos otros son nuevos pero de fácil comprensión”.

Asumido, entonces, como un diccionario de especialidad, comparativo y  plurilingüe, buscará ofrecer la terminología general y básica en español del deporte en cuestión y, además, permitir la comparación entre las terminologías usuales en otras lenguas. En total, se contrastan las equivalencias de cuarenta términos en los cuatro idiomas motivo de la revisión.

Como en todo léxico multilingüe, una de las lenguas deberá funcionar como lengua de partida y las restantes como lenguas de llegada; siendo en este caso, el castellano, la primera, y el francés, el italiano y el inglés, las segundas. Esto hace que, si bien el trabajo no busca ofrecer definiciones de los términos base, permita, para algunas voces, aportar algo más que la voz lema, como ocurre para los términos: falso ataque, que el texto define como “el simple fingimiento o pase sin atacar”; redoble, en que se explica que son “dos ataques sucesivos e inmediatos”; y segundo golpe, que ocurre “después de un ataque a fondo cuando el adversario para y no responde”. Otro grupo contado de voces abre posibilidades a la sinonimia por vía de la disyunción: medida o distancia, marchar o avanzar, golpe directo o estocada, arresto o atajo, cupé o pase angular, circulación o ataque redondo, parada o quite. Otro grupo de unidades, también reducido, señala la sinonimia de la voz lema con el recurso de la yuxtaposición: marchar, marcha; cuerpo a cuerpo, debate. Tanto los elementos disyuntivos como los yuxtapuestos constituyen sublemas que también serán motivo de equivalencia en cada una de las lenguas estudiadas.

De resto, son casi nulos otros elementos técnicos de descripción, brillando con mucha limpidez la simplicidad absoluta del texto y su carácter de ensayo y apunte de tema léxico. Discurren, hasta descuidados en cuanto al seguimiento del orden alfabético, un conjunto de vocablos técnicos de la esgrima, que adquieren volumen sólo en la medida en que son colocados en situación de contraste con los de otras lenguas. Así, el primero y el último de los términos, responden a la misma pauta y a la pura y simple descripción por equivalencia, en la idea de que ninguna lengua en sí misma puede explicarse sin el auxilio de otras, como si todas las lenguas constituyeran una sola y única lengua universal del deporte del florete, del sable y de la espada: Hoja, resultará en francés: Lame; en italiano: Lama, y en inglés: Blade; tanto como, cuerpo a cuerpo, debate, lo será Corps á corps, en francés; Stretta misura, en italiano; y Breast-to-breast struggle, en inglés. De esta suerte, el vocabulario comparado queda dibujado y organizado en un cuadro por columnas, ocupada cada una por una lengua y con casillas en las que se anotan las formas equivalentes en cada una de la voz lema castellana.

Medir la significación que pudo tener o tiene un texto de estas características sería difícil. Sí es posible determinar cómo la elaboración de una pieza así indicó una faceta de la actividad lexicográfica finisecular en Venezuela y en Hispanoamérica, que cobraría su impulso definitivo más adelante (al día de hoy podría decirse que el campo terminológico y los diccionarios de especialidad ocupan una parte importante de todo lo producido en la moderna lexicografía). También, que las posibilidades analíticas de la tarea lexicográfica ya comenzaban a expandirse hacia otras disciplinas de estudio y que la propia gestión de elaboración de diccionarios era vista ya con la ductilidad y capacidad con que hoy se la estima y de la que hoy goza. En este punto, la singular pieza de Gil Fortoul luce, por la pureza que tiene aquello que se hace sin pretender nada, como un estadio de interés en la reconstrucción de la prehistoria de la lexicografía técnica en Venezuela, siempre casual y siempre espasmódica.