El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Sergio Antillano

Sin Jardín Botánico no hay paraíso

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En el Jardín Botánico de Caracas vive una Palma gigante de Ceilán que florece cada 70 años. La sembró allí el horticultor suizo Augusto Braunquien y la cuidó con esmero largo tiempo.

Por décadas, decenas de jardineros la ayudaron a crecer hasta que en 2003 mostró orgullosa sus esperadas flores.

Braun, ya anciano, fue hasta el jardín y allí, junto a ruidos y humos de autopista, disfrutó conmovido de aquel espectáculo floral tanto tiempo anhelado. Años después, el botánico fiel falleció.

Ese ejemplar es de Corypha umbraculifera, una de las más de 200 especies de palmas que habitan el Jardín Botánico, con algas, musgos, helechos y las llamadas "suculentas", plantas xerofíticas de regiones áridas, en vecindad con plantas acuáticas, de humedales, y árboles imponentes que reinan en esas 60 hectáreas de colinas y planicies de riqueza botánica del país que convive con ejemplares traídos de otras regiones del mundo.

 Casi 200.000 plantas de 2.000 especies están allí, a nuestro alcance. Son alrededor de 200 familias botánicas compartiendo condominio con fauna silvestre, y humanos que llegan y se van, a diario. 350.000 especies botánicas pueblan la Tierra y su verdor mayoritario tiende a simbolizar el ambiente, "lo ecológico", aunque no toda planta es verde ni la naturaleza es monocolor.

Alrededor de apenas 25% de esas especies vegetales del planeta ha sido debidamente estudiado y clasificado con herramientas del lenguaje universal de la taxonomía, desde que Linneo en el siglo XVIII inició esa forma de ayudar a dialogar a investigadores y aficionados botánicos del globo.

Solo 10% de ese grupo clasificado ha sido evaluado para saber sus cualidades medicinales y de esos estudios ha salido más del 70% de las medicinas que sana a la humanidad y aumenta la expectativa de vida de la gente. Del estudio y comprensión de principios activos de las especies analizadas, de sus lógicas de funcionamiento celular e intrincadas estructuras bioquímicas, nacieron medicamentos que nos prescriben cuando algo anda mal en nuestro organismo. Las plantas nos curan y apenas hemos comenzado a conocerlas.

Las cualidades medicinales de las plantas son tan solo uno de los múltiples beneficios que brindan a las personas y al ambiente. Muchas son alimento; nos nutren al proveernos de vitaminas y minerales. Nos dan vino y papel. Son materias primas para elaborar desde cuadernos y lápices hasta encofrados, herramientas, vestidos, cestería y miles de objetos y mobiliarios que requiere nuestro bienestar.

Nos perfuman y cobijan; dan alojo y sombra a millones de seres. Las plantas regulan la temperatura ambiente y crean microclimas placenteros. Sirven también de forraje de suelos erosionables, lo que evita el pernicioso arrastre por lluvias y con ello la sedimentación de ríos y quebradas.

También hay especies que son filtros para extraer del agua sustancias que alteran su calidad. Traen recreación y bienestar emocional al alimentar el espíritu y la imaginación de muchos. La versatilidad de las especies botánicas se evidencia en los más variados usos y funciones que aportan a la calidad de vida de la gente.

Por ello, cuando, como hoy, el Jardín Botánico de Caracas está acosado de problemas, agresiones e indiferencias, de las peores, desde su creación en 1945, lo que acontece afecta el corazón mismo de nuestra existencia y bienestar. Su deterioro es, sobre todo, otro crimen contra nuestro progreso futuro; otro incendio de nuestro pasaporte al porvenir del desarrollo sustentable, felicidad colectiva y calidad de vida que merecemos. La grave crisis de financiamiento que atraviesa lo va corroyendo, acelerando su muerte, y lleva a conflictos laborales que aprovechan enemigos de la universidad autónoma para crear caos y empeorar las cosas. La incertidumbre que rodea su futuro y las diatribas que oscurecen su presente deterioran su labor y ponen en peligro su complejo y valioso acervo histórico.

Los jardines botánicos son museos para estudio y disfrute. En ellos se resguardan colecciones vivas, bancos genéticos, patrimonio botánico y biológico de un país y cantera de conocimientos y soluciones para nuestros problemas. Son parte fundamental de las reservas nacionales, de las despensas para nutrir los conocimientos del mañana.

De ellos saldrán los nuevos alimentos, las curas a enfermedades nuevas o aún desconocidas, materiales innovadores, y hasta lógicas de funcionamiento que la naturaleza tiene para enseñarnos a sobrevivir en un planeta contaminado. Sin Jardín Botánico no habrá futuro

Ahora en twitter