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Eduardo Mayobre

Jaime Lusinchi, un buen presidente

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Jaime Lusinchi, además de ser un buen presidente, fue un presidente bueno. Esto último es generalmente reconocido y probablemente se resalte ahora, cuando ha fallecido. Lo de buen presidente es más controvertido. Porque a pesar de que terminó su gestión con una popularidad de 67% (porcentaje superior al 56,7% de votos que obtuvo cuando fue elegido) y su partido ganó ampliamente las elecciones al final de su mandato, las campañas de desprestigio a que fue sometido después de entregar el poder han dejado una imagen deformada de su gobierno.

Por ello, para despedirlo, en lugar de hacer el merecido y acostumbrado elogio a su persona, en esta oportunidad me voy a referir a su obra de gobierno. Y voy a tomar el árido camino de los números, debido a que la opinión pública es muy voluble y manipulable, particularmente cuando la vida política adquiere la agresividad que ha tenido desde 1989 hasta esta fecha. Esta observación me permite destacar que durante el período presidencial 1984-1989 predominó la paz social que hoy tanto añoramos.
Ahora a los números: durante ese período se reactivó la economía nacional, la cual había sufrido una recesión, y el producto territorial bruto no petrolero creció consistentemente en una tasa promedio anual de 3,9%. El crecimiento interanual tanto de la agricultura como de la industria fue superior a 5%. El desempleo, que había llegado a 13,4% de la fuerza laboral en 1984, debido a la recesión de años anteriores, se redujo a 6,9% para finales de 1988. Además se detuvo la fuerte caída del salario real de los trabajadores ocurrida después de la devaluación de 1983, llamada el Viernes Negro, la cual se profundizó a partir de 1989 con la adopción de un nuevo enfoque económico.

De acuerdo con un informe del Banco Mundial, si se toma como base para un índice el salario real del año 1974 (1974=100), el salario había llegado a más de 150 en 1979 y descendió a menos de 120 en 1983 para estabilizarse en alrededor de 110 en los años 1986-1988. En 1989 cayó abruptamente a 80.

Todo lo anterior se logró a pesar de la baja pronunciada de los ingresos petroleros durante el gobierno del presidente Lusinchi, por motivos internacionales ajenos al control de Venezuela. Particularmente grave fue la caída de los precios petroleros entre 1985 y 1986, cuando se redujeron de 25,89 dólares por barril a 12,82 dólares, lo que provocó que durante 1986 los ingresos petroleros fueran menos de la mitad de los del año anterior. Según el muy respetado historiador petrolero Daniel Yergin esta baja de precios del petróleo fue una las causas inmediatas más importantes para el derrumbe de la Unión Soviética. En Venezuela fue solo motivo de preocupación y el crecimiento económico ya reseñado se mantuvo. En términos de promedio anual de ingresos petroleros, estos fueron de 10.000 millones de dólares en el período 1984-1989, mientras que durante 1979-1983 fueron de 16.000 millones de dólares y en 1989-1993 alcanzaron a 12.000 millones de dólares.

Como dijera el presidente Lusinchi, en el área económica el suyo fue un gobierno de transición al cual le correspondió lidiar con los desajustes provocados por el Viernes Negro y la caída de los ingresos petroleros. A la vez debió enfrentar el problema de la deuda externa que afectaba a toda la región. Durante su período esta se redujo en 4.000 millones de dólares, equivalentes a 16,6% de la deuda externa total. Sin embargo, se logró la recuperación del crecimiento económico.
Esta situación originó presiones sobre las reservas internacionales, a pesar de que las importaciones se redujeron durante el período en 20% en relación con el quinquenio anterior, en gran parte gracias al crecimiento de la producción nacional. Entre las críticas que se divulgaron sobre el gobierno de Lusinchi destaca el infundio de que se agotaron casi totalmente las reservas internacionales. Esto es falso. Para el 3 de febrero de 1989 las reservas internacionales eran 6.389 millones de dólares y las llamadas reservas operativas 1.986 millones de dólares. Me consta porque vi el original de la certificación que envió poco tiempo después a la Corte Suprema de Justicia el entonces presidente del Banco Central, doctor Pedro Tinoco, firmada por él mismo. Ese nivel de reservas, aunque era bajo, permitía satisfacer las necesidades de corto y mediano plazo del país.

Si a todo lo anterior se agrega la obra material, social e institucional realizada en el período 1984-1989, para lo cual carecemos de espacio, tenemos que objetivamente el gobierno de Lusinchi fue un buen gobierno y él fue un buen presidente. El llamado a la objetividad para evaluar su obra es el homenaje que quiero hacerle a uno de los presidentes que ha sido más difamado después entregar democráticamente el poder y por quien sentí y siento gran respeto y cariño.