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Javier Biardeau

Izquierda bolivariana y chavismo

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A medida que pase el tiempo y la perspectiva implicable de la historia se imponga por sobre las pasiones humanas, el 27-N y el 4-F, así como los hombres que participamos en estos hechos, nos iremos confundiendo en un solo punto vibrante sobre el horizonte, referencia ineludible para no comprender los sucesos que vendrán, a raíz de los cuales el pueblo venezolano recuperará su dignidad y labrará sus propios caminos en la lucha de la verdad”.

Hugo Chávez, febrero-marzo, Yare 1993.

Mucha tinta ha corrido y seguirá corriendo con relación a la caracterización de la revolución bolivariana, y la significación de eventos como los del 4-F y el 27-N para la comprensión histórica del presente. Sin embargo, cabe destacar en las intervenciones de reconocidos opositores a la revolución bolivariana, a aquellos intelectuales de derecha que han tratado el análisis de las relaciones entre el llamado “chavismo” y la “izquierda”. Aníbal Romero, por ejemplo, escribió un artículo en el año 2004 titulado “Izquierda, chavismo y fascismo” donde señala lo siguiente: “El chavismo ha ocupado el espacio político e ideológico de la izquierda, sin sus avances democráticos poscomunistas. En otras palabras, el esfuerzo realizado por un sector de la izquierda, la que en los años setenta fundó al MAS luego de asimilar las lecciones del descalabro soviético, el colapso intelectual del marxismo, y el fracaso del despotismo cubano, se ha visto superado por el radicalismo guevarista de la izquierda no-democrática, sobreviviente de la lucha guerrillera, dogmática e irreductible”.

Romero planteaba que resultaba comprensible que lo que resta de la izquierda democrática venezolana, y en particular sus intelectuales, se empeñen en caracterizar al chavismo como “fascista”, pues esta es una manera de separarle de la izquierda como tal, y de ubicarle en otro esquema político-ideológico asociado a la derecha. En palabras llanas, para Romero la caracterización adecuada era la siguiente: “El régimen chavista es, hoy, un populismo militarista de izquierda, en vías de transformarse en una dictadura de izquierda radical y militarizada. Pero lo crucial es tener claro esto: el chavismo no es fascista porque el chavismo es de izquierda. Por lo demás, el fascista Ceresole rompió con Chávez, porque Chávez se identifica con Fidel Castro y la Revolución Cubana”. Llama la atención la periferia del análisis; es decir, la interrogación sobre la existencia de un sector de izquierda que en Venezuela desplazó sus conexiones ideológicas y conceptuales con la apología a la URSS para dirigirse al llamado “avance democrático poscomunista”, que asimiló el “descalabro soviético”, el colapso intelectual del “marxismo” y el fracaso del “despotismo cubano”; es decir, que dio paso al MAS.  

“Si creemos que llegó el fin de los totalitarismos, si es verdad la caída del comunismo soviético, si llegó la hora de los pueblos, ¿cómo, entonces, podemos dudar de nuestro pueblo y sus fuerzas? ¿Acaso este teatro cogollista y sectario que domina y envilece nuestro país es más fuerte y estable que lo que era la dominación del PCUS? ¿Acaso estas camarillas de policías políticos, atemorizadores y matones, son más capaces que la KGB? Si aquellos pueblos se restearon por dignidad, democracia, participación y libertad, ¿quién podría exigirle pasividad al pueblo de Simón Rodríguez? Por eso nos lanzamos a la acción con una sencillísima plataforma de referencias que obligue a la participación colectiva hacia la construcción de un sueño posible: la democracia bolivariana, mucho mas avanzada y progresista que las reformas de gotero ad aeterno por los cómplices de la Copre y de quienes le pagan”.

Al parecer, aquellos comandantes del 4-F, carecían de nostalgia por el comunismo soviético, la dominación del PCUS o el terrorismo de la KGB. Plantearon una sencillísima plataforma de lucha para fácil recepción del pueblo explotado y humilde, con referencias que para muchos opositores de derecha estaban fuera del quicio de la racionalidad política de una modernidad como el llamado sistema EBR: Zamora, Bolívar y Simón Rodríguez. ¿Eran “totalitarios” aquellos elementos ideológicos?