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Jaswant Singh

Irak: un problema de la India

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Irak parece estar desmoronándose a pedazos con el rápido avance del  Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés) que amenaza con llevar al país hacia una división entre chiitas, sunitas y entidades kurdas, mientras que simultáneamente difumina la frontera con su turbulento vecino en el oeste. Por otra parte, la insurrección ahora amenaza con extenderse a otros dos países vecinos, Afganistán y Pakistán, que ya se enfrentan a innumerables desafíos internos. Para la India, el mensaje es claro: sus intereses de seguridad nacional están en riesgo.

Después de casi cuatro décadas de guerra, Afganistán está, una vez más, tambaleándose al borde de un abismo. Apenas la semana pasada, tras las acusaciones de fraude masivo durante las recientes elecciones presidenciales en el país, miles de manifestantes marcharon hacia el palacio presidencial. Debido a que los seguidores del candidato agraviado son en su mayoría tayikos, los acontecimientos reavivaron las profundas tensiones étnicas de Afganistán.

Las luchas internas de Pakistán –que van desde los conflictos entre las comunidades a la implacable actividad terrorista– son bastante conocidas. De hecho, el país sufrió recientemente un ataque terrorista importante, que no sólo dio lugar a más de 29 muertes, sino que también hizo que el aeropuerto internacional de Karachi –el aeropuerto más grande en el país– deje de funcionar durante casi 12 horas. Sólo un par de semanas más tarde, hombres armados dispararon contra un avión de Pakistan International Airlines mientras aterrizaba en la ciudad norteña de Peshawar, matando a un pasajero e hiriendo a tres miembros de la tripulación.

Las intervenciones estadounidenses deficientemente meditadas, en especial la invasión de Irak en el año 2003, han exacerbado la infinidad de resentimientos y desafíos de seguridad de la región. Lejos de llevar la paz a Irak, la campaña militar –llevada a cabo con el pretexto de eliminar armas de destrucción masiva– incentivó al crecimiento de la violencia. Ante la imposibilidad de estabilizarse por sí solo, Irak –que inicialmente exigió a Estados Unidos retirar todas sus tropas– ha venido solicitando una renovada participación estadounidense. Si los talibanes organizan una escalada al estilo ISIS, ¿también Afganistán pedirá pronto a  Estados Unidos que regrese?

La lucha de Irak como un Estado unificado no es nada nueva. Comenzó hace casi exactamente un siglo atrás, cuando el Reino Unido y Francia crearon un nuevo mapa del Medio Oriente mediante el Acuerdo Sykes-Picot. El periodista paquistaní Yasser Latif Hamdani hizo hincapié en la imprudencia del enfoque franco-británico, que incluyó dibujar fronteras que ataban dentro de ellas a pueblos diversos –y cuyas consecuencias se muestran de forma contundente en países como Irak y Pakistán.

En este contexto, como Richard Haass recientemente señaló: “El potencial de las prolongadas guerras político-religiosas dentro y fuera de las fronteras, en las cuales participan tanto fuerzas y milicias locales y extranjeras, como también los propios gobiernos, es inmenso”. En verdad, la región se está “desatando a una velocidad vertiginosa”.

En la actualidad el impulso se encuentra en ISIS – una organización islamista aún más extrema que Al Qaeda. Si bien frecuentemente se ha caracterizado a ISIS como una organización sunita, es importante destacar que, tal como Ali Khan Mahmudabad ha puntualizado, la ideología del grupo se asemeja mucho a la de la radical secta Kharijite en el siglo VII, que también se sintió envalentonada para censurar, y luego matar, a otros musulmanes tildándolos de no creyentes.

De todos modos, el ejército iraquí es una fuerza derrotada. De acuerdo con el Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente, casi una cuarta parte de los batallones de combate de Irak ya no tienen una “jerarquía de mando,” y han perdido su equipamiento y sus soldados han abandonado sus puestos. De manera similar, los oficiales estadounidenses indican que más de un tercio de las divisiones del ejército iraquí se encuentran en situación “ineficaz para el combate”.

Por lo tanto, no es de extrañar que Irak haya perdido el control sobre el tráfico en su frontera con Siria. En los hechos, el gobierno iraquí podría inclusive empezar a perder control sobre su frontera con Jordania en un futuro no muy lejano, permitiendo que ingresen un conjunto completamente nuevo de fuerzas desestabilizadoras a causar estragos en su territorio. Un comandante iraquí recientemente resumió el desafío: “No tenemos suficiente información de inteligencia; no tenemos una buena cobertura aérea; estamos batallando contra grupos muy bien entrenados que tienen una buena experiencia en enfrentamiento en las calles y que se  desplazan con rapidez entre ciudades y aldeas”.

La pregunta ahora es si el Medio Oriente, en la forma en la que lo conocemos, se mantendrá intacto por algún tiempo más. Después de la Primera Guerra Mundial, el mariscal de campo británico Archibald Wavell indicó proféticamente que: “después de ‘la guerra para poner fin a la guerra”, los vencedores “parecen haber tenido bastante éxito en París al crear una ‘paz que ponga fin a la paz”. Vislumbró lo que ahora parece obvio, que la imposición de acuerdos artificiales en el Medio Oriente únicamente engendraría conflictos.

Para la India, esta incertidumbre supone un serio desafío de seguridad, que requiere que este país trascienda más allá de su papel de espectador silencioso. Después de todo, la propia India es uno de los países musulmanes más grandes del mundo, con aproximadamente 177 millones de musulmanes, tanto sunitas como chiitas. Ya que las fuerzas que desestabilizan al Medio Oriente no están confinadas dentro de fronteras nacionales, la India simplemente no puede arriesgarse a que la creciente expansión de la guerra civil entre sunitas y chiitas llegue a expandirse hacia su población.

La región necesita un nuevo paradigma de seguridad. Por su propio bien, y por el bien de sus vecinos, la India debe asumir un papel activo en la creación de dicho paradigma, y debe asumirlo muy pronto.

De hecho, dada la creciente influencia de China en Pakistán y Afganistán, este acto de creación diplomática podría ser una prueba clave sobre cómo China ve sus relaciones con la India. Los chinos pueden decidir cooperar con la India y con otros para forjar una nueva estructura de paz para el gran Medio Oriente, o, al contrario, pueden utilizar los crecientes riesgos que la India y sus vecinos enfrentan para ir tras pequeñas ventajas tácticas. Las relaciones de la India con China pudiesen depender de esta elección por muchos, muchos años por venir.

 

Copyright: Project Syndicate