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Emilio Cárdenas

Irak: una invasión vertiginosa

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La vertiginosa invasión de Irak por parte de los milicianos fundamentalistas sunni provenientes de Siria que responden al "Califato Islámico de Irak y al-Sham" -aliados ahora con algunos grupos tribales iraquíes sunni, que en su momento fueron leales a Saddam Hussein- está conmoviendo a Medio Oriente y generando tensiones de magnitud.

Ocurre que las fronteras caprichosamente diseñadas en 1916 por los franceses y los británicos (Sykes-Picot) que no respetaron las realidades étnicas ni las diferencias religiosas están resquebrajadas. Siria e Irak, está claro, son sólo nombres y no naciones. Por esto la fragilidad que hoy los afecta. A punto tal, que parece difícil que Siria e Irak sean capaces de mantener incólumes sus respectivas integridades territoriales.

Por razones de espacio es imposible referirse a todos los cambios geopolíticos derivados de esa invasión que han comenzado a ser evidentes. Nos limitaremos a analizar brevemente dos de ellos. Los que tienen que ver con los kurdos y los que afectan a Irán. Ambos, de innegable trascendencia.

Comencemos con lo que se refiere a los kurdos. En el norte de Irak (así como en las regiones aledañas emplazadas dentro de Turquía e Irán) se concentra lo sustancial de la población que conforma la nación kurda. Alguna vez, en 1920, se le prometió independencia. No obstante, nunca la obtuvieron. Pero siempre alimentaron esperanzas separatistas. En todos los países de Medio Oriente en los que existe una presencia kurda importante, esto ha sido así.

En Irak, los kurdos aprovecharon el caos generalizado y desintegrador en el que el país se sumergió desde 2011 para ganar una cuota, cada vez más importante, de autonomía. Erbil, la capital de la montañosa región kurda, a diferencia de Bagdad, está sustancialmente en orden. Lejos de la violencia. Creciendo, además.

Ahora con el apoyo abierto de Ankara, que hasta ha abierto allí un consulado, en lo que es un cambio radical en la relación de Turquía con los kurdos, hasta no hace mucho antagónica. En rigor, los kurdos son los que hoy aportan la única cuota de estabilidad y seguridad que existe en Irak.

Tienen una identidad distinta. Su propia cultura. Su idioma distintivo. Y, ciertamente, también su historia. Casi sin corrupción, han atraído últimamente a la inversión extranjera. Particularmente a la turca en su importante sector de los hidrocarburos. Su ejército (llamado Peshmerga) es respetado. Y disciplinado y eficiente. A punto tal que, ante el avance de los milicianos sunni, ha tomado fácilmente el control de la ciudad de Kirkuk, que es -para los kurdos- una suerte de Jerusalem.

Los kurdos están exportando cada vez más -vía Turquía- hidrocarburos. Lo hacen sin el consentimiento de Bagdad. Así, hoy le venden crudo hasta a Israel. Lo hacen a pesar del malestar que esto ha provocado en el gobierno shiita de Irak. Por ello, en la actualidad los kurdos son económicamente independientes.

Por lo antedicho, ante la nueva realidad, los kurdos de Irak advierten que tienen una oportunidad clara para la secesión.
Esto es para empujar fuerte hacia la independencia. Pese a que los Estados Unidos los consideran, con absoluta razón, el grupo más confiable en sus esfuerzos tardíos por tratar de conformar un gobierno inclusivo y pluralista en Irak, capaz de serenar los ánimos de todos.

Irán, por su parte, está tratando activamente de sostener al tambaleante gobierno shiita de Bagdad. Como lo sigue haciendo también con el gobierno sirio de los Assad. En Irak se trata de sostener al asediado primer ministro shiita Nouri al-Maliki.

Sus aviones de reconocimiento no tripulados (los Ababil) están volando constantemente sobre Irak. Así como los cazas y helicópteros sirios impulsados por Irán. A ello hay que agregar los importantes envíos de armamentos y municiones, en vuelos diarios de aviones de transporte iraní, que aterrizan regularmente en Bagdad. Y la presencia, por ahora discreta, de algunos escuadrones de disciplinados y experimentados paramilitares iraníes: los denominados Quds.

El propio General Qassim Suleimani, el jefe de los Quds, está a cargo de la planificación militar en Irak. Lo que incluye contribuir al diseño de una estrategia militar coherente y, en lo inmediato, reconformar apresuradamente los batallones shiitas provenientes del sur de Irak. Aquellos que en su momento lucharan contra la presencia norteamericana en ese país.
Hay, además, un centro de inteligencia comunicaciones y control de la situación militar operado por los iraníes desde la base aérea de "Rashedd", que alguna vez fuera utilizada por los militares norteamericanos.

A todo ello hay que sumar que -a la manera de Rusia en Ucrania- Irán ha estacionado ya diez divisiones militares y de fuerzas Quds, así como dos docenas de aviones militares, en su frontera con Irak. Ellos seguramente se moverán si Bagdad -o los lugares sagrados de los shiitas (como Karbala, donde está enterrado el Imán Hussein o Najaf)- de pronto están en peligro inminente.

Curiosamente, los militares iraníes conviven ahora en Irak con los 300 "asesores" militares norteamericanos que han sido enviados por Barack Obama, a pedido de las autoridades iraquíes. Los Estados Unidos e Irán están, por ahora al menos, del mismo lado del conflicto. Por esto, a la vigilancia aérea iraní del espacio iraquí, hay que sumar la de los Estados Unidos, con aviones F-18 y P-3 de observación, así como con sus propios aviones sin piloto. Que se suma a la llegada de cazas comprados con urgencia a Rusia.

Pero no hay que pensar que la acción "conjunta" de los iraníes y los norteamericanos en Irak contra los jihadistas sunni, que son una amenaza común, será fácil. Porque el propio líder espiritual iraní, el Ayatollah Ali Khamenei (quizás hablando para su propia tribuna), luego de instar a sus fieles a tomar las armas en defensa de Irak, acaba de decir: "Nos oponemos, enérgicamente, a la intervención de los Estados Unidos y de otros en los asuntos internos de Irak". Lo que presumiblemente no impide que existan mecanismos discretos de comunicación.

Ese derecho está reservado, aparentemente, tan sólo para él. Como creía, hasta no hace mucho, Hugo Chávez respecto de Venezuela y nuestra región.

Lo que sucede en Irak posee una mezcla de fragilidad y dinamismo. Su final es, por ahora, imposible de predecir. Al impacto sobre los kurdos y los iraníes al que nos hemos referido, hay que agregar ciertamente los demás cambios que, en la propia región, afectan a Arabia Saudita y a los países del Golfo, a Jordania, a Siria, a Turquía y a la propia Israel. Un verdadero rompecabezas -de gran dimensión- se ha abierto de pronto. Con piezas que seguramente costará mucho ubicar en su lugar definitivo.