• Caracas (Venezuela)

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Oscar Lucien

Invicto

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1. Cuando oí a la reportera del PsuVTV reseñar que una delegación del gobierno asistiría a las exequias del fallecido líder surafricano Nelson Mandela me pareció “normal” en atención a formales protocolos de las relaciones internacionales. Pero cuando agregó que presentaría el homenaje del pueblo venezolano al “otro gigante fallecido” la taza de té cayó al piso y los vidrios se repartieron por toda la sala.

¿Piensa seriamente Maduro que hay algún punto de comparación entre Nelson Mandela y Hugo Chávez? Dicen que la ignorancia es atrevida. Y sin duda lo son también la desmesura y la falta de pudor. Si permanecemos en el canon de la estatura impuesta por el oficialismo, la distancia es sideral; comparar ambos hombres requiere del cálculo en años luz. Nelson Mandela es el paradigma del perdón, de la reconciliación y de la unión. Luego de 27 de años de cárcel sale de su prisión al encuentro con su país, a hacer valer su liderazgo y entereza moral para reconciliar a un pueblo devastado por la lacra horrenda del racismo y la exclusión. Cuando asume la Presidencia de Suráfrica no grita: “No volverán”, sino que tiende la mano a la población blanca, opresora, para promover el encuentro con ese otro país negado, víctima de la discriminación.

Mandela es el sepulturero del obsceno apartheid que por décadas mantuvo a blancos y negros en aceras distintas, negando a estos últimos, sólo por el color de su piel, las condiciones esenciales de la ciudadanía. Mandela fue un político que predicó con el ejemplo, que debió batirse con vigor para hacer entender a los suyos que el camino no era la vindicta y la retaliación, que era equivocado medir con la misma vara de tantos años, afrentas, humillaciones y muertes.

Hay una escena memorable que recrea la película sobre el líder surafricano, Invictus, dirigida por Clint Eastwood, en la cual Mandela, presidente, asiste a una asamblea de deportistas en la cual se ha decidido cambiar el emblema y los colores de los Springboks, equipo nacional de rugby que representa a los ojos de la población negra la quinta esencia del racismo. Mandela hace gala de su entereza, de su convicción y liderazgo para echar atrás la decisión convencido de que en la nueva Suráfrica no es posible un racismo al revés. La película tiene secuencias memorables de resolución de los miedos y temores de ambos bandos y en su conjunto, a través del desarrollo de la competencia mundial, es una metáfora del país que bajo el pensamiento de Mandela comienza a renacer. Ese es el verdadero gigante que recibió sepultura en días pasados bajo el sentimiento de pesar de todo el planeta.

2. Es una falta de respeto, diría más, un insulto a su memoria, a la conciencia democrática y libertaria del mundo, comparar a Nelson Mandela con el “gigante” criollo. Mandela padeció cárcel por luchar contra un régimen infame condenado por todas las democracias del planeta. Sale de prisión con la mente en alto, a reconciliar a su país y, elegido popularmente presidente, lo logra. Derrota el vergonzoso apartheid. Culmina su mandato y se retira a una vida modesta, sin protagonismo excesivo en la vida pública de su país.

3. La propaganda oficial, en su desmesura, empleo hiperbólico del lenguaje y cursilería (vg, primera combatiente) ha acuñado el calificativo de comandante invicto (sic) para referirse al fallecido expresidente venezolano. Más allá de la extravagancia, es una falsificación de la historia porque Hugo Chávez fue derrotado el 2 de diciembre de 2007 en su inconstitucional intento de reformar la Constitución para permanecer de por vida en la Presidencia. No entro aquí en detalle sobre las condiciones fraudulentas en cuales se realizan las elecciones en Venezuela. Tampoco me detengo en gimnasias cuantitativas para demostrar si oficialismo u oposición tienen más o menos votos. Sólo quiero poner de relieve que Chávez es el creador de un repugnante apartheid en Venezuela, ya no por el color de la piel sino por el “color” de la opinión política. Sólo los “rojos rojitos” pretenden tener patria. El himno que entonaba Chávez y que hoy se oye repotenciado como parte relevante de su legado es el grito de “no volverán”.

La forma grotesca como Maduro, fiel heredero de su padre putativo, se refiere a líderes fundamentales de la oposición tildándolos de pelucones, de drogos, de vagos y asesinos no tiene parangón ni siquiera en la Suráfrica racista y opresora que derrotó Mandela. El legado de Chávez es una sociedad dividida, donde sus sucesores no tienen el mínimo respeto por quien piensa diferente.

Mandela deja una Suráfrica unida. Chávez y su heredero forzado abonan en una Venezuela partida.

Comparar a Chávez con Mandela es insultar la memoria de la humanidad.