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Eli Bravo

Inspirulina: La vida es eso y mucho más

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La vida es a veces jodida, muy cierto, y a veces es maravillosa | Ilustración: Alejandro Ovalles | jaoc28@yahoo.com

La vida es a veces jodida, muy cierto, y a veces es maravillosa | Ilustración: Alejandro Ovalles | jaoc28@yahoo.com

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La vida sí que es jodida”, comentó mi amigatras un breve silencio. Madre divorciada con dos hijos adolescentes, uno deellos autista, Meme es una mujer fabulosa que brega diariamente por lafelicidad de su familia. Pero su comentario no tenía que ver con ella sino conClaudia, un ser radiante, elevado, que entregaba amor en cada sonrisa. Pocosdías atrás había fallecido y la noticia fue como un sablazo en el alma.

“La vida es jodida ymuchas cosas más”, fue lo único que atiné a decirle.

Toda muerte abrepreguntas, pero ésta, por lo cercana y sus circunstancias, mucho más. ¿Cómo esposible que una mujer con una vida tan sana y espiritual se apagara de esamanera? A Claudia le habían diagnosticado un tumor cerebral apenas dos semanasatrás. El dolor de su partida se sumó al que ya sentíamos los amigos y lafamilia porque diez meses antes, su hermana Andreína, otro ser maravilloso,profesora de yoga y madre entregada, había fallecido en un trágico accidente.Ambas se fueron en menos de un año, así de golpe, dejándonos a todos con unaprofunda tristeza y preguntándonos cómo es posible que la vida se las llevaraprecisamente a ellas, personas tan llenas de una hermosa energía, madres deniños pequeños, esposas de hombres que las amaban infinitamente. Ellas, dospersonas de luz. ¿Es que acaso la vida no entiende de justicia?

Claudia tocó mi vida muyhondo. Hace más de veinte años, durante una época intensa y asombrosa,bailamos, viajamos, reímos y lloramos. De allí quedo una relación tejida con amorgenuino que el tiempo se encargó de adornar. Al verla te invadía una alegríacálida, una emoción enlazada a su corazón generoso, así como una de lassonrisas más hermosas que he visto jamás.

De aquellos momentosrecuerdo especialmente un domingo que Claudia me invitó a subir al Ávila.Quería mostrarme su lugar secreto en la montaña. Ascendimos sin prisa,disfrutando el aire y los árboles; de pronto tomó un sendero casi invisiblehasta alcanzar unas rocas de gran tamaño. Desde lo alto, entre ramas y musgo,manaba un riachuelo que, tras hacer pausa en un pozo cristalino, seguía sucurso montaña abajo. “¿No es hermoso?”, preguntó mientras mojaba sus piesdescalzos en el agua. Sin duda lo era. Jamás he regresado a ese lugar que soloClaudia conocía.

Ahora, cuando pienso en ambas, cuando escucho y leo a tantos amigos devastados con sus partidas,atónitos ante el vacío y las misteriosas formas que tienen la vida y la muerteante nuestros ojos, el recuerdo de aquella tarde de domingo adquiere un nuevosignificado.

Claudiay Andreína, al igual que tú y yo, son parte del río de la vida que nos vallevando. Ambas fluyeron en este pozo donde todos nos sumergimos y conectamosdurante un tiempo. Luego ellas siguieron río abajo, como nos ocurrirá a todos,mientras experimentamos cosas maravillosas: regar otras raíces, evaporarnos aratos, colarnos entre las rocas o regresar como una lluvia. ¿Acaso no somostres cuartas partes de agua? Nos transformamos, de alguna forma u otra ocurre.

La vida es a veces jodida, muy cierto, y a veces es maravillosa. También es muchas otras cosas. Endefinitiva, es como es, aunque no podamos entenderla. Y es fascinante laoportunidad que nos brinda al cruzarnos con seres que nos llenan el corazónhasta rebosar. Observando nuestra humanidad tan vulnerable, mortal eimpermanente, sobre todo cuando esta se revela con mayor intensidad; sea por eldolor y la rabia de las despedidas o la apreciación del regalo que significacada presente.

Cagüi,nos vemos en algún lugar de la montaña.