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Eli Bravo

Inspirulina: Las tres caras de la felicidad

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Ser feliz no se trata de vivir en una euforia permanente o un ataque de risa constante. La verdadera felicidad es más profunda | Ilustración: Alejandro Ovalles

Ser feliz no se trata de vivir en una euforia permanente o un ataque de risa constante. La verdadera felicidad es más profunda | Ilustración: Alejandro Ovalles

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Cada quien tiene su idea de lo que significa ser feliz, bien sea por la experiencia de haberlo sido en algún momento o, mejor aún, por vivir el presente con una sensación base de felicidad que se mantiene inalterable ante los altibajos del día a día. Al igual que los bombones, la felicidad cuenta con muchos envoltorios y sabores, pero, según MartinSeligman, considerado el padre de la psicología positiva, existen tres niveles que marcan su evolución: el placer, el compromiso y el significado.

De otra forma, si la visualizas como ondas en expansión, la felicidad es una energía que nace del goce interno para crecer y alcanzar a la humanidad.

El primer nivel es la felicidad placentera. Se trata de la agradable sensación física y mental que llega cuando haces aquello que te causa placer. Personas queridas, lugares especiales, actividades que te gustan, todo lo que te traiga emociones positivas contribuye a tu nivel básico de felicidad, especialmente si eres capaz de saborearlo y apreciarlo en el momento. Sin embargo, Seligman no se limita al ahora, que sin duda marca la experiencia de vida; también abarca el pasado y el futuro.

Hacia atrás, usando el perdón y el agradecimiento como herramientas para sanar heridas, mas sobre todo almacenar las vivencias placenteras como una "reserva emocional", con el fin de afrontar los días difíciles. Y hacia adelante, echando mano de la esperanza y el optimismo para despejar el horizonte de nubarrones.

Un nivel más arriba de las sensaciones placenteras se encuentra la felicidad que surge cuando nos comprometemos con nuestras virtudes y fortalezas. Ya no se trata de simplemente pasarla bien, sino de conocernos mejor para vivir a plenitud nuestros potenciales. En un amplio estudio que realizó junto con el doctor Christian Peterson, Seligman identificó seis virtudes que conducen a una felicidad comprometida: sabiduría, valor, amor, justicia, moderación y espiritualidad. Al cultivar estas virtudes en nuestros pensamientos y acciones vamos construyendo una sólida base de felicidad que no se limita a nosotros, pues comienza a extenderse a los demás.

Así aparece el tercer nivel, el de una vida con significado y propósito: vivir para algo más grande que nosotros y que nos trasciende, mientras damos a la humanidad lo mejor que tenemos.

Suena grosso ¿cierto? Pero no se trata de ser la Madre Teresa o Buda (aunque ambos personajes son profundamente inspiradores), sino que tiene que ver con vivir de forma amable, bondadosa, entregada, y concentrar la atención en obras que permitan desarrollarnos como personas a la vez que conectamos con los demás. De esta forma, la felicidad deja de ser un asunto personal para convertirse en una experiencia compartida.

¿Qué tal trabajar en tu felicidad para que esa energía crezca y reconforte tu vida y la de las personas que te rodean?

Ser feliz no se trata de vivir en una euforia permanente o un ataque de risa constante. La verdadera felicidad es más profunda. Es una roca madre sobre la cual disfrutamos los días de luz y transitamos los momentos espesos. Tiene que ver con las emociones, pero más allá de eso, está conectada con la forma como decides vivir. Suena a frase hecha; sin embargo, es verdad: ser feliz es una elección. Llevar esa felicidad a otro nivel es algo que puedes hacer ahora mismo. Solo tienes que trabajar en ello.