• Caracas (Venezuela)

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Marta Colomina

Insolvencia moral y financiera del régimen

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La confirmación de acuciosos periodistas sobre las sórdidas interioridades del terrible asesinato del diputado Serra, la feroz censura a los medios y las mentiras difundidas por el gobierno para silenciar la verdad, se constituyen en otra contundente prueba de la inmoralidad oficial. Ocultamiento aplicado también en el grotesco montaje sobre el asesinato del fiscal Anderson y la tergiversada versión del sanguinario crimen de Eliécer Otayza, cometido por una numerosa banda de jóvenes delincuentes y sobre el cual Maduro traslada la culpabilidad al “terrorismo” del Imperio y al comodín del expresidente Uribe. Los presos políticos Leopoldo, Scarano, Ceballos y otros –todos con expedientes forjados por la anuencia de un Poder Judicial envilecido– son prueba del carácter dictatorial del régimen y su carencia de moral. Los “colectivos” armados con derecho a delinquir y acosar a la disidencia son hechura del chavismo, como la corrupción desbordada con la que han dilapidado los recursos de la cuantiosa bonanza petrolera, expresada en las enormes fortunas de los nuevos ricos boliburgueses y la regaladera a todo cuanto país expresaba su simpatía por el régimen, sin olvidar el despilfarro en equipos de guerra innecesarios, dado que no son para combatir el hampa y la criminalidad que acosa a los venezolanos, sino para enemigos e invasiones inexistentes. Recordemos también las confiscaciones que acabaron con la producción agrícola y pecuaria del país, hasta llegar al desabastecimiento criminal de hoy, sin divisas para importarlos. Las fincas robadas son ahora un peladero y los parques industriales, ruinas similares al abandonado edificio La Francia, imagen de las derruidas e inhabitables construcciones en las que los Castro condenaron a vivir a los cubanos.

El enorme endeudamiento del país en medio de la bonanza petrolera más gigantesca de nuestra historia no solo es irresponsable, sino inmoral. En 15 años no se han hecho inversiones en infraestructura: no han construido represas, ni vías de penetración agrícola, ni autopistas, escuelas, cárceles y ni siquiera han mantenido lo heredado, como prueban el desastre del sistema eléctrico, los cráteres de la vialidad o la ruina de las refinerías, sobre cuya refacción a un costo de 20.000 millones de dólares (que el gobierno no posee) Pdvsa nos miente de nuevo, porque más de 75% de su presupuesto en 2015 se irá en burocracia, tal como revela el inaplicable presupuesto general, del cual la deuda se comerá 20%; los gastos de seguridad y viajes de Maduro aumentarán en 82,3%, y con el gigantesco embuste de una inflación entre 25% y 30% el próximo año (la de alimentos este año supera el 100% y la escasez, según Fedecámaras, está en 85%). Con la caída de los precios del petróleo a escala mundial y la baja de la producción de crudo en el país (Chávez recibió Pdvsa en 1998 en 3,5 millones de bd y hoy está en 2,3 millones), Venezuela ha devenido en un país sin solvencia moral ni financiera.

En 2015 nuestras penurias serán mucho peores que las de 2014, tal como confirma la declaración de Maduro sobre la imposibilidad de solicitar nuevos préstamos “a la banca capitalista mundial” por los altos intereses originados en el alto riesgo del país, el peso de la enorme deuda y el default por más de 50.000 millones con diferentes sectores internos a los que el gobierno ha llevado a la ruina (solo la industria nacional debe a proveedores extranjeros más de 10.000 millones de dólares).

Hay pesimismo sobre los precios petroleros por las previsiones a la baja de las economías de Estados Unidos, la Unión Europea, China y otros; el aumento de la producción petrolera de Estados Unidos, y las declaraciones de Arabia Saudita y los Emiratos que no están dispuestos a defender un precio alto, tal como piden Irán, Venezuela y otros países que derrocharon los cuantiosos ingresos de la bonanza petrolera. Así que la súplica de Ramírez para que la OPEP recorte su producción caerá en saco roto. Los costos de producción de Arabia Saudita y Emiratos son bajos, a diferencia de la escalada en Pdvsa con una nómina de 115.000 personas y un despilfarro descomunal (Chávez la recibió en 1999 con 42.000 empleados).

Maduro ha puesto al país en coma. Calculan 77.000 empresas quebradas por sus medidas económicas. Según analistas de Harvard, su pésima administración llevó a Venezuela con un PIB per cápita (ajustado por inflación) 2% inferior al de 1970, a pesar de que los precios se han multiplicado por 10 desde entonces. Maduro nos miente sobre “otras opciones” crediticias a las de la “banca capitalista mundial”. El “corralito” no le sirve, porque el BCV no descansa en su producción delirante de dinero inorgánico que estimula la inflación. Lo que se necesita son divisas. A Rusia no puede acudir porque la caída del petróleo aumenta su vulnerabilidad y nuevos préstamos de China lucen improbables. ¿Se verá obligado a dirigirse a su archienemigo FMI, u optará por la hambruna y la represión generalizadas de los Castro, que ya apuntan sin recato en la práctica oficial de Maduro?