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Milagros Socorro

Inmoral

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A menos que se produzca una nueva alocución, la cadena audiovisual del sábado 8 de diciembre fue no solo la despedida de Chávez sino un epílogo cabal de su legado.

Esa perorata supuso su testamento, pero no solo por haber designado a Nicolás Maduro como su candidato para sucederlo, sino también porque quedó expresada con toda nitidez la marca de irregularidad que Chávez ha impreso en la cultura política de Venezuela y en la vida del país, que mucho agobio ha derivado del nefasto aporte.

Al dirigirse al país para admitir que seguía enfermo de gravedad, Chávez dijo que antes de venir a Venezuela, tras recibir los estudios médicos con la constatación de su deterioro, se había reunido con Fidel y Raúl Castro y, según dijo, "evaluamos"... Qué fue lo que evaluaron. No será el cuadro clínico, puesto que los Castro no son médicos. Lo que evaluaron fue a Venezuela, lo que concierne a este país y a los venezolanos. Lo que Chávez aludió como "evaluación" es la flagrante entrega de soberanía que el régimen ha hecho frente a la dictadura cubana. Este es un crimen que se ha perpetrado con la coartada de la revolución, que es la justificación de las reiteradas violaciones a la Constitución Nacional hechas por el Presidente de la República y sus cómplices.

La convalecencia del jefe del Estado en Cuba y esa "evaluación" hecha en la madrugada, según las propias palabras de Chávez, son pruebas que nos echan a la cara de que la soberanía de Venezuela ha sido pisoteada sistemáticamente, que no tenemos la más mínima autonomía, y que el destino de nuestro país ha sido puesto en las manos de los tiranos de Cuba y su aparato de inteligencia militar. Esta humillación ha sido permitida y auspiciada por los militares venezolanos, quienes, en una rendición sin precedentes, han aceptado ponerse a las órdenes del G-2 cubano, ente que gobierna a Venezuela y ha organizado el expolio de sus recursos para mantener la extenuada economía de la isla.

En la monserga del 8 de diciembre, Chávez hizo exhibición de la manera como dispone del patrimonio físico y simbólico de Venezuela al mandar que le trajeran "la espada de Bolívar, la espada del Perú, la que le dieron a Bolívar en el Perú 1824". Hizo la solicitud sin que viniera a cuento, solo para demostrar que hace lo que le da la gana con el inventario del país.

No le hicieron caso, nadie hizo ademán de movilizarse a buscar la pieza, pero ya el mandón había dado testimonio de que, aún en las postrimerías de su vida, puede seguir malbaratando el tesoro de la nación, incluido un objeto que debería reposar en un museo, a buen resguardo de las agresiones provenientes de la temperatura, la humedad, la luz y los contaminantes presentes en las manos.

Al día siguiente, se difundiría un video propagandístico donde aparecía Chávez manipulando la espada de Bolívar (suponemos que la original, como había dicho la noche anterior, no una réplica como la que dio a Gadaffi, Mugabe y, desde luego, a Raúl Castro).

Los venezolanos tuvimos que soportar la visión del mandatario dándole golpes contra el piso a la espada de Bolívar, que por ser metálica requiere condiciones de conservació n especiales; pero, sobre todo, que no puede convertirse en el juguete de ninguna individualidad por encumbrada que sea o por contadas que estén sus horas, puesto que las colecciones de los museos no son amuletos, trofeos ni partes de vestuario. El punto es que la forma grotesca como Chávez ha utilizado esta arma del Libertador es un reflejo de su conducta en la administración de los recursos del país y de sus instituciones.

El otro desempeño inmoral, también mencionado en el citado discurso, es el relacionado con las elecciones del 16 de diciembre, en las que el oficialismo tendría "propuestas, ideas, altura de debate". Muy lejos de eso, lo que en realidad vimos fue un vergonzante uso de los medios del Estado para ganar una ventaja inmensa sobre el adversario democrático.

Después de que en 2009 el gobierno central revirtió la competencia de los estados en los puertos de El Guamache, en Nueva Esparta, Puerto Cabello y Maracaibo, y de los aeropuertos La Chinita y Arturo Michelena, con el objetivo de asfixiar a las gobernaciones, este año instalaron gobiernos paralelos en ciertas entidades, encabezados por virreyes como Arias Cárdenas, que manejaron inmensas sumas de dinero sin contraloría, para abultar las propias fortunas y pactar un compromiso clientelar. Esta fue otra flagrante inmoralidad, que algunos electores tuvieron ante sus ojos y premiaron con su voto..