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Ramón Hernández

Injusticia roja

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La república que desde el 5 de julio de 1811 sustituye a la Capitanía General de Venezuela ha solicitado a Estados Unidos de América la liberación de cinco agentes cubanos que se habían infiltrado en la comunidad isleña de Florida y cumplían labores de delación, espionaje, policiales, contrainteligencia y otras tareas que traicionan la confianza y la amistad.

Los cinco agentes de la Dirección General de Inteligencia de Cuba fueron apresados el 12 de septiembre de 1998 acusados de trabajar en territorio estadounidense al servicio de una nación extranjera, cargo que aceptaron y justificaron con el argumento de que tenían como misión evitar que en la isla se realizaran actos terroristas. Desde que iniciaron operaciones en Florida el único acto de este tipo lo perpetró la Fuerza Aérea Cubana, que en 1996 derribó en aguas internacionales dos avionetas Cessna Skymaster del grupo Hermanos al Rescate. Esas aeronaves no estaban artilladas ni ofrecían peligro alguno para La Habana. Su función era avistar balseros y darles ayuda para llegar a tierra firme.

Uno de los cinco espías fue condenado a dos cadenas perpetuas más quince años de prisión, por esas reminiscencias medievales del Derecho anglosajón, pero ya uno fue puesto en libertad. René González Sehwerert sentenciado a quince años de cárcel, fue liberado en octubre de 2011 y comenzó a cumplir tres años de probatoria en Miami. En 2012 le dieron permiso para visitar en Cuba a su hermano Roberto que agonizaba de cáncer. René regresó a Florida y en abril de 2013 volvió a visitar a su familia por el fallecimiento del padre. Su abogado le propuso a la juez Joan Lenard que René se quedara en Cuba a cambio de su renuncia a la ciudadanía estadounidense. Se lo concedió y está libre en la isla.

En un juicio que pasará a la historia venezolana como el más irregular, Iván Simonovis fue condenado a treinta años de prisión, sin que se probara una sola de las acusaciones ni la investigación demostrara que alguno de los comisarios hubiese disparado u ordenado disparar. En las condiciones de reclusión más crueles e inhumanas, sin poder tomar sol y en un calabozo húmedo, sin luz y sin aire, su salud se deterioró. Hoy sufre veinte enfermedades, todas demoledoras. Su vida peligra y Luisa Ortega Díaz le niega una medida humanitaria basada en premisas falsas. El presidente pide la libertad de los cubanos, y nos sumamos; fue una condena excesiva, como ha sido injusta y violatoria del Derecho la de Simonovis. El corazón que sirve para mediar por los otros también debe servir para salvar a un venezolano, aunque tenga apellido polaco, como los antepasados que llegaron a finales del siglo XIX. Remato