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Pedro Conde Regardiz

¿Incuba la guerra en Venezuela? (I)

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¿Qué hay de nuevo? Tiembla tierra.

En La Haya incuba la guerra.

Rubén Darío


Parafraseando el verso de Rubén Darío diríamos que incuba la guerra en Venezuela y que tiembla la tierra en Chile y México. El verso de Rubén Darío que cito pertenece a un poemita profético titulado “Agencia”, y está recogido en su libro El canto errante que data de 1907. No muchos años antes de la inesperada Guerra Mundial de 1914. Incubadoras de terribles guerras suelen ser, según el poeta, las grandes asambleas internacionales. Como sucede ahora en las Naciones Unidas y la consiguiente actividad diplomática, sobre todo en Europa, a causa de la lucha por los despojos de la antigua Unión Soviética; las invitaciones que se hacen a dialogar en Venezuela y la de Putin, acusado de auspiciar una guerra mundial por la situación de Ucrania, la negociación con Irán como la supremacía china respecto a Japón y demás países del Lejano Oriente, se muestran como incubadoras de hostilidades bélicas.

Tergiversando tal vez el famoso y nefasto dicho clásico de “si quieres la paz prepara la guerra”, se diría, según este aforismo latino, y ladino, que cuando se habla y discute mucho de paz y de las paces que pueden asegurarse a sí mismas para que la guerra no suceda, esta se adelanta y precipita como si la hubiese provocado, involuntariamente al parecer; porque ese parecer se hace como expresa voluntad pacificadora. Algo muy parecido a lo que ahora sucede con el terrorismo de Estado de Maduro y Rodríguez Torres. El primero habla tanto de paz que origina inquietudes, sospechas; el segundo violenta, por órdenes de aquel, con la policía y la guardia, la Constitución, derechos humanos, libertades, apoyados en jueces carentes de juicio imparcial, son instrumento político del régimen. Hasta modificaron el nombre del organismo represor, policíaco, por excelencia: Ministerio de Interior, Justicia y Paz. ¿Quién podría imaginar otra contradicción tan estrafalaria? Es posible que para ellos no lo sea, puesto que en el fondo quieren decir que la paz se consigue con represión, jueces venales, sin independencia, tal como ha sucedido en los últimos dos meses y medio, hasta el pasado 29 de abril, y que ha arrojado 42 muertos, 2.500 detenciones, 1.406 en libertad con medidas cautelares y 106 presos, enviados a los antros del crimen como son las cárceles venezolanas, cifra esta ahora superior, en la que sobresale la de una estudiante embarazada de 22 años, que muestra la cara negra, la crueldad de los personeros del gobierno.

En Caracas se han reunido, estos pasados días, los representantes del gobierno con los de la Mesa de la Unidad, que no representa “la Oposición” sino “la oposición”, con minúscula, por ser una minoría, light, del sentir opositor auténtico encabezado por los estudiantes, Voluntad Popular y María Corina con su abrumador apoyo, quienes son los verdaderos poseedores del capital político que surge de sus luchas y sobre el cual pretende cabalgar “la oposición”, para asegurarnos que estamos en una paz terriblemente amenazada de perderse: una paz rodeada de represión, muertos, detenciones, desaparecidos, por doquier. ¿Quién puede creer que en sus oscuras entrañas escondidas de la implacable represión está la paz?

Y la sombra espectral de aquel verso, de aquellos apocalípticos versos de Rubén Darío, acuden a nuestra memoria, involuntariamente también, con sugestión maligna. Pensamos que si, como entonces, estas reuniones pacificadoras coinciden con tan espantosos terremotos, serán, a su vez, proféticos registros sismográficos; aterrorizantes augures de conmociones catastróficas; impotentes para prevenirlas y evitarlas. Pero tal vez son sus provocadoras fatales. De tal modo que el clásico consejo se nos invierta y convierta en este otro: cuando tanto y a tantos oigo hablar de paz, prepárate para la guerra. Y sigue diciéndonos el genial poeta: Los rayos han terror profundo/ Huele a podrido en todo el mundo.

psconderegardiz@gmail.com