• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Pedro Llorens

Importamos mercenarios

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Si algún alivio puede sentir Bigotón, luego de hacer un balance de su mediocre andadura “revolucionaria”, es el de haber ingresado, aunque por vía sucesoral, en el templo de los grandes embaucadores en tiempos de decadencia: Nerón, Hitler, Mussolini, Stalin, Franco, Perón, Fidel, Raúl y hasta el populista ecuatoriano Abdalá Bucaram, destituido por incapacidad mental al año de haber asumido la presidencia, lo que no pudo hacerse con Corazón de mi Patria en su oportunidad.     

Leonardo Padura, en su libro El hombre que amaba a los perros, afirma que, “como todos los dictadores, Stalin había seguido la gastada tradición de acusar a sus enemigos de colaborar con una potencia extranjera”, mientras acumulaba el poder suficiente (desde la secretaría general) para exterminarlos… y Lenin reprochaba a quien llegó a ser el “padrecito” de varias generaciones de comunistas en todo el mundo que “su especialidad era incumplir compromisos”, suficiente para terminar de no entender lo ocurrido durante casi un siglo en un país, (y también en muchos otros: Cuba 55 años, Venezuela 15 años), idealizado por muchas de las mentes más lúcidas del mundo que vieron en él la panacea universal de todas las injusticias sociales.

Bigotón se aprende discursos viejos de Corazón de mi Patria (copia gestos, modulaciones de la voz y el histérico enfurecimiento propio de quien, obligado a respetar más que nadie, ofendía a diestra y siniestra porque se sentía intocable)… acusa a Estados Unidos de flagrante intervención cuando el vocero de Obama expresa la preocupación de su gobierno por la violencia desatada en Venezuela (en lo que coinciden casi todos los mandatarios de países democráticos y no pocas figuras políticas, intelectuales y del espectáculo) y utiliza a su lebrel diplomático Roy Chaderton para que le haga guau guau al Departamento de Estado por  participar en un atentado supuesto atentado contra su jefe.    

Cuando el gobierno se convenza de que los problemas del país no se resuelven con leyes redactadas en La Habana…de que la implementación de medidas del Estado a todo nivel no requiere de asesores venidos de Cuba… y de que la respuesta a las protestas de los ciudadanos en la calle no requiere la utilización de mercenarios cubanos, habrá dado un paso para resolver el problema de las dos Venezuela y descubrirá que la golpista, fascista, corrupta y apátrida es la suya.