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Arnaldo Esté

Implosión II

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No es de buen gusto el “yo te lo dije”, pero yo te lo dije.

La semana pasada, en esta columna hablé de implosión y desgajamiento. Eso no era original, ya otros lo habían dicho, casi como un deseo. Pero aquí está, el gran visir se desgajó.

Escribe una carta que lo descubre como honesto, pero no como acertado. Dice muchas cosas en su descargo, pero muy poco de autocrítica. Fue el mayor diseñador del raspado de olla, de este país desarticulado y endeudado que tenemos.

Fracasó su concepción. En la política como en la guerra las concepciones fracasan por la derrota. Tanto la política como la guerra son asuntos sociales: la complejidad manda. Como en toda complejidad las abstracciones teóricas son chucutas. Son los mundos de lo no cuantificable, de lo no abstraíble.

Lo anterior suena como argumentación del pragmatismo, que es un término muy usado por los medios de comunicación para referirse a los oportunismos de tono conservador.

Pero pragmático también puede ser una de fusión, de hibridación, de concepciones que buscan abrirse paso hacia lo realizable. (Por cierto, en la música como en el fútbol también vemos la hibridación cultural: los negros aparecen con gran brillo por todas partes).

Seguirán los desgajamientos, en la medida en que las múltiples crisis –social, económica, política– convergen hacia la crisis general y sus efectos éticos: se pierde la cohesión, y la fidelidad al legado mesiánico –que es el que el visir invoca– no responde.

Dicen, y no les falta razón, que este no está solo. Que son muchos y que, tal vez, estén organizados. Si es así, ya no hablaremos de desgajamientos sino de división. Las divisiones cuando se incuban suenan a cosa precipitada, pero ahora la incertidumbre y las flaquezas del liderazgo, que el personaje denuncia, le dan agarres.

El gobierno, libre de este ultroso, parece que tendrá ahora manos libres para reformas y, con ellas, reapertura del diálogo. ¡Ojalá! Pero, ¿cómo agarra a los opositores este rollo? Más de uno sorprendido, más de uno sin respuesta.

De ese lado hay también ultrosos, superficiales y recetados que piensan que con salir del gobierno se resuelven todas las cosas. La reconstrucción del país quedará pendiente y ella no se puede hacer, ni siquiera iniciar, sin el esfuerzo de todos.

Hay que buscar lo que aún aparece imposible, distante. Dicen también que con la gente del gobierno no debe haber “negociaciones, ni pactos”. La ingenuidad hace olvidar que la política es justamente eso: negociaciones y pactos.

Hora de reencuentros y discusiones en tono modesto, cosa que la inmadurez, a veces adolescente (con el perdón de estos), ve todo camino largo y distante.

Mantener la presión, acercarse a todos aquellos que bajaron la dignidad frente a la limosna, postergar las inevitables urticarias y piquiñas individuales… Es decir, buscar el oficio político.

Todo eso en la ruta hacia un gobierno de transición, de coalición que permita la convergencia de los más capaces.

 

@perroalzao