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Sergio Monsalve

Imágenes de protesta

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Por un cine insurgente, de protesta, sin censura. Cuesta encontrarlo en la actualidad, pero existe. Antes era la moneda corriente de los circuitos periféricos. Lo proyectaban en sesiones clandestinas para un público selecto, algunas veces de élite. Podemos rastrear sus orígenes en Mayo del 68. Sin embargo, la paternidad del movimiento corresponde a la escuela soviética, hasta cuando Stalin le propina una herida de muerte. El tirano del mostacho cercena la libertad de expresión de los realizadores rusos, condenándolos al exilio, a la prisión del silencio. En Cuba sucede lo propio, así como en el resto de las dictaduras de América Latina. Desaparecen a directores en Argentina y Chile. Patricio Guzmán es perseguido político de Pinochet, después de rodar su obra maestra. La misma mala suerte corre Pino Solanas por filmar La hora de los hornos, documental de gran influencia para los creadores del continente.

La vanguardia estalla en Brasil, Colombia, México y Venezuela. Surgen las miradas combativas de Glauber Rocha, Luis Ospina, Carlos Rebolledo y Ugo Ulive. La crítica vive un momento estelar desde  Buenos Aires hasta Caracas. Rodolfo Izaguirre, Fernando Rodríguez, Alfredo Roffe y Juan Nuño deciden plantarle cara a la mediocridad de la cartelera, abogando por la diversidad de la oferta, ahogada por los monopolios. Cuestionan a los exhibidores, a los distribuidores, a los productores.

Las letras acompañan la insurrección general de las imágenes desafiantes. El poder se hace el sordo, no sabe cómo responder a la altura de las circunstancias. Ignora los reclamos, los subestima, los esconde debajo de la alfombra. Al caer el muro de Berlín, la revuelta empieza a cesar. Los disidentes pierden espacio, mientras las subversiones derivan en consensos agridulces. Las pantallas se unifican alrededor del eclipse de las ideologías duras, el fin de la historia y la globalización del consumo estandarizado.

No obstante, al llegar el cambio de siglo ocurre un verdadero despertar, un auténtico renacimiento de la conciencia alternativa. El 11 de septiembre, las guerras del Medio Oriente, la Primavera Árabe y las nuevas tecnologías encienden la mecha de una explosión internacional de la resistencia. La no ficción denuncia los atropellos y las violaciones de los derechos humanos. Las películas independientes evidencian las crisis de los modelos de la derecha y la izquierda, del capitalismo y el comunismo. Las incongruencias de unos y otros son puestas en tela de juicio.

El poder intenta acallar a los transgresores por cualquier medio. A corto plazo, la estrategia de la mordaza parece rendir frutos. A la larga, el esquema se revierte y fluye por las redes sociales. Hoy los estudiantes y jóvenes no se dejan intimidar por las amenazas de un gobierno represor. Graban videos con sus cámaras digitales y los cuelgan de inmediato en Youtube, para desnudar las agresiones perpetradas por el complejo militar.

Ahora el ciudadano es el equivalente del cineasta comprometido de antaño. No importa la calidad del formato, el tamaño del lente, la definición de la fotografía. Solo cobra valor el contenido urgente y viral ante la falta de información, promovida por el Estado. De tal modo, los límites del séptimo arte se expanden. Ojalá siempre sea en beneficio de la lucha contra la impunidad.