• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

Ideas marchitas, insultos y Montaner

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La verdad, Capriles le hace perder los papeles a Chávez con suma facilidad. Eso no es buen indicador, para quien se creía dueño y señor absoluto del patio, acostumbrado a que ningún contrincante le hiciera peso.

Ahora la situación es diferente y el "Señor de los Insultos" pierde, con facilidad, la compostura. Escuchar al candidato a la reelección indefinida, en un acto de trabajadores (en el estado Vargas), referirse a su contrincante en la forma como lo hizo demuestra un desequilibrio peligroso.

No fue algo nimio lo que vieron y escucharon los televidentes de VTV durante ese evento. Sentí pena ajena por el orador cuando lo escuchaba referirse a Capriles llamándolo, a gañote tendido, "jalabolas del imperio" y de lo que se le ocurría en ese momento. Si algo tiene la televisión es que no engaña.

Pues bien, en la referida concentración apareció un hombre inseguro que, a todas luces, presiente la derrota ante un retador de 41 años de edad, que ha logrado llegarle al corazón de los venezolanos de manera directa, sencilla, sin muchas poses ni adornos y, mucho menos, alguna traza de arrogancia.

 Qué triste para cualquier aspirante a la Presidencia tratar de vencer no a base de convencer, sino infamando y ofendiendo al adversario, como ha sido la costumbre del militar devenido en presidente. Ahora, es distinto.

Se acabó la magia del encantador de serpientes de otros tiempos. Su identificación con la gente de menores recursos se diluye sostenidamente. Él lo sabe. Eso lo atormenta y lo lleva a cometer torpeza tras torpeza.

Tener razón no se gana gritando más alto, utilizando un leguaje vulgar. Su oportunidad se le escapa entre los dedos. En sus manos se perdió una Venezuela y no nació otra.

Vivimos en un mundo surrealista donde cualquier despropósito es posible, casi como si estuviéramos inmersos en un circo del absurdo. Persistir en el empeño de sofocar el país con amenazas, descalificaciones y bravuconadas ya no resulta convincente.

De tanto repetir lo mismo se ha tornado predecible, fastidioso. Suena a más de lo mismo. A reiteraciones cansonas que a nadie meten miedo. Chávez ya es una rutina en sí mismo. Es el drama de todos aquellos que han pretendido eternizarse en el poder, haciendo del poder un fin en sí mismo.

 Sus ideas marchitas, sus promesas recurrentes, contrastan con los planteamientos de progreso, inclusión, de creación de empleos con calidad, de seguridad ciudadana y de dinamización de la economía de Henrique Capriles.

Esta campaña electoral se ha convertido en una confrontación, en un cotejo entre el futuro (Capriles) y un pasado militarista de ineficiencia, corrupción e indolencia (Chávez).

En fin, Capriles representa el tránsito hacia una Venezuela posible, donde todos sus ciudadanos, independientemente de su condición, tengan igualdad de oportunidades, garantizadas por un gobierno responsable y comprometido con la justicia social.

¡Ah!, y para aquellos que todavía siguen con la cantaleta y majadería de que el voto no es secreto (o sea, de que los empleados públicos, beneficiarios de las misiones y contratistas del Estado serán identificados), les digo que esas pamplinadas no son ciertas. No hay manera de hacerlo.

Por cierto, en ese grupo incluyo al intelectual cubano Carlos A. Montaner, quien, haciendo el papel, quizás, de tonto útil y desde la distancia, cometió la ligereza (extraña en él) de opinar sobre lo que no conoce y, peor aún, con base en un cuento que le refirió un señor de origen norteamericano que reside aquí desde hace muchos años. Con propiedad y claridad de argumentos, el rector Vicente Díaz desmontó su especulación de forma respetuosa pero muy contundente.