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Guillermo Vargas

Ice Wines: Vinos de uvas congeladas

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El  ice wine, eiswein o vin de glace –en inglés, alemán o francés respectivamente– se elabora con uvas que permanecen en la planta hasta que se congela parte del agua contenida en el mosto, con lo cual se concentran azúcares y otros sólidos disueltos. Al prensar los racimos el hielo permanece en la prensa y se obtiene un mosto rico en azúcares, aromas y sabores, con el que se elaboran deliciosos vinos dulces, complejos y aromáticos.

La vendimia se realiza en horas de la madrugada para evitar que se descongelen las uvas, pues los cristales de hielo formados destruyen las paredes de sus células lo que hace que se descompongan muy rápidamente. Para producirlos son indispensables las heladas frecuentes.

Los romanos fueron los primeros en elaborar vinos de uvas congeladas. Lo hicieron en la localidad italiana de Val di Sousa. En 1794 comenzaron a producirse en Franconia, Alemania; y entre 1972 y 1984 en Canadá, específicamente, en el valle de Okanagan, en Columbia Británica, y en Niagara on the Lake, en Ontario.

Canadá y Alemania son los productores más famosos. Niágara es la región del mundo que más produce ice wines del mundo, y también se destacan Ontario, Columbia Británica, Quebec y Nueva Escocia.

También se producen en Estados Unidos –en Michigan, Pensylvania, Nueva York, Ashtabula y Ohio– y en Austria, Croacia, República Checa, Dinamarca, Francia –en Alsacia– y Hungría.

Riesling es la cepa blanca más utilizada, seguida por Seyval blanc, Chardonnay, Kerner, Chenin blanc, Pinot blanc,Gewürztraminer y Ehrenfelser. También se utilizan tintas: Merlot, Pinot noir, Cabernet sauvignon, Syrah y Sangiovese.

Los de cepas blancas son vinos de color dorado pálido cuando jóvenes y en la medida en que envejecen se adquieren un color ámbar. Los de cepas tintas son de color rosado, lo que se debe a la incompleta maceración de las uvas.

Estos vinos son dulces, de mediano a alto contenido de alcohol,  y de mucha  acidez, lo que los hace refrescantes y poco empalagosos. También son de cuerpo medio,  con final largo y persistente, de  aromas complejos con notas de pera, melocotón, albaricoques, piña, higos y miel. Aunque envejecen muy bien es ideal consumirlos jóvenes, especialmente los de más alta acidez. Son ideales para acompañar postres a base de frutas y especialmente durante la sobremesa.