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Miguel Ángel Cardozo

Algunas reflexiones preelectorales y prenavideñas

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La “legalidad” en Venezuela: a propósito del proyecto de reforma de la Ley del IVIC

El doctor Ismardo Bonalde ha dado en el clavo al señalar –en su columna publicada el 9 de diciembre del corriente en El Nacional (http://www.el-nacional.com/ismardo_bonalde/IVIC-populismo_0_533946734.html)– que:

“… No son letras sobre papel lo que se requiere para elevar la excelencia del IVIC, […]. Lo que se exige es voluntad y compromiso de los líderes científicos y administrativos de la institución para interpretar y ejecutar a los estándares más altos lo establecido en la ley vigente y su reglamento. Si se quiere eliminar (o cambiar) el IVIC para crear otra institución que sea más ‘útil’, eso es demagogia. El IVIC es bastante útil y lo ha sido desde su fundación en 1959…”.

Y lo ha hecho aún más al afirmar lo siguiente:

“Parece inminente la desaparición del IVIC o un cambio en el mismo que seguro tendrá rasgos populistas que lo llevarán a ser inoperante. La esencia de esta acción es que se agrede nuevamente a la ciencia venezolana. Como se hace con las universidades autónomas a través del cerco político y económico y como se hizo en los casos de la reforma de la Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología y la eliminación del PPI”.

A todas luces, se trata de otra acción con la que, en el marco de una cuestionable “legalidad”, se pretende seguir avanzando en la solapada labor de destrucción de cualquier posibilidad de generación de capacidades que permitan a la sociedad venezolana la consecución de un verdadero desarrollo –algo que el régimen considera de crucial importancia para afianzar su aviesa hegemonía–.

Se trata de otro hilo que enmarañará todavía más la ya de por sí intrincada telaraña jurídica que, contraviniendo los más fundamentales derechos humanos, constriñe a los venezolanos a la hora de intentar ejercerlos y defenderlos, y que convierte en fatal víctima de un ilegítimo tinglado “legal” a todo el que se niega a aguardar inmóvil el momento de ser devorado por su monstruoso opresor.

Sin ánimo de entrar en discusiones bizantinas, son acciones como esa las que justifican el que con seriedad se asuma la ardua tarea de impulsar cambios sustantivos en el Poder Legislativo nacional, a fin de que se corten los hilos que mantienen cautivo al pueblo venezolano, sin que esto implique el que otras iniciativas emancipadoras no puedan ser promovidas a la par de ello.

Claro que para el logro de dichos cambios es necesario que primero se ponga coto a la obscena prostitución de otros poderes públicos.

Contra la amenaza del Grinch socialista

En tiempos más felices, el espíritu navideño venezolano prevalecía sobre cualquier adversidad, lo que no ocurría como mero afán festivo sino como una venturosa reafirmación de aquellos valores considerados entonces como la mejor expresión de la venezolanidad.

Así, por ejemplo, la preparación de la hallaca, del dulce de lechosa y de otros platos propios de la autóctona gastronomía decembrina, o la elaboración del pesebre y la decoración del árbol de Navidad, eran tan solo excusas para ofrecer, en familia, lo mejor de nosotros mismos como aporte a la construcción de una Venezuela fraterna y amable; una Venezuela propicia para el arraigo de las siguientes generaciones.

Pero hoy, dolorosamente, ello parece haber quedado en el olvido, permitiéndose de ese modo que el resentimiento, el odio y el desarraigo sigan abriéndose espacio en el alma de los venezolanos –como lo han venido haciendo en los últimos tres lustros–.

Es por ello necesario que, pese a todos los males que aquejan a la nación y sin abandonar la pacífica –pero decidida– lucha por la libertad y la democracia, cada venezolano de buena de voluntad haga todo lo que esté a su alcance para coadyuvar al rescate de unos valores que, como nunca antes, se requieren con extrema urgencia.

Pequeños detalles como sentarse con los niños de la casa a elaborar –con materiales de desecho– los adornos para el árbol y el pesebre, reunirse con los vecinos para disfrutar de los tradicionales villancicos y gaitas del extraordinario repertorio musical del país, o compartir una amena cena navideña con familiares y amigos –sin reparar en la abundancia o en la escasez–, pueden contribuir a ello y también a evitar que el malvado Grinch socialista se robe la Navidad, las esperanzas y hasta el futuro de los venezolanos.


* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.

@MiguelCardozoM