• Caracas (Venezuela)

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Ildemaro Torres

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Son muchas las razones para que sintamos la absoluta necesidad, a nombre del país como un todo y de cada uno de quienes lo habitamos y nos duele su destino, de salir de este régimen de autoritarismo militar y desempeño delictivo; y que no haya duda de participar en esa gran acción colectiva de higiene nacional, que busca recuperar el país que la barbarie ha degradado, envilecido, desvirtuado y saqueado.

Entre nosotros el aumento diario de la cuantía de asaltos, violaciones, homicidios y secuestros, alcanza terribles cifras que nos son trágicas y avergüenzan ante la comunidad internacional.

Una toma de conciencia incluye la noción de la dimensión real de los hechos, así la actitud indolente del Ejecutivo ante el incremento de la mortalidad de origen criminal, unida a lo brutal de sus propios cuerpos armados, conduce a la convicción de que son pertinentes los señalamientos a ese poder de estar incurso en delitos de lesa humanidad, pues también se puede delinquir como en esta situación, por tolerancia o inhibición cómplices.

Actualmente tenemos una diversidad de tipos a los cuales es apropiado designarlos con sus respectivos títulos, que tanto les corresponden que es válido identificarlos al mismo tiempo con sus nombres y apellidos. Ejemplos que invitan a hacerlo: Primer Usurpador, Primera Combatiente, Primer(a) Ignorante, Primer(a) Saqueador(a), Primer(a) Adulante, Primer(a) Morisquetero(a).

Viendo y oyendo al ilícito Maduro y las vueltas al mundo que está dando, con cualquier pretexto recién inventado y con dinero a manos llenas, soltando una cadena interminable de estupideces por dondequiera que va pasando, regando disparates y bravuconadas con el pecho esponjado, creyéndose interesante y haciéndose el gracioso en el ridículo empeño de proclamar un anecdotario con el Evangelio, en uso de la supuesta presencia celestial del barinés tuteándose con Cristo. ¿Qué decir? Sólo nos queda percibir la medida en que actualmente somos el hazmerreír del mundo, y constatar una vez más la demostración que debemos al amigo del pajarito parlante de que la vacuidad no es contagiosa, pegada por alguien, sino que se lleva consigo como rasgo personal, aunque sin olvidar cuánto de vivo puede haber en él bien disimulado, y que sólo se palpa al buscar y encontrar quien lo financie…

Duele la ruina de valores esenciales de la educación y la cultura, devenidos en materia manipulable por personajes elementales que juegan a ministros, y sintiéndose más importantes cuanto más crasa es su ignorancia y mayor su servilismo ante el régimen que los ubica en esos cargos. Al agresivo plan oficial antiautonómico se le suman varios factores igualmente negativos, con el agravante de que sus protagonistas son universitarios; numerosos profesionales, negando su propia formación son melosos adulantes y simples cumplidores de órdenes, de un régimen militar que abunda en muestras de sus burdas concepciones en materia educativa y cultural.

Es deber nuestro luchar por la vigencia de esa universidad que se define en su dignidad, el respeto a la pluralidad de ideas políticas y credos religiosos, la defensa irrestricta de la libertad de expresión del pensamiento, el cultivo de la ciencia y las artes haciendo del ser humano el centro de las mismas; y la que identificada con las más sentidas aspiraciones populares palpita con la vida del país, y se niega a ser una simple productora de profesionales en serie. En medio de tantas circunstancias adversas está abierta cual presencia y alentadora perspectiva la movilización nacional de nuestras comunidades universitarias, constituyendo el más calificado punto de partida para la lucha a gran escala contra el proceso de involución y degradación que padece el país.