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José Valor Oquendo

Humor en tiempos de crisis

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He tenido en repetidas oportunidades la insistente idea de escribir sobre la catarsis que produce el humor en los venezolanos. Nunca he soportado la manera en la que nos peleamos por todo entre nosotros mismos, hasta por la capacidad de hacer chistes de nuestras desgracias. Siempre he creído en lo más profundo de mí que el humor como herramienta de sanar es fundamental en cualquier sociedad, incluida la nuestra, porque de ello proviene una manera nada ofensiva (o en algunos casos sí) de poder seguir adelante y avanzar en un tema que nos atrasa para lidiar con otros. He coqueteado con las diferentes maneras de hacer humor en toda mi vida, desde el rojo hasta el inocente, y últimamente el negro, humor por el que he hallado cierta predilección por haber una escasez tan grande de testículos para hacerla. Yo creo, con toda honestidad, que el humor no solo debe ser crítico y reflexivo, sino también molesto hasta cierto punto. Sacar de sus casillas a los que me escuchan ha sido un placer culposo desde hace un tiempo para acá, y quebrar los sistemas establecidos en las cabezas de los que me oyen es sin duda un postre después de una buena comida para mí.

En mi caso particular he contado con la dicha de pertenecer a grandes escuelas que me han enseñado a cultivar mi sentido del humor para convertirlo en un arma filosa que corta en los momentos más delicados de la sociedad a personajes sensibles e importantes. Vivimos en un país que no se cansa de proveernos material para hacer chistes, desde las vivencias diarias hasta los problemas políticos. Desde lo más sencillo hasta lo más complejo. He aprendido que se hace humor cuando se está triste y cuando se está feliz; que muchas ideas no funcionan pero que las pocas que sí logran materializarse pueden cambiar la perspectiva de un país que no se cansa de buscar una sonrisa reflexiva en su actuar del día a día. Cuando comencé a colaborar para El Chigüire Bipolar, en las primeras comunicaciones que tuve con el director de contenidos me dijo una cosa que nunca se me olvidará: “Aquí vas a enviar 100 ideas y probablemente ninguna vaya a quedar. Y otra cosa que te digo: nadie te va a hacer caso a nada de lo que dices el primer año que colabores con nosotros, pero te vamos a estar leyendo”. Y eso funcionó para mí de la manera en que yo lo quería, porque para hacer humor solo hacen falta ganas y creatividad. Fue un reto que se me colocó al principio y que nunca he olvidado, porque me hace ser constante en exigirme las mejores ideas para destacar en un equipo de redacción verdaderamente brutal y genial. Hemos atravesado por situaciones delicadas y, como equipo, hemos puesto el dedo en la llaga más de una vez en temas bastantes complicados. Siempre se insiste en el compromiso de hacer el humor indiferentemente del tema o las circunstancias. Luego se me da la oportunidad en esta gran institución, como lo es El Nacional, de llegar a ustedes con un artículo de humor que todas las semanas trata de hacer un espacio en su rutina y sus preocupaciones y simplemente los haga reír, siempre aplicando lo aprendido y dando mi punto de vista personal acerca de todo lo que vivo y me rodea. Hasta ahora.

En la hora actual en Venezuela, no es momento de hacer humor. Es momento de reflexionar como sociedad, como país, como territorio que forma parte de un continente y un mundo. Es momento de que Venezuela se una a esa manifestación mundial de amor al progreso, al querer hacer las cosas diferentes y originales, de amor al trabajo y a la familia, a los principios básicos que necesita cualquier sociedad para salir del foso en el que estamos hundidos, sintiéndonos culpables por todo lo que ocurre a nuestro alrededor. No somos un país que ahorita tenga mucha cabida a reír un poco, pero les prometo que muy pronto volveremos a serlo, porque forma parte de nuestro ADN, de nuestro gentilicio, de esa señora que sale con los rollos del pelo puestos en la cabeza a la calle o de los chistes de Jaimito.

Pronto volveremos a reír, pero mientras tanto, conquistemos nuestro territorio de nuevo. Tengamos la felicidad de tener menos preocupaciones y allí le daremos una cabida al humor negro, blanco, amarillo (esos son chistes de chinitos), rojo, etc.