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Vladimir Villegas

Hugo Chávez: aproximaciones a un balance

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Transcurridos ya quince días de la muerte del presidente Hugo Chávez Frías, aún es muy temprano para hacer un balance desprovisto de pasiones sobre la vida y la acción política de quien ha sido un personaje clave en la historia contemporánea de nuestro país, pero eso no impide reconocer el impacto nacional e internacional que tuvo su fallecimiento, y la solidez del vínculo político, sentimental y humano que él logró con millones de venezolanos, particularmente los más pobres.

Desde el respeto a su figura y al dolor de sus familiares y del pueblo que lo admiró y que hoy lo extraña, debemos decir que el fallecido presidente fue un hombre que generó posiciones absolutamente extremas, que tuvo durante todos estos años sus luces y sus sombras, sus virtudes y sus defectos, sus aciertos y equivocaciones. Endiosarlo puede tener sentido para quienes lo siguieron. Puede ser una forma de paliar la sensación de vacío por su partida, pero a la larga llegará la hora del balance en frío sobre su actuación, y también tendrá que hacerlo la propia dirigencia del chavismo, para poder mantenerse como referente político en los años por venir.

Acompañé a Chávez desde 1997 hasta el año 2007. Formé parte de su gobierno desde distintas responsabilidades, y decidí marcar distancia a partir de la fallida reforma constitucional de 2007, frente a la cual expresé públicamente mis observaciones. Desde entonces, y en la medida que fui percibiendo que la acción del gobierno se alejaba en muchos aspectos del proyecto de país plasmado en la carta magna, mis diferencias se profundizaron, y he sido claro y directo en mi rechazo al personalismo, a la ausencia de una dirección colectiva, a la falta de autonomía de los poderes públicos, a la carencia de espacios para que a lo interno del chavismo se pudiera ejercer el derecho a la crítica.

Paralelamente nunca he dejado de reconocer que el gobierno del presidente Hugo Chávez representó una esperanza de cambio para las grandes mayorías del país, y una utopía en parte realizada, porque es innegable que, por ejemplo, las misiones sociales, con todas sus fallas y limitaciones, cumplieron y cumplen un importante papel en la lucha contra la pobreza y la exclusión social. Por algo una de las propuestas de Henrique Capriles durante la pasada campaña fue la profundización y el mejoramiento de estas misiones, para lo cual los parlamentarios opositores propusieron una legislación en torno a esta materia, la cual fue rechaza por la mayoría oficialista.

Una de fallas que deja la gestión de Hugo Chávez fue que no logró encaminar al país en la ruta para superar el modelo rentista. Hoy dependemos más que nunca del maná petrolero, carecemos de una política para impulsar la producción y la industria nacional. Llegar a un modelo productivo se ha convertido en una quimera. Mientras sigamos anclados en el rentismo jamás derrotaremos la pobreza. Podremos ayudar a los desposeídos, mejorar su situación, pero jamás crear empleos de calidad y construir una economía que abra las puertas a una verdadera justicia social.

Chávez logró una conexión emocional con los sectores populares. Eso es más que evidente. Y a la vez fue percibido por una buena porción del país como un mandatario que promovió la confrontación, que se cerró al diálogo y que desde el poder hizo uso de su condición para politizar aún más de lo que estaba la administración de justicia, acorralar a los opositores y hacer de la incondicionalidad un requisito indispensable para quienes desearan acompañarlo políticamente.

El desaparecido líder hizo del discurso y la acción social una bandera que a partir de ahora ningún mandatario electo por el pueblo podrá arriar. Ese es uno de sus legados innegables. Lamentablemente se fue sin dejar abierto el camino para la reconciliación nacional, la amnistía y el diálogo con sus opositores.

Paz a sus restos.