• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Horas difíciles

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Ya no vivimos en un país lleno de incertidumbres sino en un inmenso océano de tensiones y tempestades. Pareciera que no existen escenarios que resistan el paso de los días ni análisis que complementen la comprensión real de los hechos y prolonguen el conocimiento de lo que se nos viene encima el próximo año.

Estas vacaciones navideñas acaso sean las más angustiosas para los venezolanos de buena fe pero serán, contradictoriamente, las más tranquilas que tendremos por mucho tiempo si las comparamos con las que nos esperan en el conflictivo año 2013 que en pocos días estará tocando a las puertas. La economía venezolana está sufriendo graves desajustes que no han sido atendidos a tiempo y que pintan un panorama poco menos que desastroso si no se le da con urgencia un vuelco al rumbo económico.

Esto resulta algo no sólo necesario sino inevitable porque los compromisos asumidos por el Gobierno no pueden ser cumplidos ni en el tiempo ni en sus desmesuradas promesas electorales del pasado. El desmontaje paulatino de la industria privada, la persecución implacable contra agricultores y ganaderos, contra comerciantes y transportistas, contra los medios de comunicación y las universidades públicas han creado un escenario difícil y estrecho para las maniobras y la aparición de nuevas promesas oficiales.

El gobierno bolivariano, ineficiente y botarate, no podrá satisfacer las crecientes demandas de su clientela política y lo que es peor, tampoco estará posibilitado para pagar y cumplir con las innumerables misiones que se han creado cada vez que se emprende una campaña electoral.

Las arcas públicas están exhaustas y la gente comenzará a exigir en las calles el pago de los compromisos adquiridos, los contratos colectivos firmados a la buena de Dios y la formalización de tantas promesas que se han quedado en el aire.

De manera que la conflictividad social y laboral marcará rotundamente todo el panorama económico y político del año 2013, con el agravante de que ya venimos por un camino erizado de choques violentos en Pdvsa y las empresas del Estado en todo este angustioso periodo de gobierno que se cierra en enero.

Las estadísticas y las cifras dadas a conocer por los mismos organismos oficiales apenas reflejan una parte de ese país que a cada momento va al paro escalonado, al cese de actividades, al cierre de calles y carreteras, a las huelgas de hambre y a la toma y acampamiento en los lugares públicos para llamar la atención de los medios de comunicación y reforzar la esperanza de una respuesta a sus peticiones urgentes.

El resultado obtenido ha sido escaso para quienes protestan por sus derechos. Para mal de males, el Gobierno ha preferido diferir para el año que viene unas soluciones que, desde ya, no estará en condiciones de cumplir ni tan siquiera remotamente. Se juega con fuego y se engaña la buena fe de la gente: es una mezcla peligrosa.