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Eli Bravo

Hombres y mujeres de Dios

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Que la Iglesia Anglicana de Inglaterra abra las puertas del obispado a las mujeres es una decisión tan justa como inteligente. A estas alturas es discriminatorio que las mujeres no tengan los mismos espacios en la jerarquía eclesiástica pese a lo que digan los dogmas de la Iglesia. Lo mismo sucede con los homosexuales. Adaptarse a la realidad del mundo en que vivimos es evolucionar y por eso resulta tan acertada la forma como los anglicanos y, sobre todo su rama americana, los episcopales, han cambiado las reglas del juego en los últimos años.

Estoy seguro de que a Dios no le molestan estos cambios. Siendo amor incondicional, él está del lado de todos los seres que profesen amor. Sin distinciones. Los que se irritan son los conservadores y quienes creen tener a Dios agarrado por la chiva.

Hace dos años conocí en la isla de San Bartolomé a Jennie, una sacerdote anglicana que se convirtió en buena amiga de la familia. Oriunda de Canadá, Jennie es una mujer de fino humor, amplia cultura y gran corazón. Cada sábado mis hijas y otras niñas la visitaban para hacer manualidades, hornear galletas, que luego vendían a beneficio de escuelas en Haití, y conversar. De joven había estudiado teatro y clown, así que animaba a las niñas a interpretar algunas escenas bíblicas. En varias ocasiones tuvimos el placer de cenar junto a ella y disfruté mucho su actitud amplia y compasiva hacia el mundo. Sobre todo me gustaba su forma de entender la fe. Para ella no era asunto de imponer un dogma, sino de descubrir la divinidad.

Cuando Jennie presidía la misa en la pequeña iglesia de Gustavia, lo hacía con actitud amorosa. Siempre había música y cánticos. Ataviada con la sotana lucía mucho más seria que en las tardes cuando paseábamos en velero y sus tatuajes quedaban al sol. Le fascinaba nadar en las aguas del Caribe, tan diferentes a las de su Terranova natal.

En Jennie descubrí a una persona de profunda fe y humanidad cuya relación con Dios es honesta y carente de prejuicios. Cualidades que de niño vi en otro amigo de la familia, el padre Alfredo, con quien hice teatro, excursionismo y edité un periódico mientras estudiaba en el colegio Santo Tomás de Villanueva de Caracas. Español encantador, siendo muy joven se ordenó como sacerdote agustino recoleto. Solía hablarnos de Dios como un amigo y nos invitaba a verlo en la naturaleza.

Hoy en día Alfredo no lleva sotana: renunció a sus votos para convertirse en padre y esposo. Acá otro aspecto donde la Iglesia Católica debería dar un paso adelante: eliminar el celibato y permitir a los sacerdotes una vida en pareja.

¿Se modernizarán las iglesias para dar cabida a todos sin distinciones? En su esencia las religiones son tradiciones que buscan conservar sus creencias y mantenerse inalterables, pero el mundo cambia y por eso en estos tiempos, a la par de fundamentalismos que alzan sus banderas con furor, también emergen nuevas corrientes con una visión más moderna, ecuménica y universal. En la tensión entre ambos extremos continúa dibujándose el mapa de las religiones en este planeta. Una historia que no está escrita en piedra.

Personas que pretendan tener el monopolio de Dios existirán siempre, alzando su verdad como la única, usando el dogma como justificativo para la discriminación, la violencia y la sumisión. Pero como humanos siempre tenemos el poder de cuestionar, cambiar y evolucionar. Esto es algo que, asumo, le gustará a Dios.