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Jonathan Reverón

Hágase tu voluntad, no la de un profeta

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“Gracias a Dios el hombre no sabe lo que va a ocurrir, de otra manera no se levantaría de su cama”. El diálogo aparece dentro del montón de verdades que se dicen en la película Agosto. Meryl Streep, Julia Roberts y el reparto entero te deja a ratos sin aliento, mostrando la historia de una familia que se lo dice todo en su cara, que se agrede verbalmente y no se calla nada contra el prójimo. Decir lo que sentimos, usar la palabra diáfana es asunto exclusivo de la fraternidad.

Durante estos días, los más oscuros de nuestra historia reciente como pueblo, como familia, como amigos, como hermanos, y en los que se protesta también a favor de la libertad de expresarnos, he escuchado las metrallas más ardientes del odio, también el discurso abusivo de personas que a costa de su credibilidad estafan, porque no hay nada más fácil que estafar a un esperanzado, mucho más si la esperanza se alimenta de lo improbable.
Sólo una vez me vi con una “bruja”. Me cobró en bolívares la revelación de pequeñas profecías con tal elocuencia y convicción de ver mi futuro que salí temiendo al no cruzar los caminos sugeridos en la consulta. Viéndolo en retrospectiva y olvidando poco a poco sus designios sobre mi destino, refuerzo como idea que en la vida te va mejor mientras administras tu verdad -que no es lo mismo que mentir-, y más crees en tu futuro conforme tienes fe en el libre albedrío. Decía mi amiga @arianuchis: “La política no es una medición de bolas. Si algo voy a medirle a quienes me representan va a ser el cerebro. No escucho profetas ni gritones enardecidos de profesión. Yo escucho argumentos. Discuto argumentos. Disparo argumentos”.