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Corina Yoris-Villasana

Hablemos del género epistolar

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Resulta familiar para los letrados hablar del género epistolar, dentro del cual se encuentra la carta como elemento primario. Esta denominación proviene de la palabra epístola, que, a su vez, es el nombre primitivo para aludir a una carta dirigida a una persona o grupo de personas. Sus primeras manifestaciones pueden rastrearse y encontramos que fue usual en el Antiguo Egipto como parte del trabajo de los escribas.

La carta constituyó en regiones antiguas un inapreciable recurso para que sus reyes y gobernantes dispusieran de un medio que les permitiera administrar sus dominios, en tanto era una manera eficaz de mantener contacto con sus representantes tanto militares, como políticos y comerciales.

Sin ánimo de historiar el largo proceso del desarrollo, cambio y aplicaciones del género, recordemos que la elaboración epistolar en la antigua Grecia fue tan profusa que fue necesario prescribir criterios que precisaran y sistematizaran su utilización. Rebuscando en los anales de la Historia, se pueden localizar escritos de Demetrio, quien redactó un trabajo retórico donde expone las condiciones mínimas necesarias para cualquier escrito.

Cicerón, considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana, definió la carta como “conloquia amicorum absentium”  (“conversación de amigos ausentes”), marcando de esta manera muchas de los peculiaridades del género.

Hay numerosos ejemplos en la Historia de cartas que forman una valiosa fuente y ayuda para conocer las características propias de distintas etapas de la cultura humana. Por citar tan sólo un compendio famosísimo de cartas, recordemos las famosas Cartas de Abelardo y Eloísa, cartas que brindan una especial ocasión para adentrarse no sólo al famoso romance vivido entre el ilustrísimo profesor de París, maravillosa figura prominente en la historia de la lógica, y su no menos genial alumna, sino que nos permite también asomarnos a las costumbres y cultura de uno de los estadios más interesantes de la Edad Media, como lo es el momento de constitución de la Escolástica y la fundación de la institución universitaria.

Larga es esa lista de cartas famosas en la historia de la Humanidad; podríamos citar, entre miles y pecando por omisión, las cartas de Bolívar a Manuelita Sáenz; las invaluables epístolas de Santa Teresa; las cartas de Mark Twain; las de Frida Khalo; las cartas escritas por el incomparable Oscar Wilde; las Cartas literarias a una mujer, de G. A. Bécquer; y para remitirnos también a la cultura popular y musical, bastaría con recordar la famosa canción donde Pedro Infante habla de su “Carta a Ufemia”.

Existen períodos históricos en los que hubo un declive del género; sin embargo, hoy sigue gozando de mucha aceptación. Una de las recomendaciones importantes hechas por los estudiosos del uso de la carta como medio expresivo y comunicacional es observar rigurosamente la prudencia al escribir. No se debe olvidar que, aun cuando una carta es una “conversación escrita” y tiene su paralelismo con una conversación oral, aquellas ideas concretadas en la escritura retornarán a nuestra sensibilidad con igual grado, en cada momento de relectura.

Adentrándonos en la Retórica, fueron consideradas tres partes esenciales en una carta, a saber, inventio, dispositio y elocutio. A esta división, luego se le agregaron ciertos rasgos característicos: brevedad (dependiendo del destinatario) y elegancia.

Con el empleo de la tecnología, la pluma ha sido reemplazada por la cibernética, pero aun así, las cartas siguen apareciendo copiosamente. Resulta lastimoso, no obstante, que dicha propagación de la escritura epistolar no se encuentre seguida de una estricta teorización al respecto.

Más allá de cualquier época, hay un precepto indispensable que debe ser cumplido estrictamente: agrupar las ideas coherentemente y, luego, emplear las palabras en concordancia con éstas. Simple: veracidad y armonía constituyen el secreto de un buen estilo. Cualidades ausentes en la mayoría de las cartas que han circulado últimamente en los medios de comunicación impresos y en las redes sociales.