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El 5 de Julio de 2016, fecha en que se conmemoraron 205 años de la firma del Acta de Independencia de Venezuela, falleció el maestro Alirio Díaz, venezolano universal nacido en 1923 y uno de los jblmáximos exponentes de la guitarra clásica. Al margen de instituciones políticas, si algo une a los países de Latinoamérica y a la Madre Patria es precisamente el cultivo del instrumento de las seis cuerdas, cuya versatilidad expresiva y técnica da espacio a emplearla para todo tipo de evento y cubrir el espectro emocional completo del alma hispánica.

La guitarra contiene la multiculturalidad a la que se anhela desde tantos discursos y estudios. Su origen data al menos de los países árabes (y seguro pueden rastrearse más atrás), llegando por vía de la invasión mora a España.  Desde allí, en forma de un instrumento barroco, la vihuela, quedó como parte del legado colonial hispanoamericano. Las formas musicales indígenas y africanas hallaron cabida en este instrumento que fue evolucionando hasta llegar a la guitarra contemporánea.  Díaz, quien nació en La Candelaria, una pequeña localidad del Estado Lara – cantera musical venezolana-, estuvo expuesto desde joven a la guitarra, empleándola en fiestas familiares.  No obstante, su llegada a la guitarra clásica fue comparativamente tardía. Citando a Jack Silver (1):

En septiembre de 1945, Alirio Díaz, de veintiún años, llegó a Caracas, [capital de] Venezuela. Venía a estudiar con Raúl Borges, el maestro de guitarra en la Escuela de Música. Sorprendentemente, el hombre que eventualmente se convertiría en uno de los grandes guitarristas clásicos del Siglo XX nunca antes había tomado la guitarra clásica.”

En efecto, Díaz había trabajado la guitarra desde un enfoque popular y folclórico.  Su camino musical había incorporado instrumentos como el clarinete y el saxofón. En una época más solidaria que la actual, fue precisamente el apoyo de mentores como el escritor Cecilio Zubillaga Perera y el maestro musical Laudelino Mejías, lo que condujo a Díaz desde su población natal hasta Carora y luego Trujillo, localidades del occidente venezolano. La llegada a la capital era el paso culminante para despegar como guitarrista, hacia lo cual Zubillaga encaminó al talentoso joven. La Venezuela de entonces ya era una Venezuela que había dado el salto hacia la economía petrolera, dejando atrás la dictadura de Juan Vicente Gómez y recién incursionaría en un primer experimento democrático en octubre de 1945, al mes siguiente de arribar Díaz a Caracas.  Todo esto es relevante porque Venezuela estaba en transición desde lo rural hacia lo urbano y el petróleo viabilizaba un mayor intercambio con el resto del mundo, abriendo la economía y dando poder adquisitivo para apoyos públicos y privados a la cultura, desde una óptica moderna en lo político.

El maestro Borges, con quien venía a estudiar Díaz, incorporaba nuevamente lo multicultural en la guitarra. Este venezolano había sido poderosamente influenciado por un maestro paraguayo: Agustín Barrios, Mangoré (1885-1944). 

Corresponde una reflexión sobre este personaje guaraní y se puede tomar lo que sobre sobre él dice John Williams, quien junto a JulianBream, podrían disputarse el privilegio de ser los embajadores contemporáneos de la guitarra clásica. Williams dedicó un disco a Alirio Díaz en 2003, El Diablo Suelto, incorporando esta pieza folclórica de Venezuela y registrando en total 25 temas arreglados por Díaz de música popular venezolana.  En sus notas, Williams traza la divisoria de aguas que para la guitarra clásica en Caracas fue la llegada de Barrios (2):

Había creciente interés en la guitarra clásica como instrumento solista, la cual recibió mayor inspiración con la visita en 1932 del gran paraguayo, guitarrista y compositor, Agustín Barrios Mangoré, quien dio 25 conciertos en Venezuela en apenas dos meses (!). Un guitarrista local, Raúl Borges, se convirtió en amigo de Mangoré y se le unió en conciertos y aprendió de él. Borges también tocaba el violín, el piano y, no menos importante, el cuatro [guitarra folclórica venezolana de cuatro cuerdas], lo cual le daba un sentimiento y comprensión real de la música popular. Desde esa época, Raúl Borges se convirtió en el ´padre´de la guitarra en Venezuela, enseñando a una generación completa de intérpretes, incluyendo al guitarrista y compositor Antonio Lauro y a Alirio Díaz.”

El sello francés CaroniMusic, que lanzó nuevos discos de Díaz en los albores del siglo XXI, contiene también una descripción sobre Barrios, paraguayo desde quien germinó  la cantera guitarrística venezolana (3):

El guitarrista y compositor paraguayo Agustín Barrios (1885-1944) fue un intérprete de gran fuerza y virtuosismo, más bien algo excéntrico. Barrios tocaba con cuerdas de acero en vez de las comúnmente usadas de tripa o nylon. Su música, aunque técnicamente muy exigente, es esencialmente música de guitarra y aún en las ocasiones en que como –[Heitor] Villalobos- toca su guitarra para saludar a Bach, lo hace con un gusto puramente latinoamericano.

Jack Silver señala que el propio Alirio Díaz, en entrevista dada a Luis Zea en 1986, reconocía que debía “setenta u ochenta por ciento”de su técnica de guitarra al maestro Borges (1). Fue un quinquenio de arduo trabajo para dominar la guitarra clásica, bajo la guía de su compatriota.  El momento culminante para la internacionalización llegaba. En las notas de su primer disco para el sello CaroniMusic, se comenta sobre esanueva etapa (4):

Tras graduarse con honores en 1950, el Ministerio de Educación de Venezuela le otorgó una beca para que continuara su formación en España, como alumno del célebre profesor Regino Sainz de la Maza en el Conservatorio Real de Música de Madrid, del cual egresó con el primer premio, un reconocimiento reservado solamente a músicos de virtuosismo excepcional.

Al finalizar sus estudios en España, viajó a la ciudad de Siena, Italia, para proseguir con su aprendizaje en la Academia MusicaleChigiana al lado del legendario guitarrista Andrés Segovia, quien vio en Alirio Díaz un verdadero prodigio y lo convirtió en profesor asistente y su sucesor en la cátedra.”

El trabajo con Andrés Segovia (1893-1987) fue, quizás, el hito cumbre hacia el cual se dirigía todo este esfuerzo de formación emprendido por Díaz. El maestro Segovia, oriundo de Linares, España, fue el embajador de la guitarra clásica durante la primera mitad del Siglo XX y en su longeva y agitada vida, logró difundirla no sólo en Europa, sino también en Estados Unidos de América y suelo latinoamericano.  Un legado fundamental de Segovia es lograrpopularizar la guitarra como instrumento de concierto, haberla colocado como solista en diálogo con la orquesta. Precisamente el maestro Sainz de la Maza, quien instruyó a Díaz cuando llegó a tierra hispana, fue quien en 1940 estrenó el hoy célebre Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo.  Cuesta creerlo en estos días: hasta mediados del Siglo XX, la guitarra era vista como un instrumento más bien solista y popular. Fue el trabajo de varios compositores españoles y latinoamericanos – incluyendo al brasilero Heitor Villalobos-, unido al carisma y exquisita técnica de Segovia, lo que elevó la guitarra a la posición del piano, el violín y el chelo como instrumento destinatario de conciertos orquestales.

Alirio Díaz, además de la pasión por la guitarra, compartió otro don con Segovia: la longevidad.  Si bien fijó residencia en Europa (ha fallecido en Italia), se mantuvo visitando activamente su país y grabando esos arreglos suyos de música venezolana que han hecho las delicias no sólo de los melómanos, sino de grandes intérpretes como el mencionado John Williams, quien dedicó el mencionado disco entero a esos trabajos. 

Hay al menos dos hitos discográficos a destacar en ese repertorio venezolano de Alirio Díaz. Uno de ellos, que no está disponible en reedición para CD o música digital, lo obtuve en 2011 gracias a uno de estos coleccionistas que se toma la libertad de colocar bajo dominio público, en Internet, la conversión digital de un disco sólo disponible en vinilo (LP) y descontinuado. En jerga de melomanía, se llama bootleg a estas publicaciones y a trabajos que nunca fueron lanzados formalmente por músicos (por lo cual no son, propiamente, sacrílega piratería). En este caso se trata de la colaboración entre Alirio Díaz y la mezzosoprano venezolana Morella Muñoz (1935-1995), en 1967, un bello trabajo donde se interpretan piezas folclóricas venezolanas y la guitarra, una guitarra cantábile, que entona como otra voz adicional a la cantante, estos temas llenos de sabor, gracia y musicalidad. 

El otro trabajo de corte folclórico sí es un lanzamiento formal en disco compacto. Corresponde de nuevo al mencionado sello francés Caroní Music: Melodías Larenses (2004, 25522004303).  Este disco tiene el mérito de haber rescatado grabaciones hechas en 1976, en formato analógico (esto es, antes de lograrse transformar la música en secuencias informáticas binarias de ceros y unos, lo que llamamos digitalización y viabilizó el formato CD y el MP3).  La grabación contiene 17 canciones folclóricas del Estado Lara, cuna de Díaz, donde se difunde a compositores populares venezolanos como Antonio Carrillo, Rodrigo Riera, Ovelio Riera, Rafael Miguel López, Celestino Carrasco, Rafael Pérez, Juan Teodosio Querales y Joaquín Ramos. Otro aporte fundamental del disco es que su libreto contiene notas técnicas del propio maestro Díaz (5):

Como ya es sabido, el arte de la armonización de cantos populares es sumamente complejo, y todavía hoy despierta un especial interés artístico. Nuestras experiencias en este campo nos han dejado la convicción de que en realidad cada instrumento polifónico – órgano, guitarra, piano, arpa, clavecín – dispone de un mundo armónico propio. Hasta en instrumentos nuestros como el cuatro y el cinco del tamunangue se observan peculiaridades singulares de armonía y percusión, que bien podrían atraer la atención y la sensibilidad de nuestros compositores. Por ello, respetadas (en cuanto ha sido posible) las líneas melódicas originales, y añadiendo a veces imitaciones de acompañamientos típicos de guitarristas de ayer, las armonizaciones que hemos realizado responden siempre – o casi siempre – a la personalidad polifónica de la guitarra, de modo que resalten mejor sus efectos y sus matices. Alguna vez – en dos golpes – nos atrevimos incluso a imitar ciertas tonalidades del cinco tamunanguero, uno de los instrumentos más característicos de la música larense. Aparte de esto, otras libertades que hemos tomado podrán ser notadas en cuanto a simples modulaciones (repetición completa de la pieza en otra tonalidad, como en los citados golpes), en cuanto a transporte de una sola parte (la última del vals El tragalochas) y en cuanto a la forma (la llamada forma rondó – A B A C A- que hemos dado al valse Tristezas…)”

Además de los temas técnicos, la buena escritura de este texto citado refleja una inquietud del guitarrista: la literatura. Inicialmente quiso ser escritor y me hallé, al hacer este obituario, la sorpresa de que incluso publicó un libro: Al divisar el humo de la aldea nativa. Se trata de recuerdos autobiográficos sobre su tierra natal. La publicó en su día la Editorial Monte Ávila de Venezuela y ojalá vea reedición tras el fallecimiento del maestro.

El disco de Melodías Larenses fue publicado en conjunto con la naciente Fundación Alirio Díaz, con sede en Carora (Estado Lara, Venezuela) y que mantendrá el legado del Maestro. Ojalá lo logre, en medio de las vicisitudes que atraviesa la sufrida Venezuela y tienen a Barquisimeto, capital del Estado Lara, y a Caracas, entre las 10 con mayor tasa de homicidios del mundo (6). El sitio de Internet de la Fundación es: http://www.aliriodiaz.org/fundacion.htm   Uno de sus mayores logros es el Concurso Internacional de Guitarra Alirio Díaz, que ya ha alcanzado su edición No. 18 en 2015, oportunidad en que se celebró en Carora, precisamente.

La intensidad con que vivió su venezolanidad el guitarrista fue complementaria a su aproximación a lo universal. Como si los ojos del muchacho de La Candelaria pudieran mantener su eje esencial al recorrer el mundo y abrirse a otras ciudades, países y la música de otras latitudes. De alguna manera, el mestizaje de la guitarra fue parte de la mente de este instrumentista destacado.

Tuve el gusto de presenciar un recital de Alirio Díaz – y obtener su autógrafo – el 2 de agosto de 1998, durante un homenaje al compositor Antonio Lauro (1917-1986), del cual el guitarrista fue difusor fundamental.  El maestro de ceremonias comentaba jocosamente que cuando Díaz iba a quedarse una temporada en La Candelaria, la única forma de ubicarle era llamando al único teléfono público de esta pequeña localidad, desde donde cualquiera que tomara la llamada podría ir a avisar al guitarrista. Desde luego, en ese final del Siglo XX se carecía de la omnipresencia de líneas y teléfonos celulares actual.

Precisamente una de las mejores ediciones de Alirio Díaz la ha publicado el sello Doremi en 2010 y es donde tomo la primera referencia textual.  Este disco contiene un tesoro discográfico: la interpretación en vivo, en el Segundo Festival de Música Latinoamericana de Caracas de 1957, del concierto para guitarra y orquesta de Antonio Lauro.  En la batuta está JaschaHorenstein, dirigiendo la Orquesta Sinfónica Venezuela.  Este concierto tiene títulos hispánicos para cada movimiento: bolero, madrigal y marisela, esta última una forma folclórica venezolana. Tal concierto tuvo como dedicatario al propio Díaz y fue compuesto en 1956. En ese entonces Venezuela vivía la que se pensaba sería su última dictadura, la de Marcos Pérez Jiménez. 

El disco incorpora luego piezas de guitarra solista grabadas por Díaz para el sello francés BAM durante la década de 1950. Hay obras de Barrios, Sainz de la Maza (Homenaje a la Guitarra), Rodrigo y Villalobos.  Si hubiera que elegir un disco esencial de Díaz en formato CD, probablemente sea este, dado además el excelente ensayo biográfico que le acompaña. Desde luego, para explorar al instrumentista a cabalidad hay que considerar otros  discos entre los citados.

En Bogotá, desde donde escribo, hay un disco producido en 2012 por la Radio Nacional de Colombia, el cual recoge dos piezas interpretadas por el maestro Díaz en su visita al país vecino de su natal Venezuela: Guitarra Clásica en la Radio Nacional de Colombia 1968-1978.  Tuve la suerte de que me lo obsequiaran, en julio de 2013, en un programa radial de la emisora. El disco incorpora un notable ensayo de José Perilla, con la historia de la guitarra en Colombia.  Al comentar el repertorio de este disco fundamental, señala lo siguiente sobre Díaz (7):

De aquellas primeras grabaciones en ser emitidas, se destaca la realizada por el guitarrista venezolano Alirio Díaz (1923), al ser este uno de los referentes de mayor reconocimiento en cuanto a la interpretación del instrumento en América, y en particular aquella tendencia ligada a la producción de estilo nacionalista con base en géneros musicales del terruño. La grabación de Alirio Díaz fue emitida el 10 de septiembre de 1969. Nueve años antes, el guitarrista estuvo en Colombia para interpretar el concierto para guitarra y orquesta escrito por su compatriota Antonio Lauro (1917-1986). Fue una de las pocas ocasiones en las que, durante las décadas centrales del siglo XX, la Orquesta Sinfónica de Colombia acompañó un guitarrista.

Afortunadamente se vienen rescatando en formato digital las grabaciones de Díaz. En ello fueron pioneros, a inicios de la década de 1990, los sellos Laserlight Digital/Delta Music (hoy extinto) y VanguardClassics. El lanzamiento más reciente proviene precisamente de Italia, donde ha fallecido el maestro, y es el volumen 2 de una colección que le ha dedicado el Istittuto Discográfico Italiano. Conteniendo 16 grabaciones hechas por el guitarrista en 1963, acaba de ser publicado hace un mes:  TheLegend of Alirio Díaz, Vol. 2 (IDIS 6712).

Un disco compacto por el cual tenía especial apego es una grabación del Concierto de Aranjuez hecha por Díaz con Ataúlfo Argenta (1913-1958) en el podio, dirigiendo la Orquesta Nacional de España (8). Si bien el disco incorpora un ensayo biográfico sobre el solista, se carece de datos de la grabación histórica con el que probablemente haya sido el mejor director de orquesta nacido en España durante el Siglo XX. El trabajo ha sido publicado por Disconet (7861104631476), bajo licencia de AlmarMusic Editores.

Digo que tenía especial apego, porque parece ser un disco falso.  Verificando datos de la grabación para este obituario, al menos tuve la suerte de encontrarme con una entrevista que dio Alirio Díaz a Francisco Umbral para Televisión Española, donde comentan precisamente sobre este disco pirata. Son casi 76 minutos de conversación, culminados con la interpretación de un joropo Seis por Derecho,  que vienen bien para difundir en homenaje al guitarrista:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/a-fondo/fondo-francisco-umbral/2806196/

Alirio Díaz fallece en un momento difícil para su patria. En su prolongada vida, le toco soportar dos dictaduras en el Siglo XX y cerrar el periplo con este trágico inicio de Siglo XXI, donde bajo consignas redistributivas y populistas, Venezuela es origen cotidiano de malas noticias: escasez, represión, violencia, anomia, corrupción… Lo cierto es que en esta dilatada vida y en circunstancias difíciles, Alirio Díaz ha preservado la esencia de la libertad en el alma venezolana y latinoamericana. Incluso en esa cotidianidad de ausencia de leyes, malos gobiernos, incertidumbre y barbarie, logra el ciudadanomantenerse libre, apelando a verdades universales y trascendentes, desde la mirada que se da al mundo en esta exuberante naturaleza. 

Si los venezolanos son capaces de sobrevivir cada día, ante tanta turbulencia,  y producir tanto músicos como orquestas notables, es porque han encontrado ejes trascendentes que les mantienen aferrados a la vida, en medio de tanta mezquindad. La meta estoica, de mantener imperturbable el alma y la virtud en medio del declive moral y social generalizado, de seguir siendo personalmente libre, en gran medida se logra gracias a la música.

Bogotá, 6 de julio de 2016