• Caracas (Venezuela)

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Alexandra Kennedy

Guía para el candidato

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Campaña va campaña viene. Se ofrece de todo y para todos los gustos. Muchos candidatos a la alcaldía o prefectura hablan de planes turísticos para su ciudad o su región. Se insiste en el número de turistas que podrían usufructuar de una mejor infraestructura vial u hotelera. Lugares cuya vocación es ganadera o agrícola intentan ser trocados por la lucrativa empresa turística.

El país entero con su biodiversidad, multiculturalidad, volcanes nevados, algunos incluso dando gran show pirotécnico, puede convertirse en un gran lugar de acogida de miles de visitantes. ¡Horror! Al lado o en medio de esta fantástica naturaleza surgen pueblos que han destrozado su patrimonio urbano, si alguna vez lo hubo. Por años los migrantes enviaron dinero para literalmente destruir la casa anterior y construir una mansión de concreto con facilidades que nunca usarían.

Los modelitos se podían encontrar en las fachadas de oficinas de arquitectura en ciudades como Azoguez o Cañar. Vimos volar el tapial, las maravillosas vías secundarias empedradas, la teja o la paja de tejados, se multiplicaron los techos de zinc y las casas de bloque visto. Quedaron para siempre los fierros salientes por si algún día se pudiese hacer un segundo piso.

Los materiales de construcción que restaron se acomodaron a la nueva casa, tirados en la vereda al igual que los desperdicios de animales o la basura que nunca fue recogida. Sin temor a equivocarme, casi todas las ciudades, pueblos y caseríos tienden a decaer, a perder el sabor de lo añejo, a convertirse en anodinos. Pequeños o grandes basureros. Rara la urbe que va para mejor, Urcuquí o Cuenca.

La oferta turística no debe ser de cantidad sino de calidad, no debe aislar lo cultural -las urbes y sus contenidos- de lo natural. Dicha oferta tiene que ser discreta, cuidadosa, sin golpear a propios por servir a ajenos. Al final es nuestra casa.

Hablo con especial acento de Baños de Ambato, boca de entrada a la selva, una ciudad que alguna vez fue una verdadera joyita en un entorno espectacular. Aguas termales y la milagrosa Virgen del Agua Santa eran atractivos que se potenciaron como parte natural de una geografía sagrada.

Ahora la ciudad ha sido arrasada por “operadores turísticos” que ofertan al turismo mochilero todo lo que pueden; comederos de medio pelo, mercaditos artesanales de chucherías chinas; deportes extremos en lugares privados: buggy jumping o canoping, tarabitas y demás, sin seguridad ni belleza alguna.

Hasta el alucinante Pailón del Diablo está en manos privadas, sin control alguno. ¿No será que los candidatos a la alcaldía de este y otros pueblos deben más bien pensar en cómo y con qué medios reconstruir lo degradado? Si siguen así las cosas habremos matado la gallina de los huevos de oro.