• Caracas (Venezuela)

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Francisco Layrisse

Guerra es guerra

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Las guerras han adquirido a lo largo de la historia diversas formas de expresión, hay la llamada guerra convencional, en la cual dos grupos similarmente equipados y entrenados se enfrentan. En la misma, cual pacto de caballería, se respetan ciertos acuerdos sobre el trato a prisioneros, heridos, no participantes en la guerra declarada, etc. Hay igualmente otros tipos de guerras para las cuales no existe mecanismo alguno de mitigación de sus terribles efectos. Las guerras asimétricas, cuando dos grupos evidentemente desbalanceados van a una confrontación bélica. Las guerras de guerrillas, una variante de las guerras asimétricas. Todos los estudiosos de esos eventos coinciden en la dificultad de declarar cuál grupo resulta victorioso, pues luego de pasado un tiempo prudencial los iniciales ganadores se tornan en perdedores y viceversa.

De igual manera, estos estudiosos del tema guerrero coinciden en las terribles consecuencias en el corto y mediano plazo que estas guerras traen sobre las poblaciones, eminentemente civiles, que se han visto envueltas en esos eventos.

La situación de anarquía, de orden público y seguridad se hace presente en forma abrumadora. La gente recurre a conductas de simple supervivencia, se oculta, baja su exposición pública, desconfía de su propia sombra, ataca como mecanismo de defensa. En otras palabras, actúa como un animal herido y en peligro de muerte. De igual manera, la situación de escasez  de alimentos, medicinas, de aseo personal se hacen presentes en el paisaje cotidiano de la gente. La lucha por la posesión de estas cosas adquiere rasgos inimaginables previamente en muchas de las personas. Años y años de educación, modales parecieran haberse esfumado. El lado oscuro de cada uno surge con una fuerza avasalladora. La misma persona no se conoce ella misma. En un inicio, se avergüenza, para posteriormente  justificar cualquier acción que le permita la supervivencia de ella y sus seres más queridos.

Leer la prensa venezolana, o la prensa en general informando sobre Venezuela, seguir los tweets sobre la situación venezolana, ver videos de gente y gente haciendo filas para comprar las cosas más elementales en nuestro país, llámese alimentos, pañales, medicinas, bombonas de gas, gasolina, pasajes de transporte público. Todo esto pareciera reflejar las consecuencias de una guerra en nuestro país.

Hay, en efecto, una guerra en pleno desarrollo en el mundo, el fundamentalismo musulmán, al igual que en el pasado el fundamentalismo cristiano, el fundamentalismo ideológico, el totalitarismo ideológico no conciben un mundo plural donde haya cabida para todos. Es necesario aniquilar a todos aquellos que no comulguen con sus creencias religiosas, raciales, económicas, políticas, sociales. En aras de lo anterior se realiza toda clase de acciones en el logro de ese objetivo.

Las armas a utilizar en esas guerras son variadas, la invasión militar abierta, el financiamiento a grupos locales, los bombardeos esterilizantes, las sanciones económicas, las restricciones en las ayudas; en fin, un menú de opciones variado y dinámico.

Desde el inicio de los tiempos, la guerra en cualquiera de sus formas resulta ser una de las actividades más costosas y de la mayor exigencia financiera existente. El petróleo ha derramado bienes importantes en aquellos países dueños de esos recursos, pero al mismo tiempo ha representado un mecanismo vital en el financiamiento de actividades con propósitos distintos del beneficio directo a las poblaciones dueñas del recurso petrolero. Es este el caso de los financiamientos del gobierno venezolano a otros países y grupos sociales fuera de Venezuela. El financiamiento del expansionismo soviético, de la readecuación del pacto euroasiático, del expansionismo de grupos talibanes, del ISIS, del programa atómico iraní.

Las circunstancias del uso masivo del fracking en la producción de gas y crudo, de la sobreproducción en Rusia y de la disminución del consumo en varios países de la OECD han permitido convertir el petróleo en el arma de mayor poder disuasivo en esta guerra moderna, pero su uso, como toda arma, es limitado y temporal. Las leyes económicas son casi tan rígidas como la ley de la gravedad.