• Caracas (Venezuela)

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Luis González del Castillo

Guerra económica e imperio

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Cuando escuchamos expresiones de personeros de este disparatado y moribundo, dizque proceso revolucionario, por ejemplo acerca de la guerra económica, no nos queda más que preguntarnos ¿qué más tendrá que ocurrir y quién pagara los daños ocasionados a nuestro mancillado pueblo, y a nuestro país, una vez que termine de desplomarse toda esta farsa?

Producto de sus propias miserias, traiciones, y despropósitos, la cúpula corrupta que desgobierna a Venezuela, a pesar de habernos llevado a su calamitoso modelo de mar de la felicidad castrista, siguiendo a sus mentores, ha decidido intentar mantenerse en el poder ¡a como dé lugar! Esta fase final conllevará, desgraciadamente, a más pérdidas de toda naturaleza, aún intentándose aminorarlas, como de hecho lo hace toda la nación democrática, exigiendo la salida constitucional y pacífica del revocatorio. Los efectos del retardo e irresponsabilidad causados por los operadores político-militares del régimen (tres reyes vagos: Cabello, Rodríguez e Istúriz) hacen magia burlona de nuestro colapso, disfrazándolo como una “cruzada revolucionaria contra la guerra económica y el imperio”, mientras en nuestros pueblos hambre, enfermedad y delincuencia, mata nuestro futuro.

De seguirse con trucos y trampas dilatorias, jugándose con la paciencia del pueblo y contraviniendo esta salida pacífico-electoral, serán Maduro y sus “tres mosqueseros” los directos responsables de producir una gran conmoción nacional. Atípica, por cierto, frente a otros procesos de derrumbamiento del socialismo totalitario, de la otrora Europa oriental, que se dio prácticamente sin dispararse un tiro, pero que en nuestro tropical país rentista-petrolero se expresarán de manera impredecible. Nuestra realidad y cultura política son distintas a aquella Europa de finales de los ochenta y los noventa. Quizás hasta el costo de reparación económica de todos los males causados por tan nefasta experiencia podrán ser metabolizados en relativo corto periodo. Más sin embargo, política y sociológicamente hablando, de continuar esta presión sobre los ánimos de un pueblo tan maltratado, sobre todo en estos últimos años, no hay que ser mago para predecir su reacción multitudinaria. Ya estos años anteriores dejaron huella de torturas, asesinatos, y violaciones de toda índole a los derechos humanos. Estos no quedarán impunemente en el olvido. El venezolano, aunque desea recuperar un cálido clima de entendimiento nacional, tal cual es cálido nuestro pueblo y territorio, tiene tanta hambre de estómago como hambre de respeto y de justicia.

La reconciliación nacional es el reto más grande a lograr, ¡y lo lograremos! Ese es nuestro verdadero gentilicio: libertario, magnánimo, como Sucre, como Bolívar, como Miranda. Orgullosos somos de ser venezolanos pero a la vez humildes. Eso hace parte de lo que nos distingue. Ello nos permitirá reencontrarnos a todos los que condenamos activamente la represión y la cobardía violenta, como la ejercida contra nuestra juventud rebelde y nuestros perseguidos políticos. No al totalitarismo.

Todos los que ejerzan algún tipo de autoridad, o no, es ahora o nunca que se deben deslindar de la represión oficial. Los que alguna vez creyeron cumplir con su deber y hayan actuado contra el pueblo para sostener por vía violenta este régimen hambreador, deben saber que no solo será el estatuto de Roma el que no los exculpará de los delitos cometidos, bajo pretexto de la obediencia debida en caso de la violación de los derechos humanos, sino que será también la realidad sociológica popular que no lo permitirá. El avance de la propia constitución bolivariana se le aplicará al que cometa tal delito de lesa humanidad. Y advertimos ¡es imprescriptible! La última acción criminal contra Julio Borges, por ejemplo, sus autores intelectuales y materiales tendrán que enfrentar la justicia.

Habremos de trabajar muy duro para crear una nueva situación de convivencia y reconciliación nacional, basada en los valores humanos de auténtica fraternidad, respeto a la disidencia y a la justicia. Ir sin dudas, ni resquemores, al encuentro de todos aquellos, que como nosotros ansían una verdadera Venezuela libre, con fuertes controles: de la criminalidad; con bajos índices de desempleo e inflación, nuevo sistema educativo y de salud, a través de la participación protagónica de la sociedad civil organizada, los fondos de pensiones y seguridad social, apoyo a las fundaciones, y demás organizaciones de la sociedad civil; todo ello es motivo suficiente para poner en marcha un nuevo rumbo de nuestra nave nación, sacándola del engañoso mar de la felicidad para llevarla, con las velas de todos los colores y los valores democráticos ondeando hacia una nueva Gran Colombia.

La inmensa responsabilidad es ahora trabajar desde ya las posibilidades futuras de un nuevo gobierno para Venezuela. A partir de la superación por parte de una mayoría aplastante del pueblo de la falsedad del esgrimido conflicto ideológico, como causa u origen de nuestros males: la guerra económica y el imperio. Se debe encargar un nuevo gobierno de unidad nacional realmente de la vida de la gente, por tanto así de su relación prioritaria con el hecho económico y social. De prevalecer la sensatez podríamos iniciar el camino a la sanación frente a tanta locura, que sin ser siquiatra bien le dijo el ex presidente Mujica a Maduro. Con apoyo del concierto de naciones amigas de nuestro continente, ¡Incluidas todas y cada una de ellas, y especialmente la gran nación de los Estados Unidos de América, si podemos!