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César Pérez Vivas

Guerra contra la economía

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Desde su conformación como movimiento político, el chavismo, asumió un claro perfil militarista. La circunstancia de haber surgido a la vida política por un frustrado golpe de estado conducido por una logia militar, impregnó al movimiento de unas características propias de la vida castrense. Su estructura y su lenguaje están claramente influenciados por la cultura militar.

Con frecuencia les oímos hablar de guerras y batallas.  Cada campaña electoral era bautizada con el nombre de alguna batalla de nuestro devenir histórico, como por ejemplo la de Santa Inés. De amigos y enemigos. Quienes tenemos desacuerdo con sus ideas y con su gobierno, somos declarados enemigos, que deben ser convertidos “en polvo cósmico” (Chávez dixit). De batallones, milicianos y toques de diana; para referirse a las formas de organización y acción del PSUV.  De estados mayores, para referirse a equipos burocráticos encargados de atender problemas, convertidos en crisis. Así se ha hablado de Estado Mayor  Eléctrico, Estado Mayor de Invierno, Estado Mayor de la Salud. Y hasta la suprema dirección del estado,  está impregnada del léxico militarista, cuando se habla del  Supremo Comando Cívico Militar de la Revolución.

Es el legado militarista que Hugo Chávez le dejo a un equipo político, que carentes de valores democráticos, lo han asumido como una forma de imitar a su jefe, y en un esfuerzo por mantenerse en el poder, pensando que eso agrada a la mayoría de nuestros compatriotas.

Por eso ahora, ante la debacle económica que vivimos, buscan en el militarismo,  la excusa a su fracaso: La Guerra Económica.

Los jefes del gobierno ilegitimo, Maduro y Cabello, así como todos sus cooperadores; hacen grandes esfuerzos en convencer al país,  de que la inflación, el desabastecimiento, la devaluación del bolívar, y el caos nacional son el resultado de “una guerra económica”  que sus enemigos adelantan con el fin de sacarlos del poder. Ese es su discurso, esa es su excusa.

Nuestra tarea es informar al pueblo venezolano que la gravedad de la situación económica y social es el resultado de LA GUERRA A LA ECONOMIA que el gobierno revolucionario viene adelantando, desde hace catorce años, contra los sectores productivos de la sociedad venezolana.

Desde que Hugo Chávez asumió “el socialismo cubano”  como el paradigma al que deberíamos avanzar, y lo definió como “el mar de la felicidad”, se dio inicio a todo un programa de “estatización” de la economía, mediante el cual el gobierno expropió tres millones de hectáreas, miles de empresas dedicadas a la producción de alimentos, bienes y servicios de toda naturaleza. Esas empresas han fracasado. Están quebradas, y ya no producen lo que antes generaban, todo lo cual ahora hay que importarlo.

La guerra contra la economía privada, que ha impulsado la cúpula roja,  ha convertido al productor, comerciante, industrial y/o emprendedor como un enemigo.  El discurso de los voceros de la barbarie roja,  y de la campaña de los medios oficialistas,  es presentar a todo agente económico como explotador, usurero, acaparador o falsificador.

Se ha montado todo un marco legal para hostigar la actividad económica privada. Se parte de la premisa, de que el empresario  es el malo de la ecuación económica; y por consiguiente, se le somete a un conjunto de requisitos y permisologías,  que hacen en extremo difícil desarrollar cualquier iniciativa en la  producción de bienes y servicios,  así  como en su comercialización. Dicho marco legal ha llegado a extremos de penalizar con prisión, violaciones a ese marco legal socialista; que ha venido surgiendo tanto de los decretos leyes, dictados en ejecución de leyes habilitantes, como de leyes ordinarias, dictadas por la Asamblea Nacional.

Ese marco legal ha producido el control de precios,  y el de cambio de la moneda nacional, cuyos nefastos resultados apreciamos en nuestro diario acontecer.

De modo que la causa del desastre económico en que nos encontramos, no es  ninguna “guerra económica” generada por agentes nacionales o internacionales; por el contrario,  se trata del resultado de  “la guerra a la economía privada” adelantada a lo largo de todos estos años,  por el gobierno chavo-castrista.