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Guillermo Santos

Guerra al chat inoportuno

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Dentro de la guerra complicada y sucia, con mentiras, denuncias, tramas, una Fiscalía injusta y totalmente politizada, que ha caracterizado a estas campañas electorales y cuya deprimente información, repetida a diario por todos los medios de comunicación, que tiene a los colombianos aburridos y tristes, se publicó el sábado una muy buena noticia con la que, si de verdad se cumple y se extiende a todo el país, los colombianos y su interacción social se van a fortalecer.

En Medellín se lanzó una iniciativa liderada por los restaurantes, como es la de solicitarles a sus clientes que guarden sus teléfonos celulares en unas casillas diseñadas para ello antes de sentarse a la mesa. Esto, de cumplirse, sería un paso muy importante para ver si el sentimiento humano, la cercanía con otras personas, su conversación, sus risas y miradas vuelven a ser algo importante o, por lo menos, mucho más que reírse con un LOL o guiñar con un ;) en un chat electrónico, envolviendo a los que están al lado en un papel que los convierte en seres humanos invisibles.

Entiendo que a las generaciones digitales esto les puede valer hue..., pero con medidas como esta, en rigor, pueden llegar a entender que existen un calor humano, una educación que los van a hacer sentirse mucho más personas, seres vivos, en lugar de solo sentir la temperatura que les transmite su aparato celular o su tableta.

En esta columna he escrito varias veces de este desafortunado fenómeno, que nació gracias a la convergencia digital. Muchos de los jóvenes que no despegan sus ojos de una pequeña pantalla seguramente no tienen ni idea de lo rico que es estar compartiendo con personas, mirándose, riéndose, sintiéndose así muy vivos y bien rodeados.

Medidas como las que se tratan de imponer en Medellín los van a motivar a guardar sus celulares en esos momentos de convivencia, y estoy seguro de que en poco tiempo van a llegar a la conclusión de que una sonrisa es mejor que un mensaje de WhatsApp y de que una mirada es mucho más importante que ver saltar al muñeco o la explosión de dulces con que se puede estar jugando en un aparato inteligente móvil.

Ojalá esto también se aplique pronto en Bogotá y en el resto del país, y que los muchos abogados que no tienen nada que hacer distinto de tutelar no lo hagan para prohibir su aplicación.