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Froilán Barrios

Es en Guayana donde se bate el cobre

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En Europa suele decirse que al pararse la usina Renault Billancourt, Francia se enferma, no en balde la huelga de mayo de 1968 aún cuando tuvo como punto de partida a los estudiantes, el fiel de la balanza fue el llamado a huelga general de los obreros de la fábrica de autos más importante del viejo continente. La onda expansiva de este evento fue crucial en la pérdida del poder de Charles De Gaulle en el referendo de 1969.

 En Venezuela es otra historia, la fuerza de los trabajadores tiene dos exponentes esenciales; en primer lugar, los trabajadores petroleros, cuya presencia fue vital  en las huelgas más impactantes de nuestra historia laboral en 1936, 1950, 2000, 2002, acompañada en segundo término con el reagrupamiento industrial más significativo en el eje de la siembra del petróleo y ubicado en la zona del hierro, determinó  el inicio de un nuevo sindicalismo destinado a sustituir a la decadente burocracia sindical integrada al Estado puntofijista.

Por tanto, domesticar al sindicalismo de las empresas básicas ha sido un objetivo permanente de quienes han ejercido el poder. Lo intentaron hacer Fetrametal y la CTV con la intervención de Sutiss en 1981 con el referenciado “Mollegazo”, relacionado con José Ángel Mollegas, ejecutor del acto antisindical, con el que se impuso un contrato colectivo llamando a los directivos destituidos “desadaptados”, “ultraizquierdistas” “los destructores de una empresa de interés nacional” (El Nacional 25-11-81),  “contra una empresa (Sidor) que pretendía ser acosada y destruida por un grupo inadaptado al sistema democrático” (20-11-81).

Como vemos, las coincidencias con el discurso de Diosdado Cabello y Maduro avalados por la CSBT no son ficción ni pura casualidad, al llamarlos “mafias sindicales”, “anarco-sindicalistas”, “guarimberos”. Bajo la actual gestión se abatió sobre las empresas básicas y en Sidor específicamente una gerencia improvisada, que generó por sus resultados la ruina de estos entes, promoviendo toda una suerte de experimentos laborales dirigidos a violentar la autonomía, la libertad sindical y suspender los contratos colectivos.

Comenzando por la Cogestión Revolucionaria (2003) en Alcasa donde los gerentes eran electos por los trabajadores derivando en un caos organizacional, luego se impulsó el Plan Guayana Socialista (2007-2013) donde se implantó el Control Obrero y Consejos de Trabajadores, dando origen a la corrupción con el conocido gang de la cabilla. Con estas figuras los presidentes de las empresas básicas sustituían en la práctica a los sindicatos.

El fracaso absoluto de todos estos experimentos y el aumento de la conflictividad laboral ha exasperado al gobierno nacional, que vino perdiendo fuerza sindical en la CVG,  Alcasa, Carbonorca, Ferrominera, Venalum y un cuestionamiento creciente en Edelca, Minerven, Bauxilum y Sidor, cuyo contrato colectivo fue la gota que rebasó el vaso de un discurso agotado, ante unos trabajadores frustrados por las promesas de un régimen que les prometió tomar el cielo por asalto y ahora pretende negarle sus reivindicaciones básicas.

Los sidoristas con la fuerza de su movimiento impidieron una segunda intervención, el “mollegazo rojo” de la madrugada del 14 de agosto, y al mismo tiempo decretaron dos grandes perdedores: la Central Socialista Bolivariana de Trabajadores y el gobierno nacional, convirtiendo a Guayana en la actualidad en el espacio primordial de cambio para el sindicalismo venezolano.