• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

Guarimberos, colaboracionistas y traidores

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A dos meses de continuas protestas en las calles de toda Venezuela, dura y salvajemente reprimidas por el régimen, con un altísimo costo en vidas –según cifras oficiales alrededor de 40 muertos, una gran cantidad de heridos y más de 1.600 detenidos sin fórmula de juicio, la mayoría de ellos por el hecho de ejercer su derecho a la protesta o simplemente transeúntes ajenos a lo que estaba sucediendo–, Maduro y su grupo de militares y algunos civiles no han logrado doblegar la resistencia de los valerosos estudiantes y de buena parte de la sociedad.

Las causas de dichas manifestaciones populares no han cesado, sino por el contrario se han agravado. La economía por el suelo, la inflación galopante convierte los salarios en sal y agua, la escasez y el desabastecimiento obligan a la gente a hacer larguísimas e interminables colas cuando aparece algún producto, la inseguridad; en fin, la vida cotidiana convertida en un vía crucis interminable, mientras Maduro –más ocupado por mantenerse en el poder– como lo ha señalado recientemente Lula, no se dedica a gobernar. Está atrapado en la espiral de la violencia.

Ahora bien, el grupo de cancilleres de Unasur ha venido a su rescate facilitando un diálogo al cual el régimen se ha negado terca y torpemente, basándose en el poder de la de la Fuerza Armada Nacional y de las bandas armadas que siembran el terror impunemente. Pues bien, habría que ser bien bruto para no darse cuenta de que esta arremetida no le ha dado resultado alguno, sino, por el contrario, ha enardecido más a los jóvenes y a la sociedad que los apoya, han perdido el miedo. Esto suele suceder cuando se abusa indiscriminadamente de la fuerza bruta, como instrumento para amedrentar y aterrorizar. La sola presencia de Unasur aquí es una fehaciente demostración de que Maduro y sus capitostes militares han fracasado rotundamente. La pacificación a trancazo limpio no ha funcionado.

Ahora bien, la oposición representada por la MUD –no podía hacer otra cosa– ha aceptado dar los primeros pasos de conversaciones con el régimen que se ha visto obligado a ello gracias a las protestas, cierres de vías y a las llamadas guarimbas que le han movido el piso. Si no fuera por esas acciones de calle no hubieran aceptado, presionados por Unasur, iniciar lo que en principio podríamos llamar un proceso condicionado de “diálogo”, lo que significa que, por primera vez, la presencia de una oposición –convertida en resistencia– con el nervio suficiente para lograr puntos fundamentales como la renovación paritaria de los poderes públicos –incluido, por supuesto, un CNE que garantice la imparcialidad de cualquier elección–, la liberación de todos los presos políticos, incluso los más emblemáticos como Leopoldo López, Ceballos, Scarano, Simonovis y tantos otros que han sido víctimas de la vendetta oficialista.

De todas maneras esta iniciativa de “diálogo” habría que tomarla a beneficio de inventario hasta tanto Maduro y su grupo den muestras de que en realidad quieren avanzar en la pacificación del país, antes de que sea demasiado tarde. Pero –siempre hay un pero– lo primero que se debe hacer para negociar en las mejores condiciones posibles ante un gobierno inescrupuloso y maula es que todos los factores que, a pesar de las diferencias ventiladas públicamente, han hecho vida dentro de la MUD se pongan de acuerdo en un programa mínimo para tener capacidad de negociación. Para ello es menester incluir a María Corina Machado y a Antonio Ledezma y a la representación de los estudiantes, de lo contrario se le haría el juego al adversario que se frota las manos cuando en la oposición se lanzan descalificaciones como las de que hay opositores guarimberos que hay que execrar, o cuando también se califica a quienes institucionalmente participan en las conversaciones preliminares de colaboracionistas y traidores. Por grandes que sean las diferencias, por encima están los interesases de la democracia. Colaboracionistas y traidores claro que los hay, pero todo el mundo sabe quiénes son y dónde están.