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Adolfo P. Salgueiro

Gringos malos e imperialistas, stay home

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No se precisa ser analista político ni vidente o experto en el tarot para darse cuenta de que el gobierno está en una situación de tensiones internas que lo llevan a adelantar acciones y omisiones completamente contradictorias mientras en el frente internacional su desprestigio crece a diario y en el nacional el descontento y la protesta se multiplican exponencialmente. Es por eso que tirios y troyanos (chavistas y opositores) afirman que “algo tiene que pasar” siendo que ese “algo” pueda ser un cambio de rumbo (no se sabe para qué lado) producido por alguno de los grupos que disputa la supremacía interna o porque el señor Maduro acceda voluntariamente a renunciar (mecanismo previsto en la Constitución). Así pues, la “transición” se presenta como una posibilidad con muchas aristas cuya interpretación puede ser opinable.

La noticia de la semana –no por lo importante sino por lo ruidosa– ha sido la decisión (ya publicada en Gaceta) de exigir visa a los ciudadanos norteamericanos que quieran visitar Venezuela y el subsiguiente decreto que impedirá la entrada al país de algunos dirigentes estadounidenses (Bush, Cheney, Menéndez, Rubio, etc. Obama se salvó “por ahora”) que verán truncados sus anhelados viajes a Margarita o la Gran Sabana y eventualmente congelados los bienes que puedan tener en tierras bolivarianas. A ello debe agregarse el golpe fatal al turismo que se verá privado del torrente de gringos que día a día –en números crecientes– visitan nuestra patria. Además, anticipamos grandes dolores de cabeza para nuestros consulados en el “imperio” desbordados por las colas de solicitantes de visas que aún no saben si será por número de cédula, por pernocta frente a la sede o a través de experimentados gestores. Es previsible que sean graves las aglomeraciones en Nueva Orleans ya que el Consulado de Venezuela en esa ciudad ha venido supliendo al de Miami desde su cierre en 2012. ¿Y cómo harán con la visa  gringa tantos compatriotas nuestros ansiosos de visitar Disneyworld sin distingo de ideologías cuando en Colinas de Valle Arriba queden apenas cuatro gatos para atender la demanda? El Ratón Mickey seguramente sentirá la ausencia de nuestros bulliciosos compatriotas y ya Magic Kingdom o Uinversal Studios no serán lo mismo.

En todo caso, este columnista reivindica el derecho soberano que asiste a Venezuela para imponer visas y restricciones a quienes quieran entrar en su territorio igual como otros países hacen con nosotros (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, países árabes, etc.). Lo que es igual no es trampa. Lo que no es seguro ni luce favorable es la calidad y consecuencias que tales decisiones representan para nuestro país.

En cuanto a la restricción que impone a Estados Unidos una reducción drástica en el número de funcionarios a fin de restablecer la reciprocidad, también creemos que es una decisión soberana además de ser conforme al artículo 11 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas que nuestra Cancillería invoca como sustento de la medida. Soberana no significa que sea ni prudente ni buena.

Sin embargo, la Convención que se invoca para lo anterior es la misma que garantiza que los diplomáticos acreditados en uno y otro país tienen la libertad de reunirse con quien les parezca para el ejercicio de sus funciones, de lo contrario no habría razón para que existan las embajadas. Imaginémonos, pues, al gobierno de Washington exigiendo que nuestro encargado de Negocios tenga que pedir permisos para reunirse con las personas que estime adecuadas para llevar adelante su misión o que aquel gobierno exigiera el cierre de los grupos –que los hay– dedicados a la defensa del “proceso bolivariano”, etc. Tal cosa sería considerada “un atropello” del imperio malvado que también hace bajar el precio del petróleo y demás acciones destinadas a desestabilizar los “éxitos” que desde hace algunos años se vienen cosechando en Venezuela.

Quien esto escribe no quisiera estar en los zapatos de nuestros representantes en Estados Unidos a los que se les ha encomendado buscar una mejora en las relaciones, al tiempo que se les hace imposible el logro de tal cometido por el discurso enloquecido que se maneja dentro de Venezuela, todo ello sin olvidar que es Estados Unidos nuestro principal socio comercial, lo cual no puede ni debe ser olvidado, al menos mientras no podamos autoabastecernos. No es suficiente proclamar que “tenemos patria” cuando los principales insumos y tecnologías requeridas por nuestra población provienen de aquella potencia “maligna”.

Desde esta columna se sugiere a los responsables de la conducción interna que más bien enfoquen sus energías a atender los problemas que nos agobian, que dejen las cortinas de humo y que, cuando la “Venezuela potencia” soñada por el Comandante Eterno sea una realidad, entonces sí hagamos los desplantes que nuestras fortalezas nos permitan.

Predicción: el próximo p… será con Colombia. Anótenlo.

 

@apsalgueiro1