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Alberto Krygier

El gran reto

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“No sabemos lo que pasa y eso es lo que pasa”. Estas son palabras del sabio Ortega y Gasset, que describen nuestra actual situación de incertidumbre, de confusión. Parece que no tenemos idea de dónde estamos ni hacia dónde vamos. Hemos perdido el rumbo. Otros países, mientras tanto, están preocupados o, como dicen algunos, “indignados” por su situación social, política y económica y exigen soluciones a sus gobiernos. Presentan temas complejos y de envergadura, muchos de ellos específicos y fundamentales.

Los indignados han expuesto sus inquietudes y protestas en todas las latitudes: Europa, Medio Oriente, Rusia, Estados Unidos. Asimismo, han surgido numerosos reclamos de difícil solución en naciones suramericanas (entre ellas, Chile, Brasil y Venezuela), con aspectos económicos, sociales, morales, etc.
(Sería  interesante indagar por qué países como China, India, Noruega, Australia, entre otros, no han sufrido, con igual intensidad, la “indignación” de sus pueblos.)

Hoy por hoy, la conocida crisis ya no es solo económica, sino también política, institucional y moral. Y en estos cuatro ámbitos podría hallarse la base para colaborar con la solución de las demandas y necesidades ciudadanas. Una democracia necesita una sociedad civil vigorosa, Sin una sociedad civil unida y fuerte, las instituciones políticas serán muy frágiles y se hará más difícil poder ayudarlas.

Sin embargo, no todo es indignación o quejas; existen muchos planes positivos de desarrollo. El 23 de mayo del presente año, Colombia, México, Perú y Chile; en una reunión celebrada en Cali, firmaron la llamada Alianza del Pacífico, cuyos inicios se habían dado el año pasado. Costa Rica se sumó posteriormente al grupo. Es un esfuerzo productivo, recíproco y equitativo para aunar sus respectivas capacidades e intercambiar con los países asiáticos, un mercado muy importante. Las economías de los países que conforman dicha alianza son, por lo demás, complementarias entre sí.

Democracias reales que respetan las libertades civiles y políticas esenciales de sus ciudadanos y que no están siendo ni deformadas, ni manipuladas por la ola del neopopulismo. Para  fines de este mes de junio planean comenzar la  comercialización entre sí, libre de aranceles. Su estrategia comercial es avanzar en dirección a la pospuesta libre circulación de personas, bienes, capitales y servicios en su interior y colectivamente. Es su intención tener reglas estables y transparentes, para todos por igual. Afirman que producen alrededor de 30% del PIB de América Latina.
 
Ha llegado el momento de una transformación inteligente de nuestros países, que tenga como base un pacto político y social amplio, donde todas las diversas fuerzas económicas y políticas encuentren cabida. Este cambio, probablemente más propio de nuestras aspiraciones, es urgente plantearlo y realizarlo de inmediato. Como apuntó el presidente de México, Enrique Peña Nieto, es hora de abrirle paso a los sectores más institucionales y moderados, a los miembros que comparten una visión a favor de la vigencia del Estado de Derecho y de la democracia, a los que creen que con el libre comercio podemos encontrar mayor competitividad  para nuestros pueblos.

Pero como dice Edgar Morín, las reformas políticas, económicas, educativas y vitales; por sí solas, han estado y estarán condenadas a la insuficiencia y al fracaso. Cada reforma puede progresar si progresan las demás, deben ser correlativas, interactivas e interdependientes. En la unión esta la fuerza, ese es el gran reto.

“No sabemos lo que pasa y eso es lo que pasa”. Estas son palabras del sabio Ortega y Gasset, que describen nuestra actual situación de incertidumbre, de confusión. Parece que no tenemos idea de dónde estamos ni hacia dónde vamos. Hemos perdido el rumbo. Otros países, mientras tanto, están preocupados o, como dicen algunos, “indignados” por su situación social, política y económica y exigen soluciones a sus gobiernos. Presentan temas complejos y de envergadura, muchos de ellos específicos y fundamentales.

Los indignados han expuesto sus inquietudes y protestas en todas las latitudes: Europa, Medio Oriente, Rusia, Estados Unidos. Asimismo, han surgido numerosos reclamos de difícil solución en naciones suramericanas (entre ellas, Chile, Brasil y Venezuela), con aspectos económicos, sociales, morales, etc.
(Sería  interesante indagar por qué países como China, India, Noruega, Australia, entre otros, no han sufrido, con igual intensidad, la “indignación” de sus pueblos.)

Hoy por hoy, la conocida crisis ya no es solo económica, sino también política, institucional y moral. Y en estos cuatro ámbitos podría hallarse la base para colaborar con la solución de las demandas y necesidades ciudadanas. Una democracia necesita una sociedad civil vigorosa, Sin una sociedad civil unida y fuerte, las instituciones políticas serán muy frágiles y se hará más difícil poder ayudarlas.

Sin embargo, no todo es indignación o quejas; existen muchos planes positivos de desarrollo. El 23 de mayo del presente año, Colombia, México, Perú y Chile; en una reunión celebrada en Cali, firmaron la llamada Alianza del Pacífico, cuyos inicios se habían dado el año pasado. Costa Rica se sumó posteriormente al grupo. Es un esfuerzo productivo, recíproco y equitativo para aunar sus respectivas capacidades e intercambiar con los países asiáticos, un mercado muy importante.

Las economías de los países que conforman dicha alianza son, por lo demás, complementarias entre sí. Democracias reales que respetan las libertades civiles y políticas esenciales de sus ciudadanos y que no están siendo ni deformadas, ni manipuladas por la ola del neopopulismo. Para  fines de este mes de junio planean comenzar la  comercialización entre sí, libre de aranceles. Su estrategia comercial es avanzar en dirección a la pospuesta libre circulación de personas, bienes, capitales y servicios en su interior y colectivamente. Es su intención tener reglas estables y transparentes, para todos por igual. Afirman que producen alrededor de 30% del PIB de América Latina.
 
Ha llegado el momento de una transformación inteligente de nuestros países, que tenga como base un pacto político y social amplio, donde todas las diversas fuerzas económicas y políticas encuentren cabida. Este cambio, probablemente más propio de nuestras aspiraciones, es urgente plantearlo y realizarlo de inmediato. Como apuntó el presidente de México, Enrique Peña Nieto, es hora de abrirle paso a los sectores más institucionales y moderados, a los miembros que comparten una visión a favor de la vigencia del Estado de Derecho y de la democracia, a los que creen que con el libre comercio podemos encontrar mayor competitividad  para nuestros pueblos.

Pero como dice Edgar Morín, las reformas políticas, económicas, educativas y vitales; por sí solas, han estado y estarán condenadas a la insuficiencia y al fracaso. Cada reforma puede progresar si progresan las demás, deben ser correlativas, interactivas e interdependientes. En la unión esta la fuerza, ese es el gran reto.