• Caracas (Venezuela)

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Gustavo Briceño

¡Gracias a la libertad!

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En cualquier situación en la cual nos encontremos nuestro instinto es hacer de ella un estado de acomodamiento pensando en la posibilidad de manejar nuestros asuntos con la mayor libertad posible. Ciertamente, la libertad –que tanto se ha escrito de ella– es una situación determinada por las circunstancias y principalmente por los hechos que ocurren. Para escribir e invocar nuestros pensamientos es posible solo hacerlo, si te encuentras en un medio individual y colectivo apropiado para manifestarlo. Escribí varios años para un diario conocido, sin embargo, recibí la noticia de que ya no podía hacerlo. Lo juro, que ese día me ahogué de angustias, presentí además de la limitación formal, una especie de abandono de mis pensamientos y actitudes hacia los demás, más yo, que soy una persona que todo lo digo.

Claro, que estas libertades a los cuales me refiero, sobre todo a las individuales, se vinculan  a las libertades sociales, y para ello, topamos con el Derecho como institución, y todas aquellas circunstancias que la limitan, la democracia como sistema político, etc. Pero en todo caso, es menester precisar la importancia que existan situaciones, digamos medios de comunicación, que no solo te permitan tu libertad para pensar, sino que del mismo modo te faciliten el instrumento necesario para hacerlo. Es así como un tubito que te auxilia cuando estas en una piscina sin posibilidades de respirar. Es entonces un problema importante a dilucidar en cualquier opinión que se pretenda convertir en eco de discusión y de comunicación. Adquirir un compromiso con la vida es esencialmente un acto de responsabilidad que se exige alternarlo con la libertad. Desde luego, respetando y asumiendo la idea de valorizar a los demás, sobre todo cuando uno no está de acuerdo con otras posiciones.

Hoy día, el ejercicio ideal de libertad de comunicación exige que uno diga la verdad, es decir, expresar que existe un régimen político, por ejemplo, que poco a poco apaga la posibilidad de expresar las ideas a través de instrumentos que jamás lo habíamos pensado. Ya no se detienen físicamente a comunicadores sociales ni a pensadores o articulistas, sino que se compra a determinados medios para después transformar el instrumento y convertirlo en sujeto pasivo de las políticas del Estado. Es así como una nueva dictadura detrás de alguien, decimos moderna y técnica, que avanza sobre cada uno de nuestros sentimientos y que genera hasta un punto grave procesos de angustias, de descomposición, y decepciones por todos lados. La presión es tan cacareada y fuerte, que lo que vemos que había existido y que nunca lo habríamos permitido, ahora es real, es un asombro inimaginable y sorpresivo que se convierte en situación perdurable y constante, hasta imaginarse en la idea de que es posible un cambio radical, hasta con métodos y procedimientos de fuerzas que justifiquen un cambio feroz ahora, en este régimen político, tan indiscutiblemente antidemocrático y avasallador.

El diario El Nacional hace renacer mi estado anímico e intelectual, es para mí como un tubito, pero muy grande, lleno de libertad, de vida y de esperanza, por cuanto permite la trascendencia de ser responsable y de expresar las ideas hacia el futuro, pensando en que lo que se dice, es en el sentido más práctico de la verdad, un ejercicio de libertad es decir, un ejercicio de vida, es decir, un ejercicio de ciudadanía. En estos días hemos asistido a su cumpleaños, y son 71, una cifra mágica que revela que la vida en general, es para ello, para hablar y decir lo que uno quiera alterado con el respeto debido que ordenan los ordenamientos formales. ¡Qué triste que otros medios no estén en igual condición! pero siento que la “situación” va poco a poco cambiando positivamente, dirigida a que los ciudadanos podamos expresar nuestras angustias pero también nuestros sueños. Pensar en esto último es objetivamente un ejercicio pleno de ciudadanía. Así lo creo.

gbricenovivas@gmail.com