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Richard Blanco

Gracias a Dios no me mataron…

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Hoy quiero contarles algunas experiencias que me han relatado amigos y amigas quienes han sido víctimas de la delincuencia que azota a nuestro país... Por razones obvias cambiaré sus nombres, pero todo lo demás es completamente real.

Eran las 10:00 am, del miércoles pasado, Carmen y Julio, una pareja de profesionales de 24 y 30 años de edad, iban entrando en la casa de este último ubicada en la avenida Libertador en una moto de su propiedad; antes de que se abriera la puerta automática de su edificio, dos motorizados con vestimenta policial y con sus respectivos parrilleros los encañonaron, y les arrebataron sus celulares y algunos cuantos churupos que cargaban en sus carteras. La tensión que sintieron en ese momento aún la recuerdan con gran impotencia.

El día jueves –también de la semana pasada–, a eso de las 9:00 pm, Fernando se trasladaba en su vehículo acompañado por cuatro amigos; al pasar por la avenida San Martín, unos malhechores le dieron la voz de alto con la intención de robarle su carrito que con gran esfuerzo adquirió. Al acelerar estos desalmados les dispararon 25 tiros, con la gran “suerte” de que solo uno de ellos impactó en la pierna de Fernando.

El día viernes, aproximadamente a las 8:00 am, María Fernanda, nutricionista de profesión y amiga de muchos años, salía del Hospital de Clínicas Caracas cuando fue abordada por un individuo, este le colocó una pistola a nivel de la cintura, al tiempo que le decía: “No grites ni te muevas o te mato”, el sujeto le robó un celular y siguió caminando como si nada hubiera pasado, bajo la mirada atónita de mi amiga. Ese mismo viernes, como a las 2:00 de la tarde recibí una llamada aún más triste. Era Carolina, una amiga de la infancia, residente de La Pastora, quien me contó la lamentable noticia de que habían asesinado a su hijo Juan Francisco, un joven al cual le arrebataron la oportunidad de vivir, y a su madre de verlo surgir, solo por quitarle un celular de última generación. No obstante, hay otros casos que no se quedan en el anonimato y se convierten en opinión pública, como fue el asesinato de Dannys Xavier Cruz, ultimado de un disparo en la espalda cuando corrió hacia una unidad colectiva para huir de dos hombres y una mujer que intentaban robarle su equipo Blackberry, o el hecho donde murió el médico internista Wladimir Alexander Wong, quien recibió un disparo en el pecho cuando sujetos en una moto intentaron despojarlo de su móvil.

Ante esta realidad, ¿se podría decir que la vida de un ser humano ya tiene precio? Estas no son las únicas historias de las cuales me he enterado, al contrario, son centenares de ellas las que podría contar.

A lo que me refiero es a que realmente la delincuencia está haciendo de las suyas bajo la mirada complaciente de las autoridades de turno, que no se inmutan en lo más mínimo; al contrario, con eso solo reafirman que los planes en materia de seguridad que han implementado en estos últimos 15 años de revolución han sido un total fracaso, claro, los funcionarios y amigotes del gobierno poseen escoltas y carros blindados que los protegen a diario de los choros. Y no miento, ustedes saben que no lo hago; pero quien pueda tener dudas los invito a que se detengan un momento en la avenida Bolívar y verán pasar a cada rato a estos señorones en las condiciones que acabo de relatar.

Tengo años haciéndole seguimiento al problema de la inseguridad en Venezuela y de manera muy especial al área metropolitana de Caracas. Para ello me nutro de información a través de algunos funcionarios del propio gobierno que me suministran las cifras rojas de muertes violentas, atracos y violaciones, ya que como ustedes saben desde hace unos cuantos años el gobierno esconde estos números que son extremadamente alarmantes.

Hasta la fecha han ocurrido en el área metropolitana de Caracas 2.225 asesinatos, siendo la mayoría de estas muertes en el municipio Libertador donde por desgracia tenemos un alcalde ausente, que no se dedica a gobernar para darles mejor calidad de vida a los ciudadanos que habitamos en esta ciudad.

Cito algunos ejemplos: en la parroquia Catedral se han reportado en estos últimos 6 meses, más de 1.000 arrebatones de carteras y celulares a transeúntes. En la parroquia San Bernardino, en el mismo tiempo, se han reportado más de 60 secuestros exprés y más de 100 vehículos hurtados. Me imagino que la gente del gobierno que lea este artículo va a decir que soy un fantasioso y estoy pagado por el imperio para echar vaina, pero no es así, ustedes saben, mis queridos lectores, que estas cifras “oficiales” quedan en pañales frente a la realidad que atravesamos todos los venezolanos, y eso que solamente he citado pocos casos.

Hay una sola expresión de quienes quedan vivos: “Gracias a Dios que no me mataron”. Esto no puede ser, yo no quiero conformarme con el hecho de que no maten a nadie; yo deseo que no se produzcan muertes, y es el gobierno el que debe darles a los ciudadanos la garantía de resguardar su vida y sus bienes, ya que es un mandato constitucional. No hay excusas para no cumplir a cabalidad con este mandamiento, pero tristemente hay que reconocer que este régimen es incapaz, improvisador y le ha quedado muy grande la conducción de políticas públicas en esta materia.

Hay que ponerle mano dura al hampa, buscar a los mejores hombres y mujeres preparados en materia de seguridad en nuestro país –que, por cierto, hay de sobra– para acabar con este flagelo que está afectando la tranquilidad y la vida de los venezolanos.

Ahora Carmen, Julio, Fernando, María Fernanda y Carolina me dicen con un dolor profundo en el alma que quieren irse del país que los vio nacer, porque han quedado marcados por el látigo de la delincuencia que opera libremente en Venezuela. Y así como ellos seguro estoy de que ustedes deben conocer a unos tantos más que piensan de la misma manera; por eso no me voy a conformar y seguiré luchando junto a la mayoría de compatriotas que buscamos tener una mejor calidad de vida en nuestro amado país, porque a Venezuela hay que quererla no con palabras, sino con hechos.

 

*Diputado a la Asamblea Nacional por Caracas