• Caracas (Venezuela)

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Gonzalo González

El 2016

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Este 2016 que tímidamente agota sus primeras jornadas será bastante complicado, turbulento y perjudicial para la calidad de vida del venezolano común y en general para el país en su conjunto. Así lo anuncian todos los pronósticos y evidencias serias. Solo la victoria el 6-D de las fuerzas democráticas alienta la esperanza de un futuro diferente y mejor.

La nación está padeciendo los rigores de una tormenta perfecta que crecerá en magnitud y profundidad como consecuencia de que el régimen responsable de la crisis ha gestionado la misma de una forma desacertada, se ha conformado con correr la arruga y negado a las rectificaciones y cambios necesarios. Nos deslizamos hacia el abismo insondable del caos. Hasta el sábado 9 de este enero en la mañana, solo en la morgue de Caracas habían sido ingresados 138 cadáveres producto de la violencia en lo que va de 2016.

Por si lo anterior fuese poco, la actitud del oficialismo ante lo ocurrido en los comicios de diciembre es insólita por antidemocrática y golpista y porque es un catalizador para la crisis e inconveniente para los intereses nacionales.

El chavismo no ha leído ni digerido correctamente lo sucedido y en vez de reconocer plenamente al nuevo parlamento y convocarlo a una concertación dirigida a buscar las soluciones nacionales a la crisis –como lo harían unos estadistas y genuinos demócratas– se decanta por el enfrentamiento.

Los objetivos de esta actitud refulgen como el oro, se busca empantanar, esterilizar, anular e inutilizar la gestión del  parlamento. Se persigue convertir la AN en un ring, en un circo grotesco poblado de enfrentamientos inútiles y violencia verbal. Alejarla de los reales problemas nacionales y descalificarla  como foro nacional. En definitiva, restarle legitimidad y utilidad ante los ojos de la ciudadanía al único poder nacional que no tiene cuestionada su legitimidad de origen.

La nueva mayoría democrática no debe facilitar los objetivos claros del oficialismo y eso supone cumplir con los tres importantes compromisos adquiridos con el país por la MUD: recuperar la autonomía y el ejercicio pleno de las competencias del Poder Legislativo, facilitar y promover políticamente y en uso de sus atribuciones toda acción destinada a resolver la crisis, por último y no menos importante: conducir y dirigir al país hacia el cambio de gobierno y de régimen.

De entrada todos debemos entender las complicaciones y obstáculos existentes para materializar el cambio, que el camino no será lineal –entre otras razones por la vocación dictatorial del adversario y la pluralidad de la coalición democrática–; el 6-D fue un impulso indispensable y vigoroso pero hay que quemar otras etapas y en todo esto influye de manera decisiva la actitud del régimen.

Las fuerzas democráticas necesitarán mucha cohesión, astucia, habilidad, sentido de los tiempos, conexión emocional y política con las mayorías nacionales para cumplir con su papel histórico en esta hora preñada de posibilidades y riesgos.

No puedo terminar estas reflexiones sin referirme a los últimos anuncios de Maduro. Comunicó después de un largo mes del primer aviso un nuevo gabinete y la presentación ante la AN de un proyecto de Ley de Emergencia Económica.

Lo más relevante, en mi criterio, sobre el equipo ministerial fue la continuidad de Padrino López, la designación de Aristóbulo Istúriz en la Vicepresidencia Ejecutiva y del sociólogo Luis Salas en la vicepresidencia en materia de economía. La ratificación de Padrino desmiente muchos rumores. Lo de Aristóbulo es leído por algunos de manera positiva porque el personaje es, supuestamente, un político capaz de dialogar y motorizar acuerdos; sin embargo el Istúriz de estos tiempos evoca más a un dirigente sectario y de lenguaje procaz y retador, pero lo pertinente es esperar su desempeño. En cuanto a Salas, surgen muchas dudas por su conocido radicalismo y por no ser economista, requisito básico para desempeñar tan complicada función.

La intención de Maduro de comparecer ante la AN para exponer el proyecto de Ley de Emergencia Económica es positivo por cuanto es un reconocimiento al Parlamento y sus competencias, además un reconocimiento a la magnitud del problema y una ventana a la concertación. Pareciera que el gobierno evalúa como negativa la actitud de obstrucción adoptada por sus diputados la primera semana. Sobre el contenido de lo que va a proponer y el resultado de la comparecencia no puedo pronunciarme por cuanto escribo estas líneas el lunes 11 de enero.