• Caracas (Venezuela)

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Alexis Alzuru

Golpe democrático o la tercera vía

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Entre quienes postulan el “Maduro vete ya” y los que sugieren dialogar con el gobierno existe un canal intermedio. Sus componentes son las conversaciones con voceros del Polo Patriótico, la protesta pacífica y las denuncias. Establecer una arteria fuera del alcance del presidente y de las minorías radicales es una prioridad. En especial, cuando se observa que el gobierno insiste en promover la violencia. Sus últimas acciones combinan la represión y la arbitrariedad con una espectacular escalada de los precios de alimentos y bienes. El presidente busca desafiar, no dialogar. Sabe que un pueblo deliberando es una amenaza para sus planes y los que tienen los extremistas que aún quedan. Es momento de redefinir los interlocutores para esta etapa. Hay que sentar a los moderados de ambos bloques. Ensayar el diálogo entre quienes han sido silenciados. Las conversaciones entre voceros de la oposición y los del Polo son más eficaces que escuchar a Nicolás Maduro. La cúpula oficialista retrocede ante el pueblo actuando, no por las exigencias de sus aliados o de los delegados de la MUD.

Muchos dirigentes del Polo Patriótico y de la oposición desean evitar que una minoría corrupta los utilice para perpetuarse en el poder. Un acuerdo entre ellos es un asunto de dignidad personal y política. Además, destrancaría el juego. De hecho, un pacto sobre los nuevos rectores del CNE les colocaría en una situación de equilibrio frente a los radicales y de ese clan que se apoderó de la izquierda. Sobre todo, les ubicaría como los protagonistas del consenso que se necesita para dar una salida constitucional a esta crisis. Además, les permitiría iniciar un debate sobre las bases de un nuevo contrato social para Venezuela. Se convertirían en los líderes del proceso de cambio a que aspiran y reclaman los venezolanos.

Los directivos del Polo tienen tanta dignidad y sentido de nación como los de la oposición. Por eso, es razonable conjeturar que están en desacuerdo con la entrega de la soberanía a los chinos, rusos y cubanos. Como la mayoría de los ciudadanos, con certeza considerarán que canjear las riquezas de Venezuela por comida y artículos desechables es disparar a quemarropa contra el futuro de las próximas generaciones. Igual rechazarán la represión que se ha ejercido en contra de estudiantes y manifestantes; también desearán que los bandidos infiltrados en la política sean expulsados. Por lo demás, en esa familia miles habrán vivido en carne propia el mismo trato alevoso que los jefes de la burocracia pública le dan al pueblo. Motivaciones les sobran a los líderes de la izquierda para iniciar una verdadera rebelión democrática que dé al traste con la logia que los desprecia al igual que lo hace con el resto de los venezolanos.

El presidente y los foquistas temen que la sociedad y los dirigentes moderados se comuniquen y acuerden. Recelan un consenso popular que desmantele sus pretensiones. Quieren evitar que se descubra el horror que la democracia les produce. Que se muestre que sus liderazgos se alimentan de empujar a los ciudadanos hacia lo desconocido. Sin embargo, muchos son los datos, señales y síntomas que sugieren que los venezolanos desean un viraje político pacífico y constitucional. La oportunidad la tienen los cuadros medios de la dirigencia social y política del país. Pues, los que están en primera fila perdieron el rumbo por sus ambiciones. Pero el pueblo todo lo puede cuando delibera. Incluso, inmovilizar las siniestras aspiraciones de sus gobernantes y, por supuesto, la de aquellos pocos que tras batidores actúan para beneficiarse, así lo hagan en el marco de un río de sangre.

 

*Profesor UCV