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RUBÉN DARÍO ARROYO OSORIO (A tres manos) 

Glosas sobre la creación del sujeto y la corrupción de la sal en la norma que regula

Abordaremos esta reflexión en aras de fundamentar desde la filosofía de la praxis la búsqueda de elementos teóricos explicativos acerca de la ausencia de un sujeto autónomo en los procesos y mecánicas de la política colombiana, en concreto de la participación política electoral, que no obstante NO ser la única forma de participación política la abordamos hoy,  por estar sumida en la postración merced a mecanismo del poder político y económicos basados en la  corrupción y exclusión de ese sujeto, aun sumiso y morador de una espacio de abyección que en la cotidianidad rompe la norma y cae preso de acciones de corrupción en la política electoral.

Michel  Foucault (1982) nos enseña a dirigir nuestra reflexión sobre el tema, más en la búsqueda de cómo funciona el poder en un determinado contexto histórico que, en quien lo detenta. Esta ilación contrastada con la idea de Judith Butler (1997), de relacionar sujeto, cuerpo y poder para replantear la noción transversal de Foucault, según la cual “el poder produce sujetos”. Así las cosas el filósofo Francés destaca aquí un carácter positivo de la mecánica del poder, mientras que Butler acentúa que en la relación de poder de la fuerza hegemónica sobre los grupos sometidos hay siempre una sujeción al poder, o dicho de otra manera –un apego vital a la ley y a la norma que deviene constitutivo del cuerpo y del sujeto.

Esta apreciación de Butler sobre la necesaria sujeción al poder del sujeto permite tratar de manera crítica asuntos concernientes a la violencia ejercida desde el poder para hacer efectiva la aplicación de la norma que a la postre generan una escisión entre  zonas anormales y normales o abyectas. Entonces se piensa esta  violencia en relación un determinado ideal normativo y también con apego a la ley constitutivo del sujeto, permitiendo constituir diferentes modos de resistencia a la norma. Es decir, que en este proceso de producción y sujeción se presentan como las partes de una unidad, aunque contradictoria, dialéctica e indisoluble. En otras palabras son los dos polos de la mecánica del poder.

Este sujeto, como individuo que reacciona de manera anárquica o reflexiva, a la saturación y al abuso del poder  y aún mejor como colectivo se revela en alguna forma organizada a las distintas formas de violencia y ejerce resistencia a ese poder que impone la norma y la ley. Será esta una señal tangible de romper la sin salida de la sujeción y de autorreconocimiento del sujeto más allá de la interpelación de quien ejerce el control del poder y que construye al sujeto que en principio y por necesidad vital, como se dijo, acepta la norma, pero también pasará a cuestionarla en ese proceso de forcejeo entre sujeción y resistencia. No obstante Foucault advierte que el poder no solo tiene una faceta esencialmente represiva sino que, también en la mecánica propia de su funcionamiento tiene una faceta productiva que se manifiesta, especialmente en las sociedades disciplinarias al verse involucradas en diversas funciones como distribuir, serializar y normalizar.

Sería entender que el poder disciplinario al tratar de “enderezar conductas”, no reduce las fuerzas que domina encadenándolas totalmente al punto de eliminarlas, en masa y de manera total en un arrasamiento, sino más bien ejerciendo un proceso de neutralización  les permite que se multipliquen de alguna manera para seguir dominándolas, o sea que separa,  analiza y diferencia a los dominados, en sus matices o formas en que ella se pudieran multiplicar y al mismo tiempo continua usándolas en medio de la implementación de acciones cada vez más singulares y necesaria utilizando incluso mecanismo de descomposición (Foucault, 1975).

Esta construcción de individuos dóciles útiles está ligada al uso de determinados dispositivos que alimentan la exclusión o aceptación de grupos, organizaciones o individuos particulares que van asimilando lo que el poder hegemónico ha implantado  través de permitir conductas y comportamientos asumiéndolas y reproduciéndolas como dimensiones de lo normal y anormal. En esta normalización disciplinaria los individuos ajustan sus actos, sus gestos, sus formas de pensar a unos modelos que adecuados a la norma sería lo normal y lo que no se adecua a ella sería lo anormal (Foucault. 1978).

Sin embargo, se da la trasgresión de la norma que paradójicamente coadyuva a la continuidad de la sujeción a un poder hegemónico y excluyente, expresado en dominio de las clases-élites, grupos aliados que controlan el poder político respaldado por el dominio en las relaciones económicas y sociales. Para que estas transgresiones no se desarrollen tanto, al punto de poner en jaque la observancia de la norma heterónoma a través de su equipamiento en los diferentes mecanismos del poder desde sus dispositivos de seguridad y de control se opera una transición que va desde las diferentes normaciones particulares que sustentaban el carácter prescriptivo de la norma a una normalización que contiene a norma y los diferentes grados de normalidad material, concreta en los cuerpos que se encuentran cercados políticamente, en gran parte imbuidos por una relación de poder y de dominación, como fuerza de producción...5. (Foucault, 1975: 32-33).

Frente a este aniquilamiento del Sujeto que destaca Foucault desde la categoría de subjetivación por medio de la que el poder produce al sujeto en su interpelación, Judit Butler señala que en el mismo proceso se va generando una situación de ambivalencia en tanto el sujeto emerge como efecto de un poder anterior y como condición de posibilidad de una forma de potencia condicionada… (Butler. J. Ibíd.).

Ahora si el poder se inscribe en ese espacio que es el cuerpo, que resulta en sujeto, pero como al mismo tiempo no existe sujeto anterior a dicho devenir, si se quiere explicar como se produce sujeto estaremos obligados a representarnos algo que no existe. No se acepta de suyo que haya un sujeto cronológicamente anterior ni ontológicamente distinto del proceso que lo produce al tomarlo ligar de investidura o con palabras del autor de Vigilar y castigar: “no se puede decir que el individuo preexista a la función sujeto, a la proyección de la psique, a la instancia normalizadora…” (Foucault, 2003, 78).

Así las cosas quien piense, comparta o lidere la idea de transformar ese individuo sumiso o prisionero de la norma que regula en el proceso permanente de normalización en sujeto autónomo o por lo menos insurrecto de la norma, tendrá que advertir esta ambivalencia del sujeto que aún no es y del sujeto que se construye en el ámbito de los mecanismos del poder  todas sus tecnología disciplinarias abiertas o veladas que al mismo tiempo despliega una faceta creativa de ese sujeto que reclama regido en el marco de una determinada norma. ¿Pero como ser sujeto en un contexto en que la norma no ha sido asimilada o no se atiende, para crearse como sujeto en tanto no se piensa ni se asume como capaz de una acción que lo libere de ese cercamiento individual y colectivo?

Se plantea entonces una simultaneidad en el funcionamiento de la  inmanencia de la norma que, no actúa sobre un contenido independiente a ella  y, esta norma al producir al sujeto también se produce ella. Es de suyo una materialización constante de la norma que se estabiliza a través del tiempo produciendo un efecto de frontera, de permanencia y de superficie en  que llamamos materia, entendida con relación a los efectos producidos y materializados, del poder regulador en el sentido de Foucault, según  Butler (Matías Abeijón. 2014).

Aquí es más determinante la historicidad que somete la inmanencia de la norma que la preexistencia de un ideal normativo. Por ejemplo, en las sociedades disciplinarias el ideal normativo de docilidad y utilidad ingénito a dicho régimen es producido por la serie de acontecimientos históricos locales y, simultáneamente produce el sujeto disciplinado que abarca en la dominación. Butler destaca ahora como se desarrolla una simultaneidad y ambivalencia de subjetivación o sujeción.   

Para ella, y sometimiento en la constitución de sujeto y de la propia mecánica del poder en la cuenta una determinada topografía psíquica que, según ella, Foucault no desarrolla. Ante la pregunta: ¿De qué manera el sometimiento del deseo instituye el deseo por el sometimiento?, ella se inclina en sostener que la sumisión definida como comisión al poder abre la dimisión de la disposición del sujeto a ser sujetado o bien la disposición del sujeto a ser producido bajo determinado ideal normativo (Butler. J. op. Cit; Foucault. 2003. Op. Cit;  Abeijó Matías. El poder y el sujeto. Sujeción y resistencia en Judith Butler).

Así en esta argumentación el poder al mismo tiempo forma al sujeto y es condición de su existencia y reitera que para que el sujeto pueda emerger, las formas primarias de este vínculo deben surgir y  a la vez ser negado.  Su surgimiento es también su negación parcial. Entonces, el Yo solo puede existir negando esta dependencia inicial. Siguiendo su razonamiento Butler invoca a (Althusser. 1971.) en el ejemplo de la interpelación, aunque este pretende concluir que el sujeto es siempre ya sujeto en la medida que está preso de una determinación ideológica y en la interpelación autoritaria el sujeto que se reconoce cree que es autónomo al negar su dependencia inicial a aquel que lo interpela y al mismo proceso que lo produjo.

En esta compleja ilación de Althusser primero sostiene que, las ideas de un sujeto humano existen en sus actos, o deben existir en sus actos… nosotros – dice– hablaremos de actos insertos en la práctica y observaremos que estas prácticas están reguladas por rituales en los que aquellas se inscriben en el seno de la existencia material de un aparato ideológico, o incluso de una pequeña porción de este aparato: una pequeña misa en una iglesia, un entierro, un pequeño encuentro en una sociedad deportiva, una jornada de clase en una escuela, o un mitin de un partido político… Invocando a Pascal Althusser recuerda que éste dice: Arrodillaos, moved los labios de la plegaria y creeréis, esta enunciaciones concitan actos materiales insertos en prácticas materiales aunque sean expresadas en una modalidad diferente de materialidad, como por ejemplo ir a misa, hacer una genuflexión o el signo de la cruz.

Dos son los enunciados que propone el filósofo francés antes de entrar de lleno en el asunto de la Interpelación: 1.- Toda práctica tiene lugar por una ideología y bajo una ideología, y 2.- toda ideología se realiza por un sujeto y para un sujeto.

Es decir que solo hay ideología para sujetos concretos y, precisamente esa es la función de la ideología, construir sujetos concretos. De este modo para Althusser el hombre no solo es un animal gregario sino también un animal ideológico. Este no solo es creado por la ideología que sino a través de ella se evidencia un reconocimiento, como segunda función que ella ejecuta, frente a la otra cara de su antípoda la del desconocimiento.

Retomando a san Pablo dice que “es  el “logos”, a saber, en la ideología, donde tenemos el ser, el movimiento y la vida. Así para usted como para mí el sujeto es la primera evidencia como todas las evidencias comprendidas las que hacen que una palabra “designe una cosa” o “posea un significado” (incluidas por lo tanto las evidencias de la transparencia del lenguaje), esta “evidencia” de usted y yo somos sujetos- y el que esto no tenga problema- es un efecto ideológico, el efectos ideológico elemental. Ilustrando estas secuencias digamos de nuevo con (Althusser, 1971) que todos tenemos amigos que, cunado llaman nuestra puerta y respondemos desde dentro de la casa “Quien es” y responden “¡Soy Yo!”. Con esto reconocemos que “ella o él”, entonces reafirmamos que usted y yo somos ya y desde siempre individuos y sujetos, aunque el auto reconocimiento consciente como sujetos sea derivación de  la existencia  concreta.

Así desde la óptica de Althusser, toda ideología trata a los individuos concretos como sujetos concretos. En otras palabras toda ideología actúa como si reclutara a todos o “transforma” a todos por una operación muy precisa llamada para él interpelación. Unos individuos pasean, un parte de ellos oye la interpelación: “Eh usted” –o un silbato– de un policía y en 90% de los casos el individuo que van en él un grupo gira o se devuelve, sintiéndose aludido, interpelado, reconocido o creado como sujeto, esta situación no se da por secuencia sino que la existencia de la ideología y la interpelación de los individuos como sujetos es una y la misma cosa.                             

Resumimos entonces que la ideología como manera de concebir el mundo y actuar en él, según seamos autónomos o abyectos, dependientes o subordinados a un imaginario gravitado en normas que regulan comportamientos morales, políticos y culturales observamos como en Latinoamérica y particularmente en Colombia se impone la idea de que somos libres e iguales en política-(formal) y al mismo tiempo  se admite las desigualdades sociales y económicas en que seguimos sumidos como sujetos subalternos, cuando sería preferible formular una igualdad social y económica como punto de partida y omitiendo esto no se dan razones para analizar el por qué de esta contradicción fundamental, sino que se apela a la categoría de “los menos favorecidos”, como miembros de familia de clase más desventajosa a quienes sus dotes NATURALES le permiten, aquellos a quienes en el curso de su vida la suerte y la fortuna le resultaron adversas vivir menos bien (Dussel. 1998). Se enmascara la realidad socio económica con una pretendida argumentación naturalista, de corte social darwinista

La realidad nos dice que la  corrupción es connatural al el Estado en América Latina en sus distintas formas. Desde el centralismo, el presidencialismo, el clientelismo y gamonalismo que ejerce desde el poder de las oligarquías el control del poder ejecutivo sobre los órganos legislativo y judiciales concebidas en la práctica como prolongación del primero y la Democracia es de suyo una formalidad o entelequia (Cárdenas Rivera y  Díaz Chávez. 2011).

Para el caso que nos ocupa en la indagación de campo los ejemplos saltan a la vista en los casos de corrupción al elector, donde el aprovechamiento de la miseria y la falta de una educación política entre los ciudadanos de países como Colombia, con mayor énfasis en determinadas zonas, llamadas vulnerables en el mapa electoral histórico, por ejemplo, Costa Caribe, al encontrarse mayor número de inscritos, aptos para votar, que el número de ciudadanos que con mayoría de edad y con ese derecho como habitantes de la zona o el territorio en cuestión, al existir consuetudinariamente los llamados COMANDOS políticos que retienen cédulas y “amarran el voto”, comprándolo o canjeándolo por víveres, electrodomésticos, materiales para la construcción y a veces por cargos de menores rango en la administración pública.

*Colombia