• Caracas (Venezuela)

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Pablo Aure

Gira de despedida, con familia incluida

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Llegamos al comienzo del fin. Así como lo leen, es lo que se siente en el ambiente. El fin de un modelo que ya sabíamos que no podía durar más de lo que debía durar. Al caer los precios del petróleo era evidente que también caería el disfraz gubernamental. El engaño ya no les funcionará igual que antes en que por la abundancia podían embrujar a la gente; ahora cuando han destruido todo y poco les queda para seguir llenando sus alforjas, se les ha complicado el asunto.

Desde los tiempos de Pérez Jiménez, el antepenúltimo dictador, Venezuela no comenzaba un año con tanta incertidumbre. No tengo ninguna duda de que 2015 ha comenzado con peores pronósticos para el régimen que los que se vaticinaban contra Marcos Pérez Jiménez. Ya sabemos que él se fugó (sin renunciar) en la madrugada del 23 de enero del año 1958. Hubo menos agitación popular que la que hoy vemos en todas partes. No existía el Twitter, ni mensajería de texto ni mucho menos Facebook donde publicar fotos que de alguna manera pudieran contagiar a las diferentes zonas del país. No había escasez y la inflación era insignificante; los servicios públicos funcionaban y la delincuencia común era casi nula. Sin embargo, el pueblo se cansó del dictador corrupto, exigiendo mayores libertades e igualdad de oportunidades para todos. Luego, pasaron 40 años de aciertos y desaciertos, pero nadie puede negar que durante ese tiempo el país viviera grandes transformaciones. Los gobernantes de entonces supieron aprovechar las bondades del petróleo que a pesar del módico precio del barril se construyeron miles de kilómetros de carreteras, las mejores redes de hospitales y liceos públicos, las centrales hidro y termoeléctricas con las que hoy cuenta la nación. Mucho se construyó, luego vino la debacle.

Llegamos al período de Chávez bajo un engaño. Se prometió trabajar para los pobres y erradicar la corrupción, lo cual no se cumplió. Simultáneamente a la desaparición física de Hugo Chávez Frías también desaparecieron esas esperanzas que el intergaláctico había sembrado en los más necesitados. De igual manera iban a desaparecer si él se hubiese mantenido vivo, pero sin temor a equivocarme el encanto hubiese durado más.

 

La caída de un improvisado

La duración en el poder de los gobernantes que improvisan en las ejecutorias de sus mandatos siempre ha sido directamente proporcional a los recursos que tengan para comprar conciencias. En la actualidad, no solamente vemos a un gobernante que improvisa sino que no tiene las más mínima idea de economía, pero también, en el alto gobierno pulula la envidia, el golpismo y la corrupción.

Crean lo que escribo: los días de Maduro en el poder comenzaron a contarse aceleradamente desde el mismo momento en que bajaron los precios del petróleo. Me atrevo a decirlo de esa manera porque dentro de sus compañeros de partido no existen principios democráticos y ellos serán los que provocarán su salida y aunque en declaraciones a la prensa nieguen la existencia de colas, o el desabastecimiento, ellos, quienes traicionarán a Maduro, se aprovecharán de las personas que hoy las vemos hacer largas colas para encontrar alimentos. Y lo peor que le pasará a Nicolás Maduro es que el pueblo como en este momento tampoco tiene un arraigo hacia la institucionalidad democrática, se limitará a estar pendiente de quien le puede ofrecer solucionar sus problemas y aliviar sus necesidades. O sea, al común de la gente poco o nada le importa quién esté mandando, le interesa es satisfacer sus necesidades. Lo que quiere decir que, ni tirios ni troyanos saldrán en defensa de Nicolás, porque lo sienten responsable de lo que ocurre. Propios y extraños anhelan verlo fuera de Miraflores. He escuchado a gente chavista, aunque parezca absurdo, decir que María Gabriela Chávez no hubiese permitido llegar a estos extremos de escasez.

En lo particular pienso que ya muchos se estaban cansando de las mentiras de Chávez, pero lo idolatraban, no se atrevían a contradecirlo porque lo amaban. Con Maduro afloran sus decepciones hacia este sistema de gobierno que ha arruinado el país. No hay otro culpable distinto a Maduro por eso las encuestas reflejan su baja popularidad y ya no lo ven como uno de sus principales líderes.

A todas estas, ya se especula que hay sectores de la oposición conversando con los traidores de Maduro, para definir lo que puede ser una especie de transición. Dicho sea de paso, así como Maduro tiene sus traidores, de este lado no son pocos los que la practican. 

 

Sospechan la partida

La pareja presidencial sospecha que su permanencia en el poder está llegando a su fin. Ellos saben de dónde vienen y que llegaron en contra de la voluntad de muchos pero la decisión del líder fallecido no podía ser desobedecida. Lo impuso y lo acataron a regañadientes, pero se cumplió la voluntad del difunto. Me refiero a la pareja y no solo al presidente, porque ellos representan un binomio con clara influencia en un sector de lo que fue el “chavismo”. Cilia y Nicolás son quizá una porción del oficialismo, pero que se encuentran al acecho de sus camaradas. Paradójicamente pudiéramos decir que mientras más tiempo duren Cilia y Nicolás en Miraflores, serán menos las oportunidades para que el chavismo permanezca en la mente del pueblo. O sea, la lógica nos dice que a Maduro lo sacarán sus “compinches” en una suerte de mantenerse en la mantequilla. Porque en caso de tomar fuerza un movimiento social con credibilidad tanto popular como militar no habrá garantía que la misma rosca se mantenga haciendo negocios y seguir disfrutando el gran paso que dieron: de haber sido pobres de solemnidad pasaron a ser ricos y famosos.

Maduro y Cilia, se fueron de gira para dizque solicitar un préstamo de emergencia a fin de tratar de solventar la grave crisis económica. Su objetivo era China, pero salieron con las tablas en la cabeza. Los chinos no le aflojarán ni un dólar más a un régimen que ven desvanecido.

Apartando el poco interés que mostraron los chinos, hay que resaltar que Maduro se ha hecho acompañar en ese periplo no solamente por Cilia, sino por gran cantidad de familiares y allegados, lo cual contradice, una vez más, la reducción de los gastos suntuarios decretado en diciembre pasado. Las fotos que circulan por las redes sociales donde aparecen los familiares de Maduro, de sus amiguitos y amiguitas en Rusia, o en la Muralla China, son grotescas. Mientras la gente se mata por un paquete de pañales, de harina o de café, los niños de papá y de mamá (aquí si cabe esa frasecita)  disfrutan de lo lindo del dinero de todos los venezolanos; inclusive se aprecian con atuendos estrafalarios que no tengo dudas fueron comprados con dinero de la partida de la Presidencia de la República. Mayor repugnancia causa el hecho de que mientras ellos viajan y disfrutan de lujos inimaginables, a nuestros estudiantes que se encuentran en el exterior no les aprueban los dólares para mantenerse fuera del país.

Estos señores que llegaron al poder, se burlan del pueblo estrujándole en la cara sus derroches, lo que nos queda como consuelo es que quizá esta sea su última gira como pareja presidencial porque ya están de salida.

 

Semana crucial

Esta semana será crucial, muchas bolas se escuchan, pero la gente seguirá en las colas. El régimen continuará amenazando para intentar evitar las protestas o los reclamos sociales. No habrá amenaza que pueda silenciar el enorme descontento social. Ya no es la clase más pudiente la que alza su voz, sino los necesitados, quienes viven del día a día, los que no abarrotan sus despensas sino los que diariamente compran 300 gramos de mortadela, seis biscochos, cinco huevos y dos latas de sardinas para alimentar a su grupo familiar. A ellos no los atemorizarán porque están acostumbrados a los grandes desafíos. Esa gente siempre ha sentido muy de cerca la muerte, con el entendido que la inseguridad en las barriadas populares es peor que en las urbanizaciones. 

El vicepresidente de la República Jorge Arreaza ha lanzado una infeliz advertencia: “no se equivoquen porque en Ramo Verde hay bastantes celdas disponibles para quienes se atrevan a vulnerar la paz en Venezuela”. Esas declaraciones son infelices por múltiples razones. La primera, porque nuevamente confiesa que no hay democracia, es el Ejecutivo quien decide a quien meter preso y dónde recluir a los detenidos, la otra, porque jamás logrará amilanar a un pueblo hambriento. Quién puede negar que morir de mengua es peor que estar preso. Lo cierto de todo es que la mecha se consume a paso de vencedores.

 

@pabloaure